Teatro tucumano: una aparición divina falsa que genera un cambio profundo
Una versión actualizada de "He visto a Dios", obra reescrita por Fabián Bonilla y dirigida por Jorge de Lassaletta, llega al Centro Cultural Virla.

En 1930, Francisco Defilippis Novoa estrenó su grotesco "He visto a Dios", que pronto se transformó en uno de los textos más representativos del género.
"Su protagonista nunca ha sido perturbado por problemas trascendentes. Ha vivido su vida como él cree que era menester vivir: amontonando dinero para su hijo, única redención de su egoísmo. Pero una circunstancia inesperada lo golpea y empieza la tragicomedia del hombre que no se fijó más que en las cosas palpables del mundo. Pasa a creer místicamente en una farsa que los que le rodean urden para arrebatarle el fruto de sus pillerías. Cuando todo se descubre, la rabia y la vergüenza muerden su orgullo, pero la ascendencia mística reaparece en todo su espíritu", sintetizó el dramaturgo sobre su obra.
El texto vuelve a escena esta noche, desde las 21, en el auditorio del Centro Cultural Virla (25 de Mayo 265), en una adaptación especial de Fabián Bonilla dirigida por Jorge de Lassaletta, y con las actuaciones de Bruno Bonilla, Marcos Gallardini, Claudia Gutiérrez, Josefina Masmud, Verónica Robledo y Carolina Romero.
Fabián Bonilla rediseñó el perfil de los personajes, pero mantuvo las problemáticas centrales que los atraviesan como la pobreza, el engaño y la delincuencia. "Nuestra primera actualización fue tratar al texto como un ensayo, en el doble sentido: se plantea como momentos de 'preparación de la obra', como partes de ensayos teatrales con la intervención en escena del director, con actores y actrices representando momentos del trabajo teatral y otros en que se disuelve la cuarta pared y se asume una comunicación directa con el público. Y el otro sentido del ensayo es el literario: se lo analizó y criticó para buscar y encontrar nuevas interpretaciones, perspectivas y planos de apreciación", le explica a LA GACETA.
Los roles protagónicos pasaron de ser masculinos a femeninos para potenciar "una dramaturgia de tensiones entre mujeres, lo que lleva a acciones y reacciones enriquecidas por los vínculos y las particulares cosmovisiones", afirma. Asimismo, el italiano cocoliche original devino tonos de raíz boliviana, paraguaya o santiagueña, con un lenguaje que se aproxima más a lo que oye hoy.
Esos cambios generan "un principio de identidad y una excusa en la que se revela un grupo humano trabajando en pos del arte; mujeres y varones transformando el libro original, moldeándolo a la medida de nuevas generaciones en el proceso de conocerlo. Debatiéndolo, trasladándolo, variándolo, trasvistiéndolo, integrándolo a corporalidades actuales", advierte.
El adaptador señala que "la obra nos llegó literalmente desde el cielo, porque el libro efectivamente cayó sobre la cabeza de Jorge como un mensaje divino". A partir de esa circunstancia, negarse a montarla podría haber oficiado de desafío casi religioso.
De Lassaletta abordó la puesta "atravesando este texto nuevo con la realidad de un elenco independiente tucumano que trata de llevarlo en escena". "Pienso que su actualidad reside en su eficacia para fascinar al espectador provocando su hilaridad, y rápidamente llegando a un quiebre sentimental, lo que exhorta a la emoción y al llanto ante la condición humana", añade.
- Más allá de la modernización, hay un respeto a las ideas originales del autor inicial...
- Sí. De Filippis Novoa cuestiona la mirada materialista y mezquina de la sociedad contemporánea.
- ¿Su planteo sobre la búsqueda de la espiritualidad se aborda desde una nueva idea sobre lo religioso?
- Pienso que la nueva concepción de lo religioso en el autor es la igualdad ante el otro, pues concibe que cada uno es Dios.


- ¿Qué implicaría ver a Dios?
- En esta obra, implicaría la certeza que te da la fe. Justamente la obra destruye la posibilidad de una aparición en persona de Dios, sino que se concretaría a través de una búsqueda moral.
- Hay un regreso de los jóvenes a la religión, es una tendencia global, ¿lo registraste como un dato para tu propuesta?
- No tengo el conocimiento de un resurgimiento religioso en los jóvenes, pero es muy posible que haya este resurgimiento religioso con las cosas que pasan en el mundo.
- ¿Cómo inscribirías a Defilippis Novoa dentro de los grandes dramaturgos nacionales?
- Fue un escritor culto, de una visión vanguardista del simbolismo. Le tocó, junto con Discépolo, llevar a su más alta expresión al grotesco criollo.
- ¿Qué relación buscás lograr con el público?
- Esta obra es el material para convocar al público a participar del ritual del teatro. Queremos invitarlo a que presencie y se emocione con un relato, y también que participe de la gestación de la escena. Que se vea llevado a la emoción de la situación, pero que opere también en el espectador la distancia, el corte de la ficción en el proceso del ensayo para que se revele en él lo analítico, lo ideológico y lo moral de los personajes.
- ¿Por qué decidiste aparecer en escena?
- Esta puesta es una obra en construcción. Trabajo con los actores a partir de sí mismos desde la propuesta de ser un ensayo que permite la distancia anticlimática y la ficción ilusionista. Jugamos con el espacio de manera informal, sin escenografía convencional y los objetos mínimos. La interpretación es despojada, sin maquillaje, con ropa de ensayo y las máscaras de los personajes se contienen e internalizan dando hondura sicológica a las máscaras del grotesco.
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