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Riesgo país en baja: qué puede cambiar para el bolsillo si se sostiene la mejora

Los analistas consultados por PERFIL coinciden en que no será fácil ver impacto directo en el corto plazo. Sin embargo, esperan cambios en algunas variables fundamentales como la inversión, el crédito y las tasas.

Por María Lorena Rodríguez9 min
Riesgo país en baja: qué puede cambiar para el bolsillo si se sostiene la mejora
Riesgo país en baja: qué puede cambiar para el bolsillo si se sostiene la mejora

El riesgo país argentino volvió a caer a 425 puntos básicos en las últimas horas y tocó niveles que no se veían desde 2018. La reacción fue inmediata en el mercado y se apreció la suba de los bonos al igual que un avance importantísimo de las acciones; al tiempo que mejoró notoriamente la lectura de los inversores sobre la deuda local. Sin embargo, detrás del dato financiero aparece una pregunta más concreta para el ciudadano de a pie: ¿Qué puede cambiar para la gente si Argentina logra sostener esta baja del índice que mide el JP Morgan?

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"La respuesta no es automática", aseguran los analistas consultados por PERFIL, en tanto un riesgo país más bajo no mejora de un día para el otro los salarios ni abarata la comida. Sin embargo, sí puede abrir una cadena de efectos sobre el crédito, las tasas, la inversión y el empleo. En otras palabras: es una buena noticia para el mercado, pero recién se transforma en una mejora para el bolsillo si logra derramar sobre la economía real.

Martín Polo, economista jefe de Cohen Aliados Financieros, indica que la baja del riesgo país "siempre es una buena noticia" porque deja a la economía argentina en una situación "mucho menos vulnerable".

El punto central, según explicó, es que un menor costo de financiamiento le permite al país enfrentar de otra manera sus necesidades externas. Cuando el riesgo país es alto, cualquier tensión suele resolverse con más ajuste, más presión cambiaria o mayores restricciones. En cambio, si el mercado vuelve a abrir una ventana de financiamiento, el Gobierno y las empresas pueden conseguir dólares a costos más razonables.

"El hecho de tener menor costo financiero permite que los ajustes que puedas tener en el frente externo no sean tan drásticos. Al tener una ventana de financiamiento, eso te puede dar los dólares necesarios", sostuvo Polo.

El economista remarcó que ese cambio también puede impactar sobre la inversión privada. Con tasas más bajas y menor percepción de riesgo, proyectos productivos que antes no cerraban pueden empezar a ser viables.

"Al bajar el costo de financiamiento, muchos proyectos productivos pueden llevarse a cabo, lo cual puede mejorar la inversión y dar ese círculo virtuoso para la actividad y el crecimiento en general", señaló.

De todos modos, Polo marcó un límite: la baja del riesgo país es una condición necesaria, pero no suficiente. Para que Argentina encare un proceso de inversión de largo plazo, la mejora debe sostenerse y combinarse con otras variables macroeconómicas.

"No es que con una sola variable desatás el nudo. Tienen que ser varias al mismo tiempo y de manera sostenida", explicó.

El primer efecto posible para la economía cotidiana no pasa por una mejora inmediata del salario, sino por una menor volatilidad. En un país donde los movimientos del dólar impactan sobre precios, expectativas y decisiones de consumo, una baja sostenida del riesgo país puede ayudar a reducir la presión cambiaria.

"En el corto plazo, los sueldos no van a mejorar porque baje el riesgo país, pero sí puede mejorar el nivel de empleo si empiezan a llegar inversiones productivas", planteó Polo.

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Ese canal es más lento, pero relevante: si hay más inversión, puede haber más empleo; si mejora el empleo, con el tiempo pueden recuperarse los salarios reales; y si los salarios reales mejoran, el consumo tiene más chances de sostenerse.

"Que mejore el empleo, a la larga, puede generar mejora de salarios reales, y la mejora de salarios reales permitiría sostener el consumo", agregó el economista de Cohen.

La clave, insistió, es que la baja no sea un movimiento aislado. Argentina tiene un problema histórico de volatilidad y eso pesa fuerte al momento de captar inversiones.

"El objetivo es que esta baja del riesgo país no sea un accidente, sino una tendencia de largo plazo que haga que Argentina sea un país menos volátil. La volatilidad es lo que más nos golpea a la hora de salir a captar inversiones", afirmó Polo.

Por su parte, también Federico Filippini, Head of Research de Adcap Grupo Financiero consideró que no se verá un cambio sustancial rápidamente en el bolsillo. "La caída del riesgo país difícilmente tenga un impacto inmediato sobre la vida de la gente. El impacto será más gradual, beneficiando primero las condiciones de financiamiento para el gobierno nacional y las provincias, y las empresas. Un ejemplo donde el menor costo de financiamiento puede ser fundamental en las concesiones de vialidad que el gobierno está otorgando, y pueden eventualmente motorizar la inversión en proyectos tangibles para la gente", comentó.

Paralelamente, Filippini aseguró que otro canal por el que impacta la baja del riesgo país es limitando la presión sobre el mercado cambiario. "Una mejora en la percepción de riesgo tiende a atraer capitales e inversiones financieras, aumentando la oferta de divisas y contribuyendo a una mayor estabilidad del dólar"; dijo.

