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Basura espacial: científicos argentinos crean una red para anticipar caídas de objetos que estaban en órbita

En los últimos cinco años, América Latina registró más reingresos de basura espacial que en los quince años anteriores combinados. Se trata de objetos espaciales desechados, producto de descartes de cohetes o de choques de objetos y satélites en órbita terrestre. Frente a este escenario, investigadores de la UNLP lanzaron el Proyecto MIRA, un sistema que se dedica a monitorear los restos de basura espacial.

Por Enrique Garabetyan7 min
Basura espacial: científicos argentinos crean una red para anticipar caídas de objetos que estaban en órbita
Basura espacial: científicos argentinos crean una red para anticipar caídas de objetos que estaban en órbita

En 1984, un objeto metálico grande y duro cayó en la localidad de Ayacucho, provincia de Buenos Aires. En 1991, pasó lo mismo en Capitán Bermúdez, Santa Fe. En 2004 fue San Roque, Corrientes. Y en 2025, casi simultáneamente, otros dos objetos no identificados aterrizaron en Armstrong (Santa Fe) y Puerto Tirol (Chaco). No eran meteoritos ni naves extraterrestres. Eran tanques de cohetes, fragmentos de satélites y otros restos metálicos de la actividad humana en el espacio. O sea, pedazos de basura que sobrevivieron al reingreso atmosférico y llegaron intactos, o casi, al suelo.

El fenómeno tiene nombre técnico -reingreso atmosférico no controlado- y una escala creciente, a caballo de la brusca aceleración de la actividad espacial en los últimos años. Esto también lo convirtió en una preocupación concreta para gobiernos, científicos y organismos de protección civil.

Por todo eso, un grupo interdisciplinario de expertos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) presentó el Proyecto de Monitoreo de Impactos y Reingresos Atmosféricos -MIRA-, un sistema que es pionero en América Latina. ¿Su misión? Detectar, rastrear y analizar objetos espaciales que reingresan a la atmósfera terrestre, para producir información útil, que sirva a la toma de decisiones y el diseño de políticas públicas sobre estos temas.

"La basura espacial dejó de ser una preocupación abstracta del sector aeroespacial para convertirse en un problema territorial concreto", le explicó a PERFIL el doctor Juan Cruz González Allonca, director del Centro Interdisciplinario de Estudios Espaciales (CIEE) y responsable general del proyecto.

El CIEE funciona en dependencias de la UNLP y, en forma conjunta, también está en la estructura de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). La idea de ambas instituciones es hacer despegar un ámbito de investigación que reúna a especialistas en derecho y política espacial, ingeniería aeroespacial, de materiales y ciencia de datos.

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“Lo que hacemos es recopilar, combinar y analizar información de objetos orbitales proveniente de bases de datos internacionales de agencias de EEUU. y Europa y aplicarles modelos propios de análisis y herramientas de visualización que nos permitan monitorear el fenómeno de la basura espacial, un problema que viene creciendo, crece año tras año”, agregó González Allonca.

Esta preocupación no es meramente teórica. Según los datos procesados por el equipo, en los últimos cinco años sobre países de América Latina reingresaron más objetos espaciales que durante los quince años previos combinados. Y hay casos recientes que fueron concienzudamente registrados en diversas localidades de Argentina, como los ocurridos en Viedma, Puerto Tirol y Armstrong. Esto refleja claramente que los restos de satélites y de cohetes caídos a la Tierra ya forman parte de una realidad en la región.

Para González Allonca, el tema clave ahora es “pasar de la observación pasiva a la anticipación de riesgos y a la generación de capacidades para mitigarlos”. Y trabajo no les va a faltar, ya que el crecimiento de la problemática está ligado a la explosión de la actividad espacial.

Como muestra basta el dato de que -en una década- la cantidad de satélites activos se multiplicó por nueve y actualmente hay más de 15 mil oficialmente dando vueltas a la Tierra a enormes velocidades. Otro hecho: la masa total de objetos espaciales ronda las 16.200 toneladas y se calcula que ya se supera el 1.2 millones de fragmentos de basura de entre uno y diez centímetros. Los radares de la Tierra han catalogado a los objetos mayores de diez centímetros y contaron hasta ahora unos 44.870, todos desplazándose a velocidades capaces de destruir satélites o generar nuevas colisiones y residuos.

“Si es cierto que la mayoría de estos objetos terminará desintegrándose por el calor de la fricción durante su reingreso atmosférico. Sin embargo, algunos componentes sobreviven a las altísimas temperaturas y alcanzan la superficie. Los casos documentados en distintos países muestran que pueden caer desde tanques de combustible y estructuras metálicas a otros elementos de tamaño considerable”, aseguró el experto.

