Una ingeniera química, un periodista y la idea de simplificar el mundo del skincare
Lifestyle, por Fernanda Bringas (muy_fer_) Producción general y Sol García Hamilton (solchugh) - Producción periodística.Martina acababa de volver de Europa y estaba terminando una maestría…

Lifestyle, por Fernanda Bringas (muy_fer_) Producción general y Sol García Hamilton (solchugh) - Producción periodística.
Martina acababa de volver de Europa y estaba terminando una maestría en ciencias cosméticas. Volvió con la cabeza llena de fórmulas, texturas y productos que todavía no encontraba con facilidad en Argentina. Gustavo venía de un mundo bastante diferente: es periodista deportivo de TN y pasa buena parte de sus días entre noticias, entrevistas y cámaras.
Antes de compartir una empresa, ya compartían una vida. Se casaron en Nueva York y, entre carreras que parecían avanzar por caminos completamente distintos, fueron encontrando también una forma de construir proyectos juntos.
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En las conversaciones que siguieron a aquel viaje empezó a tomar forma Maguen Blu, una marca argentina de skincare y maquillaje que terminó reuniendo esos dos universos. Martina aportó la mirada técnica de su formación en cosmética y Gustavo, su experiencia en comunicación para ayudar a construir y contar la identidad de la marca.
Pero la idea no nació solamente de las ganas de emprender. A los dos empezaba a hacerles ruido cómo el mundo beauty sumaba productos y pasos cada vez más rápido.
Doble limpieza, tónico, esencia, sérum, otro sérum, contorno de ojos, crema, aceite, protector solar. En pocos años, el skincare sumó pasos, activos y categorías a una velocidad difícil de seguir. Para Martina y Gustavo, la pandemia profundizó el interés por el cuidado de la piel, pero también instaló cierta sensación de que siempre faltaba agregar algo.
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"Empezó a generarse como un FOMO —un término popularizado en internet que refiere al miedo a quedarse afuera de una algo— y una adicción a agregar pasos en la rutina que eran totalmente innecesarios", explican.
Fue a partir de esa observación que comenzaron a pensar qué tipo de productos querían desarrollar. La idea era adaptarlos "a la vida de una persona real y no solamente a una persona que se hace una rutina en un video".
Eso no significa que una rutina corta funcione igual para todos. Puede tener tres productos o siete; lo importante es que cada paso responda a una necesidad real de la piel y no solamente a algo que vimos repetido en TikTok.
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Mientras estudiaba formulación cosmética, Martina también había empezado a prestar atención a productos que encontraba fuera del país y que desdibujaban la frontera tradicional entre skincare y maquillaje. Una crema podía hidratar y dejar luminosidad, una base podía tener una cobertura ligera y ser cómoda para usar todos los días, un producto con color podía incluir ingredientes que habitualmente asociamos al cuidado de la piel.
La idea de simplificar se entiende mejor cuando los productos dejan de mirarse por separado y se ordenan como una rutina. El primer paso es la limpieza, con una espuma pensada para retirar las impurezas acumuladas y preparar la piel para lo que sigue.
Después viene la hidratación. Para el día, o para esos momentos en los que queremos que la piel ya tenga algo de luz antes de empezar a maquillarnos, aparece la Crema Glow, uno de sus productos estrella. Su fórmula incorpora 1% de ácido hialurónico puro y perla de oro, que deja un efecto luminoso inmediato. Martina hace especial hincapié en que se trata de ácido hialurónico puro, es decir, que ese 1% corresponde al activo en sí y no simplemente a un ingrediente que lo contiene.
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Para la noche, o simplemente para esos días en que queremos una hidratante más clásica, está la crema Real Hydra. Su fórmula combina 2% de niacinamida, 1% de ácido hialurónico, proceramidas, manteca de karité y aceite de jojoba.
La niacinamida probablemente resulte familiar incluso para quienes no saben demasiado de ingredientes. Esta forma de la vitamina B3 se convirtió en uno de los activos más populares del skincare por su versatilidad. Puede acompañar la función de barrera y ayudar a mantener la hidratación de la piel, y también se ha estudiado su efecto sobre la producción de sebo.
Su textura, además, es liviana y se absorbe rápido. Un detalle nada menor cuando llega el calor y la humedad de Tucumán y la última cosa que queremos es sentir una crema pesada sobre la cara.
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Si queremos sumar algo de color, las Sun Drops pueden mezclarse con la hidratante habitual y utilizarse tanto en rostro como en cuerpo. Aportan un efecto bronceado instantáneo, así que funcionan especialmente bien en esta época del año para quienes quieren algo de tono sin recurrir a la exposición solar.