Mariano Ricciardi, economista de BDI Inversores, coincide en que el impacto sobre la vida diaria no se ve de un día para el otro, pero puede ser el inicio de un proceso más amplio.

"La baja del riesgo país no se siente de un día para el otro en la billetera, pero sí puede ser el primer paso para que muchas cosas empiecen a cambiar", sostuvo.

Cuando baja el riesgo país, Argentina vuelve a ser vista como un país menos riesgoso para prestarle dinero. Eso mejora el precio de los bonos, reduce el costo de financiamiento del Estado y, si se sostiene en el tiempo, puede ayudar a que empresas, bancos y provincias consigan crédito más barato. Y ese es el canal que después puede llegar a la economía real.

"Más financiamiento, más inversión, más obras, más actividad y eventualmente mejores condiciones para el crédito privado. No es algo que se vaya a ver de forma instantánea en el bolsillo de la gente, pero es el puntapié inicial para comenzar un ciclo de crecimiento económico", explicó Ricciardi.

El punto es especialmente importante para empresas y familias. Si el riesgo país baja y la confianza mejora, los bancos pueden tener mejores condiciones para ofrecer crédito productivo, préstamos para pymes, financiamiento para bienes durables o incluso créditos hipotecarios a tasas más razonables.

Para Ricciardi, el impacto más importante para la gente común pasa por las consecuencias indirectas. La baja del riesgo país puede ayudar si viene acompañada de estabilidad cambiaria, acumulación de reservas, inflación en descenso y confianza.

En ese escenario, puede haber menos presión sobre el dólar, menor expectativa de devaluación y tasas más razonables. Todo eso influye sobre decisiones concretas: comprar un auto, financiar maquinaria, invertir en una pyme, tomar un crédito o planificar una obra.

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"Una baja aislada es una buena noticia financiera; una baja persistente puede transformarse en alivio concreto para el bolsillo", advirtió Ricciardi.

Por eso, el dato de 425 puntos es relevante, pero todavía no alcanza para cantar victoria. El mercado va a seguir mirando si el Banco Central acumula reservas, si la inflación continúa bajando, si el Gobierno sostiene el equilibrio fiscal y si Argentina logra despejar los vencimientos de deuda de los próximos años.

"Menos riesgo país no significa automáticamente más salario, pero sí mejora el clima para que el salario, el crédito y la inversión tengan más chances de recuperarse", resumió el economista de BDI Inversores.

La baja del riesgo país tiene un primer impacto visible en los activos financieros: suben los bonos, mejora la valuación de las acciones y crece el apetito por instrumentos argentinos. Pero para que esa mejora llegue a la calle, debe pasar por otro circuito.

Primero, el país necesita consolidar la confianza. Después, el menor riesgo debe traducirse en financiamiento más barato. Luego, ese financiamiento tiene que llegar a empresas, bancos y provincias. Recién ahí puede transformarse en inversión, empleo, crédito y consumo.

Ese camino puede demorar. Para la gente, el cambio no aparece mañana en el supermercado. Pero sí puede empezar a verse en una economía con menos saltos del dólar, más crédito disponible, más proyectos de inversión y mejores condiciones para que las empresas produzcan y contraten.

La baja del riesgo país, entonces, no es una solución en sí misma. Es una puerta que se abre. Que esa puerta lleve a una mejora concreta dependerá de que la Argentina logre sostener la estabilidad, acumular reservas, bajar la inflación y convertir la confianza financiera en crecimiento real.

En las últimas horas, el ministro de Economía Luis Caputo comentó en X su apreciación sobre la baja en la ponderación del riesgo país en los últimos días tras la mejora crediticia de un par de calificadoras de riesgo. En ese sentido, el ministro argumentó: "Las mejoras crediticias de Fitch y S&P son la consecuencia lógica de este nuevo orden, y el riesgo país está ajustando de manera acorde."

Para Caputo, "Desde que los bonos rendían 12 por ciento que varios analistas y gente de mercado repetían ese argumento (que había que salir al mercado para que termine de bajar el riesgo país), sin ninguna mala intención, pero pensando más en el pasado. Siempre expliqué lo mismo: cuando la macroeconomía está en orden, el paso del tiempo juega a favor, no en contra. Argentina es hoy un ejemplo de prudencia fiscal y monetaria", señaló el ministro.

Ayer, y pese al feriado local, los bonos globales soberanos se acoplaron al clima festivo que viene de Wall Street ante la posibilidad de que termine la guerra en medio oriente, lo que permitió ver mejoras de hasta el 0,9% en sus tramos largos, extendiendo el impulso de la semana pasada tras la mejora de la calificación crediticia del país. Como resultado directo, el riesgo país retrocedió hasta los 425 puntos básicos. En Nueva York, la dinámica global impactó de forma dispar en las acciones argentinas (ADR): el desplome del crudo hundió los papeles de YPF (-5,9%) y Vista Energy (-4,92%), mientras que el resto del panel local mostró un desempeño mayormente positivo, liderado por Corporación América (+6,2%), Edenor (+4,3%) y el sector bancario.

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