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Según González Allonca, la enorme mayoría de los restos cae en océanos o zonas despobladas, pero el riesgo de que impacte en personas o en sus propiedades aumenta a medida que crece la cantidad de satélites y fragmentos.

Además, la preocupación no se limita a los impactos directos. Los investigadores también analizan posibles efectos sobre la atmósfera, las infraestructuras críticas y la futura gestión del tráfico espacial, un tema de agenda internacional.

MIRA busca precisamente aportar información para enfrentar esos desafíos. La plataforma incorpora herramientas de modelado orbital para estimar trayectorias, identificar zonas probables de impacto y emitir alertas sobre próximos reingresos. También ofrece estadísticas actualizadas, análisis regulatorios, material de divulgación y reportes periódicos sobre sostenibilidad espacial.

Uno de los aspectos distintivos del proyecto es que combina la mirada técnica con el análisis jurídico y político. La premisa es que comprender la dinámica física de los reingresos resulta indispensable para diseñar regulaciones, protocolos de actuación y mecanismos de cooperación internacional.

En ese sentido, los impulsores del sistema sostienen que América Latina necesita construir capacidades propias para comprender una problemática que hasta ahora dependía casi exclusivamente de información producida en Estados Unidos y Europa. El objetivo final es transformar datos dispersos en evidencia útil para gobiernos, agencias espaciales, operadores privados y organismos de emergencia.

Cada satélite fuera de servicio, etapa de cohete abandonada o fragmento generado por colisiones en el espacio permanece en órbita, desplazándose a velocidades cercanas a los 27 mil kilómetros por hora. Con el paso del tiempo, la gran mayoría se desintegra por efecto de la fricción y apenas deja un bonito rastro visible en formato “estrella fugaz”. Pero a veces, por su tamaño o por el ángulo de reingreso, estos desechos metálicos sobreviven y llegan a la superficie, donde pueden, eventualmente, causar daños.

Los registros recopilados por el Proyecto MIRA muestran que América Latina ya experimentó numerosos episodios de este tipo. Argentina figura entre los países con antecedentes documentados, con casos de caídas de restos satelitales en Ayacucho, Capitán Bermúdez, San Roque, Puerto Tirol y Armstrong. También se registraron eventos similares en Brasil, Perú y Uruguay.

Uno de los problemas frecuentes es la confusión inicial. En muchos casos, los reingresos son interpretados como meteoritos, fenómenos extraños o incluso presuntos avistamientos extraterrestres. Por eso, uno de los objetivos de MIRA es aportar información técnica verificable que permita identificar el origen de los objetos y evitar especulaciones.

Los especialistas reconocen que la probabilidad de que una persona resulte afectada sigue siendo extremadamente baja. Sin embargo, el crecimiento exponencial de la actividad espacial obliga a mejorar el monitoreo y la capacidad de respuesta. Es que cuanto más se utilice el espacio, más urgente es la necesidad de gestionar, correctamente, los residuos que se acumulan alrededor de la Tierra.

La dimensión jurídica del problema no es menor. Está vigente, desde 1972, un Tratado sobre Daños Causados por Objetos Espaciales, que establece que los Estados son responsables por los daños causados por sus objetos y Argentina es parte del tratado. En este sentido, el antecedente más citado es el del satélite soviético Cosmos 954, que en el año 1978 reingresó e impactó en una zona desértica en los bosques del norte de Canadá. El Cosmos 954 usaba combustible nuclear y contaminó una amplia zona. Esto obligó a la URSS a pagar una indemnización que cubrió los costos de limpieza. "Si se te cae un pedazo que rompe tu balcón o tu patio, podés reclamar por los daños. Pero es un tratado negociado en los años '60, cuando solo los Estados ponían cosas en el espacio. Ahora son empresas privadas, y eso complica todo", le dijo a PERFIL González Allonca.

Un ejemplo muy claro, de ficción interesante, es la película “Gravity”, que ilustra ese escenario de colisiones con bastante fidelidad.

Juega, además, otra dimensión ambiental: La combustión de esta basura espacial al reingresar libera aluminio y otros materiales en las capas altas de la atmósfera. Con el auge del lanzamiento masivo de satélites, esa acumulación de partículas en la estratosfera preocupa crecientemente a la comunidad científica por la posible fuente de contaminación . "No sabemos bien qué efecto puede causar en nuestra atmósfera. Es una región muy sensible", advirtió González Allonca.

Argentina no genera basura espacial en la escala de las grandes potencias, pero construye y opera satélites científicos. "Nosotros no tenemos la responsabilidad histórica por la contaminación de la órbita baja. Pero nos tenemos que preparar. Para eso está MIRA", concluyó el investigador.

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