Son de 7 de Abril, ayudan en su granja y sueñan con jugar en River
Ciro y Santiago Fogwill tienen 11 años, viven en 7 de Abril, ayudan a sus padres en un emprendimiento familiar y no se pierden un entrenamiento. Mientras sueñan con llegar a River, disfrutan de una infancia donde la pelota ocupa cada momento libre.

Apenas termina la escuela, Ciro y Santiago Fogwill ya saben cómo seguirá el día. Antes de ponerse los botines ayudan a alimentar las gallinas y los pollos que crían junto a sus padres en 7 de Abril, una localidad del este tucumano. Cuando terminan, cambian las botas de trabajo por los botines y salen rumbo al Club Atlético Honorio Barreto, donde Desde hace cinco años persiguen el mismo objetivo: algún día jugar en River Plate y, por qué no, vestir la camiseta de la Selección Argentina.
Los mellizos tienen 11 años y comparten casi todo: la escuela, el barrio, los amigos, las tareas en la granja y una pasión que ocupa cada momento libre. "Después de ayudar en casa, lo primero que hacemos es jugar a la pelota", dicen, casi al mismo tiempo. No esperan a que llegue el entrenamiento de los lunes, miércoles y viernes. Si aparece un rato libre, siempre hay lugar para un picado.
"Jugamos desde los seis años", recuerdan. Santiago juega de marcador central, con la camiseta número 2. Ciro es delantero, el 9 del equipo. Cada uno encontró su lugar dentro de la cancha, pero coinciden en algo mucho más importante: su mayor sueño es ser futbolistas profesionales.
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Su rutina empieza temprano. Se despiertan solos cada mañana, van en bici a la Escuela N° 57 de 7 de Abril, donde cursan sexto grado y, cuando vuelven a casa, colaboran con el emprendimiento familiar. "Nos levantamos, vamos a la escuela, después atendemos las gallinas, comemos, jugamos a la pelota y a la noche cenamos", resumen.
Sus padres, Cristina Díaz y Gastón Fogwill viven de la venta de pollos de granja, gallinas ponedoras y huevos. Entre todos sostienen el trabajo cotidiano. "Ellos siempre ayudan. Alimentan a los animales, hacen las tareas y después se van a entrenar. Si tienen un rato libre, agarran una pelota y salen a jugar", cuenta Cristina.
La familia está integrada por siete personas. Además de los mellizos, está Ramiro, el hermano mayor, que estudia Comunicación en la Facultad de Filosofía y Letras; alquila en San Miguel de Tucumán y cada vez que vuelve intenta acompañarlos. "Ellos viven pensando en el fútbol. Siempre buscan un rato para jugar, aunque sea con los amigos de la escuela", dice él.
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Uno de esos amigos es Santino. Cuando durante los recreos no aparece una pelota, los chicos improvisan una con bolsas y papel para seguir jugando. No es algo de todos los días, pero alcanza para demostrar que las ganas de jugar siempre encuentran la forma.
Ramiro reconoce que el sueño de sus hermanos también es un desafío para toda la familia. "Todos hacemos un esfuerzo grande para que puedan entrenar, que no les falte nada como botines, camisetas. Ojalá algún día tengan la posibilidad de probarse en un club más grande. Si puedo ayudarlos a que eso pase, lo voy a hacer", dice.
Cristina conoce bien esa realidad. "La mayoría acá vive de la municipalidad. Nosotros la luchamos con nuestro trabajo. Criamos pollos, tenemos gallinas ponedoras y vivimos de eso. Si no trabajás, acá no hay nada".
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En la familia nunca hubo discusión por los colores. Por eso, cuando les preguntan qué quieren hacer de grandes, la respuesta sale enseguida. "Quiero jugar en River", dice Santiago. "Yo también... o en la Selección", completa Ciro: "Queremos jugar en un club grande, ganar campeonatos y copas", dicen, con la misma ilusión con la que esperan el próximo entrenamiento.
El Mundial también ocupa buena parte de las conversaciones familiares. Los partidos los ven todos juntos y los dos tienen el mismo referente: Lionel Messi. Cuando les preguntan qué le dirían si lo tuvieran enfrente, la respuesta llega sin pensar: "Que quiero ser como él".
Mientras ese día llega, la vida sigue igual en 7 de Abril. Hay animales que alimentar, tareas para hacer, clases al día siguiente y entrenamientos por la tarde. Entre esas rutinas, Ciro y Santiago siguen persiguiendo un sueño. Uno que empieza cada vez que una pelota rueda por el patio de su casa o por la cancha del Club Atlético Honorio Barreto, y que ellos imaginan, algún día, vestido de rojo y blanco... o de celeste y blanco.
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