Se profundiza la crisis de empresas históricas: Frutafiel pidió concurso preventivo y Bodegas Bianchi despidió personal
La caída del consumo, el aumento de los costos y las dificultades para acceder al crédito golpean a compañías emblemáticas.

Resumen para apurados
La crisis que atraviesan distintas industrias argentinas sumó en las últimas horas dos nuevos capítulos con empresas de larga trayectoria. La entrerriana Frutafiel, con más de 70 años en el mercado, solicitó la apertura de un concurso preventivo de acreedores, mientras que la histórica Bodegas Bianchi confirmó despidos como parte de un proceso de reestructuración para hacer frente a una compleja situación financiera.
Aunque pertenecen a sectores diferentes, ambas compañías atribuyen sus dificultades a un escenario marcado por la retracción del consumo interno, el incremento de los costos operativos, las elevadas tasas de interés y las complicaciones para acceder al financiamiento, factores que también afectan a otras empresas de alimentos y bebidas.
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La empresa, con planta industrial en General Ramírez, presentó el concurso preventivo ante la Justicia de Paraná luego de reconocer que su situación económica se volvió insostenible durante los primeros meses de 2026.
En la documentación presentada, sostuvo que la inflación posterior a la pandemia redujo el poder adquisitivo de los consumidores y elevó significativamente los costos de producción, transporte y energía.
Además, explicó que no pudo trasladar esos incrementos a los precios finales sin perder competitividad en un mercado cada vez más deprimido.
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La caída de las ventas impactó especialmente en sus principales líneas de negocio, entre ellas aguas saborizadas, gaseosas, bebidas elaboradas con vino, cerveza y productos a base de aloe vera.
Los números reflejan la magnitud de la crisis. Frutafiel informó activos por poco más de $4.016 millones frente a pasivos cercanos a los $3.818 millones, con un patrimonio neto reducido.
A ello se suma un dato que preocupa: según registros del Banco Central, acumula 387 cheques rechazados por más de $1.085 millones.
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La empresa sostuvo que la cesación de pagos comenzó entre marzo y abril, cuando dejó de cumplir planes de facilidades de pago y empezaron a rechazarse cheques por falta de fondos.
Pese al complejo escenario, la compañía aseguró que considera viable su continuidad y apuesta a que el concurso preventivo le permita reorganizar sus obligaciones sin interrumpir la producción.
En Mendoza, la situación también se agravó para Bodegas Bianchi, una de las marcas históricas de la industria vitivinícola argentina.
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La empresa confirmó el despido de 17 trabajadores, además de ofrecer programas de retiro voluntario como parte de un plan para adecuar su estructura a las condiciones actuales del mercado.
La firma aseguró que la producción, las exportaciones y la actividad comercial continúan con normalidad, aunque reconoció que atraviesa un proceso integral de reorganización financiera.
Los registros del Banco Central muestran que Bodegas Bianchi acumula actualmente 205 cheques rechazados por $1.623 millones, de los cuales solo regularizó una pequeña parte.
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A ese panorama se suma una deuda bancaria superior a $17.000 millones, distribuida entre más de una decena de entidades financieras.
Como parte del plan para obtener liquidez, la empresa vendió una finca histórica en San Rafael, operación valuada en alrededor de 10 millones de dólares, y contrató consultoras especializadas para diseñar un esquema de reestructuración financiera.
El proceso también incluyó cambios en la conducción: en mayo dejó su cargo el entonces CEO, Pablo Glöggler.
La situación de Bodegas Bianchi no es un caso aislado. En los últimos meses también quedaron bajo presión otras firmas emblemáticas del sector vitivinícola.
La histórica Bodega Norton ingresó en concurso preventivo para reestructurar una deuda cercana a los 30 millones de dólares, mientras que Casa Montes también registró importantes problemas financieros y cientos de cheques rechazados.
En paralelo, distintas empresas de alimentos y bebidas enfrentan un escenario similar, con menores niveles de consumo, aumento de los costos energéticos y financieros y crecientes dificultades para sostener la cadena de pagos.
Tanto Frutafiel como Bodegas Bianchi coinciden en el diagnóstico: el consumo interno continúa debilitado y eso limita la posibilidad de recuperar rentabilidad.
A ese contexto se suman los altos costos de producción, el encarecimiento del crédito y la necesidad de reestructurar pasivos para evitar escenarios más críticos.
Los casos de ambas compañías reflejan el momento que atraviesan numerosos sectores de la industria argentina, donde empresas con décadas de historia buscan sostener la actividad mientras enfrentan un escenario económico cada vez más exigente.
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