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San Martín deberá encontrar nuevas respuestas cuando el plan inicial deje de funcionar

El equipo de Alejandro Orfila reaccionó con las variantes, aunque aún necesita fortalecer su funcionamiento cuando los rivales neutralizan sus principales argumentos.

Por Gonzalo Cabrera Terrazas4 min
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San Martín deberá encontrar nuevas respuestas cuando el plan inicial deje de funcionar
San Martín deberá encontrar nuevas respuestas cuando el plan inicial deje de funcionar

Resumen para apurados

La derrota frente a Temperley cortó el invicto de Alejandro Orfila, pero dejó mucho más que la bronca por un gol sufrido en la última jugada. Después de cuatro partidos al frente del equipo, el entrenador encontró por primera vez un rival que logró desactivar gran parte del funcionamiento que había mostrado San Martín desde su llegada. El "Gasolero" neutralizó los principales circuitos ofensivos del "Santo" y obligó al cuerpo técnico a modificar el plan sobre la marcha. La reacción del complemento evitó que el balance fuera completamente negativo, aunque también confirmó que todavía hay aspectos importantes por ajustar si el equipo pretende sostenerse en los puestos de protagonismo.

Temperley fue el primer rival que incomodó seriamente el plan inicial de Orfila. Presionó alto, cerró los caminos interiores y obligó a San Martín a jugar lejos del arco rival. El doble "5" integrado por Agustín Graneros y Santiago Briñone nunca logró controlar el ritmo del encuentro y perdió demasiadas pelotas en una zona determinante de la cancha. A partir de ahí, el equipo empezó a jugar apresurado y con pocas conexiones.

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A esa dificultad se sumó otro aspecto que el propio entrenador reconoció en conferencia de prensa. Gabriel Carabajal quedó demasiado adelantado durante buena parte del primer tiempo y eso dejó sin un enlace natural a los mediocampistas. Sin esa referencia para iniciar la circulación, Graneros y Briñone quedaron aislados y el equipo perdió fluidez. No fue un problema exclusivamente individual, sino un desajuste colectivo que Temperley supo aprovechar.

También hubo una consecuencia directa de esa presión. San Martín casi nunca logró recuperar la pelota en campo rival, una de las virtudes que había mostrado en los partidos anteriores. Cada pérdida obligaba a retroceder rápidamente y el equipo comenzaba los ataques demasiado lejos del arco. Así, Álvaro Veliez recibía sin espacios, Bruno Cabrera quedaba aislado por momentos y Diego Diellos debía pelear prácticamente en soledad contra los centrales.

El contexto también condicionó a Veliez, que nunca encontró espacios para explotar su velocidad, y a Cabrera, que recién pudo gravitar cuando San Martín adelantó sus líneas. Incluso Diellos debió disputar un partido completamente distinto al que proponía Luca Arfaras, luchando permanentemente de espaldas y con escasa compañía.

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El mérito de Orfila fue no quedarse aferrado al plan inicial. Los ingresos de Nicolás Castro, Matías García y el posterior paso al 3-4-3 modificaron el desarrollo. San Martín adelantó varios metros su posición, recuperó la pelota más cerca del área rival y encontró una circulación mucho más dinámica. Carabajal volvió a participar del juego, Cabrera ganó protagonismo y Temperley terminó defendiendo demasiado cerca de su arquero.

El cambio de sistema también permitió que los laterales y extremos encontraran mejores espacios para atacar. Con más presencia en campo rival y un mediocampo más dinámico, el equipo comenzó a generar situaciones con mayor frecuencia. Ya no dependía únicamente de una acción individual, sino que logró instalarse en terreno visitante durante buena parte del complemento.

El empate de Mauro Verón fue la consecuencia de ese crecimiento y también una muestra de que el banco de suplentes puede ofrecer soluciones. Sin embargo, la desatención que terminó en el 2 a 1 volvió a dejar en evidencia otro aspecto que Orfila deberá trabajar: la gestión de los momentos del partido. Después de conseguir la igualdad, el equipo quedó desordenado y pagó muy caro una jugada que mezcló un error propio con una posición adelantada que el asistente no advirtió.

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La derrota dejó una advertencia más que una sentencia. Temperley mostró que San Martín todavía puede sufrir cuando le bloquean a futbolistas como Carabajal, Veliez o Cabrera y lo obligan a encontrar otros caminos. Esa dependencia no significa que el equipo carezca de recursos, pero sí que todavía necesita ampliar sus variantes para no quedar atado a la inspiración de sus principales individualidades.

La buena noticia para el cuerpo técnico es que la respuesta apareció dentro del mismo partido. Los ingresos y el cambio de dibujo demostraron que el plantel cuenta con herramientas para modificar un desarrollo adverso. El desafío ahora será incorporar esas variantes al funcionamiento habitual, para que el equipo pueda adaptarse con mayor rapidez cuando el rival consiga bloquear su idea inicial y no dependa exclusivamente de un cambio táctico para reaccionar.

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