"¿A quién le sirven los biocombustibles?"
El mayor beneficio fue siempre el incremento de la demanda de granos, que favorece a los productores. Imaginemos lo que hubiera pasado en el mercado del maíz, de soja y de caña de azúcar, si no hubiera existido esta nueva industria.

La nota de tapa de esta edición de Clarín Rural está dedicada al tema de los biocombustibles que vuelve a rodar a partir de un proyecto de ley presentado por la senadora Patricia Bullrich.
Es una gran noticia porque habíamos perdido el tren después de un arranque muy promisorio.Factotum de este proceso fue el contador Claudio Molina que se puso al hombro un tema del que sólo se hablaba en las páginas de Clarín Rural.
Recuerdo cuando a fines de los 90 Claudio se me presentó en una Expo diciéndome que quería bajar a tierra la idea de implementar una política de biocombustibles.
Había trabajado en una pequeña agroindustria del interior y veía la oportunidad.
Y lo había atrapado aquel “Ponga un choclo en su tanque” con que habíamos titulado la primera nota sobre el tema en este suplemento.
Luego vino “Ponga un poroto en su tanque”.Claudio “la vio”.
Armó una consultora con un par de amigos e incorporó a mi hijo Emiliano Huergo que estaba terminando sus estudios de ingeniería industrial.
La hago corta: redactó un proyecto de ley lo llevó al Congreso logró que lo hiciera suyo el senador rionegrino Luis Falco (UCR).
Extraño porque no era un hombre del sector pero fue el primero que lo entendió.Corolario: logró convencer a todo el Senado.
Fue votada hasta por Cristina Kirchner por entonces una senadora más.
El presidente de la Cámara era Daniel Scioli a la sazón vicepresidente de Néstor Kirchner.
El trámite en la Cámara Baja fue un poco más complejo hubo que hacer algunas concesiones pero finalmente se sancionó la ley 26093 cuyo principal objetivo era implantar el corte de la nafta con etanol y del gasoil con biodiesel.Claudio siguió operando ahora en el Ejecutivo.
Estuve en la Casa Rosada cuando Kichner acompañado por el ministro Julio de Vido y el secretario de la Presidencia Carlos Zannini promulgaron la ley.
El gobierno kirchnerista fue implacable con el agro pero hay que concederle el mérito de haber iniciado la saga de los biocombustibles en el país.
Y por eso el imperdible reportaje de Mauricio Bártoli en las páginas centrales de esta edición.La ley tenía fallas.
Exceso de intervencionismo en particular.
Después se fue desdibujando por incomprensión en unos casos y reacción de los presuntamente afectados.
En general el área de Energía quedó siempre reservada al viejo mundo del petróleo que veía en esto una amenaza (como en todo el mundo).
Y no logró una adhesión masiva en las huestes ruralistas que siempre lo vieron como un “negocio para otros”.Todo se fue desdibujando y la industria languideció.
Mientras tanto el mundo siguió avanzando.
En particular los dos grandes competidores de la Argentina en el mundo agrícola: Estados Unidos y Brasil.El mayor beneficio para el sector fue siempre el incremento de la demanda.
Y esto funcionaba a dos puntas: estaba muy bueno que los biocombustibles se introdujeran en la matriz energética en particular en el transporte.
Imaginemos lo que hubiera pasado en el mercado del maíz si no hubiera existido esta nueva industria que involucró una inversión de 20 mil millones de dólares en las 200 plantas que se erigieron en el Corn Belt.
Digieren hoy 150 millones de toneladas de maíz que es todo lo que creció la producción en los últimos 20 años.Lo mismo sucedió en Brasil.
Al principio se usaba solo la caña de azúcar ahora también el maíz donde se están moliendo 20 millones de toneladas un tercio de la producción argentina récord de este año.Todo eso sería imposible de digerir como grano por el mercado internacional.
Lo mismo sucede con el aceite de soja donde los tres países son los principales jugadores del mundo.Hay una oportunidad.
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