Después aparece la base de cobertura ligera con protección solar, pensada para unificar el tono sin tapar completamente la piel y mantener ese acabado natural. Y el último paso son los glosses, disponibles en tres tonos y formulados con vitamina E para sumar brillo y color mientras mantienen los labios hidratados.
No se trata de usar todo todos los días, sino de elegir qué tiene sentido según el momento, nuestra piel y, también, las ganas que tengamos de dedicarle tiempo a la rutina.
Para Gustavo, entrar al mundo del skincare y el maquillaje también implicó aprender un idioma nuevo. Viene del periodismo deportivo y reconoce que al principio el cambio fue un desafío, aunque encontró algo conocido en el proceso. Investigar, entender un tema rápidamente y encontrar la manera de comunicarlo forman parte de su trabajo desde hace años. Hoy dice que aquella curiosidad inicial fue bastante más lejos y se considera "un apasionado del skincare y el maquillaje".
Ese recorrido también terminó definiendo su lugar dentro de Maguen Blu. Además de trasladar herramientas del periodismo y la televisión a la comunicación de la marca, empezó a mostrarse usando los productos. La decisión acompaña algo que, según cuentan, vienen observando en sus ventas. El público masculino crece y suele acercarse primero a productos más amigables para incorporar a la rutina, como la espuma de limpieza y la crema hidratante.
Muchas veces, ese primer contacto empieza incluso en el baño de una pareja. "Me cuentan mucho que la espuma la usan directamente en la ducha", dice Gustavo. También escucha historias de hombres que empezaron probando los productos de sus novias y, con el tiempo, incorporaron algunos a su propia rutina. Por eso mostrar cómo los usa él también tiene la intención de correr la idea de que el cuidado de la piel pertenece exclusivamente al universo femenino.
Cuando les preguntamos si hubo un momento concreto en el que sintieron que algo había cambiado nos contaron que de la vez que se quedaron sin stock de uno de sus productos más vendidos. Habían hecho las cuentas y proyectado cuánto tiempo durarían las unidades disponibles. Sin embargo, empezaron a recibir compras de seis, siete y hasta diez cremas, muchas de ellas destinadas a regalos. Y entonces, el stock se terminó cinco meses antes de lo que habían calculado.
Para ellos fue una primera señal de que el proyecto estaba empezando a comportarse como una empresa. Pero después, hubo otra señal, quizás más linda que cualquier número: llegó en los mensajes de las clientas. Martina recuerda especialmente a mujeres mayores de 40 años que les contaban que nunca se habían maquillado o habían dejado de hacerlo porque les parecía complicado o porque no terminaban de sentirse cómodas con el resultado.
Ese dato habla también de algo que excede a una marca. Durante mucho tiempo, maquillarse implicó aprender a maquillarse. Saber qué iba primero, elegir herramientas, entender coberturas y conocer técnicas que para alguien que recién empieza pueden parecer otro idioma. Los productos intuitivos no solamente buscan ahorrar tiempo. También pueden hacer que entrar al mundo del maquillaje resulte menos intimidante.
Por otro lado, el crecimiento también los obligó a enfrentarse con una parte bastante menos visible del negocio. Hacer cosmética en Argentina implica tomar decisiones antes de saber exactamente cómo responderá el mercado. Las producciones mínimas son grandes y algunos activos y materias primas deben importarse. "No podés empezar con poca cantidad de cada producto, te tirás a la pileta de una", explica Martina.
Mientras la marca crecía, Martina y Gustavo seguían aprendiendo a resolver aquel desafío que habían anticipado incluso antes de tener un primer producto: trabajar juntos sin dejar de ser pareja.
Cuando vuelven a esas primeras conversaciones en el sillón de su casa, recuerdan los miedos que tenían entonces. "Nos diríamos que nos quedemos tranquilos", cuentan. "Si sale bien, te puede unir más que nunca".
Desde aquella noche pasaron muchas cosas. Llegaron los laboratorios, las fórmulas que hubo que probar una y otra vez, las primeras ventas, un stock que se terminó cinco meses antes de lo previsto y un periodista deportivo que, casi sin darse cuenta, terminó aprendiendo a hablar de cremas glow.
Maguen Blu nació de una idea de hacer un poco más fácil una rutina que se había vuelto cada vez más complicada. Y quizás puede ser por eso que su historia también termina volviendo a un lugar sencillo, el mismo donde empezó. A un sillón, una pareja y una pregunta que esa noche todavía no sabían hasta dónde los iba a llevar: "¿Y si lo hacemos?".
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