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Mientras un pueblo tucumano buscaba una pantalla para ver a Argentina, Abel Díaz eligió cerrar los ojos y escuchar el Mundial por radio

Tiene 75 años, vive en una casilla al final de un camino de tierra en Laguna de Robles y siguió la victoria de la Selección sobre Egipto como lo hizo durante gran parte de su vida: con una radio como única compañía. Escuchó el Mundial de 1978 mientras trabajaba en una finca y tod…

Por Benjamín Papaterra5 min
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Mientras un pueblo tucumano buscaba una pantalla para ver a Argentina, Abel Díaz eligió cerrar los ojos y escuchar el Mundial por radio
Mientras un pueblo tucumano buscaba una pantalla para ver a Argentina, Abel Díaz eligió cerrar los ojos y escuchar el Mundial por radio

Resumen para apurados

Para llegar a la casa de Abel Díaz hay que dejar atrás la pequeña plaza, la iglesia y las últimas viviendas de Laguna de Robles. El camino de tierra se va cerrando entre árboles y monte hasta desembocar en una pequeña casilla de un solo ambiente, donde el silencio parece imponerse sobre cualquier otro sonido. Allí vive desde hace más de 20 años este hombre de 75 que eligió una radio para seguir el Mundial, incluso cuando en otras casas del paraje ya hay televisores e internet.

Mientras Argentina enfrentaba a Egipto por los octavos de final del Mundial 2026, la escena era tan simple como poderosa. Sobre una mesa descansaba una pequeña radio. No había una pantalla encendida ni un celular buscando señal. Tampoco gritos de una multitud. Solamente el relato de un partido que Abel imaginaba jugada tras jugada. "Por radio. Siempre por radio", respondió cuando le preguntaron cómo seguía a la Selección.

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La transmisión comenzó a llenarlo de ilusión, aunque el primer golpe llegó demasiado rápido. Cuando Yasser Ibrahim anotó el primer gol, Abel lamentó el hecho, pero no perdió la fe. "Lo vamos a dar vuelta", repitió varias veces. Minutos más tarde volvió a hacer silencio cuando Lionel Messi erró el penal. Pero no perdió la fe. "Hay que seguir con fe", repetía mientras acomodaba la radio sobre la mesa.

Después llegaría la reacción argentina en el segundo tiempo, el sufrido triunfo por 3 a 2 y la clasificación a los cuartos de final. Recién entonces apareció una sonrisa. Para Abel, el Mundial volvió a demostrar que no hace falta una pantalla para emocionarse. "A mí me gusta tranquilo. Hay lugares donde todos gritan y eso no me gusta. Yo prefiero escucharlo solo", explicó. Escuchar el fútbol por radio no es una costumbre nueva. Es parte de una vida entera.

También sigue así los partidos de River y de San Martín de Tucumán. Dice que el relato le alcanza para imaginar cada jugada, cada atajada y cada gol. "Uno se imagina todo, y también reniego solo, ja, ja, ja", comentó.

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Su memoria futbolera viaja varias décadas hacia atrás. En 1978 trabajaba en una finca llamada El Bolsón. Eran tiempos de cosecha y las jornadas no se detenían porque jugara la Selección. Mientras algunos trabajadores encontraban unos minutos para acercarse a una radio, otros seguían trabajando hasta enterarse del resultado. "Algunos muchachos se escapaban para escuchar el partido", recordó.

Ocho años después también vivió el Mundial de México. Por eso no duda cuando aparece la comparación inevitable. Para él, Diego Maradona sigue ocupando un lugar que nadie pudo alcanzar. "Maradona fue mejor que Messi", afirmó sin titubear. Y enseguida explicó por qué.

"Era una persona más accesible, más comprensible. Qué lástima que ya no lo tenemos", indicó.

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Abel llegó a Laguna de Robles hace 64 años, pero vive de manera definitiva hace más de dos décadas. Antes vivía en otro paraje rural, pero terminó instalándose definitivamente allí junto con su familia. Desde entonces observó cómo el pueblo fue cambiando. "Cuando llegué no había ruta como ahora", recordó.

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La escuela ya funcionaba, aunque el paisaje era muy distinto y las comodidades eran muchas menos. "Solamente había ocho casas en ese momento", recordó. Sin embargo, algunas dificultades siguen formando parte de la vida cotidiana.

Una parte del paraje todavía enfrenta problemas con el abastecimiento de agua. Aunque muchos vecinos consideran que es una de las principales preocupaciones del lugar, Abel intenta mirar el problema desde otro lugar. Explicó que cuando se rompe la bomba del pozo o falla el sistema, un camión abastece los tanques de las familias. Lo que realmente lo inquieta ocurre cuando finaliza el ciclo lectivo.

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"La escuela necesita agua todos los días para el comedor y para la limpieza. Cuando no hay clases es más fácil organizarse, pero cuando los chicos están estudiando sí se complica", señaló.

También habló de los cortes de energía eléctrica. "Si no hay luz, tampoco funciona el pozo", resumió. Aun así, destaca la solidaridad entre los vecinos y el funcionamiento del sistema de salud cuando alguien necesita asistencia. "Acá siempre aparece alguien para ayudar", aseguró.

Lo que sí cree que debería mejorar es el transporte. Considera que muchas personas dependen del colectivo para viajar a consultas médicas o realizar trámites y que las frecuencias siguen siendo insuficientes para un pueblo como Laguna de Robles.

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Mientras conversa, la radio permanece inmóvil sobre la mesa. No es un recuerdo del pasado.

Es una compañera de todos los fines de semana, de cada partido de River, de San Martín y, sobre todo, de la Selección.

En tiempos donde el fútbol se consume en pantallas gigantes, celulares o aplicaciones, Abel sigue confiando en el poder de una voz que relata desde miles de kilómetros. Con ella sufrió el penal fallado por Messi. También el gol de Yasser Ibrahim que puso en ventaja a Egipto. Y con esa misma radio celebró la remontada que depositó a Argentina entre los ocho mejores del Mundial.

Antes de despedirse deja una última reflexión, tan sencilla como sincera. "Si se pierde, hay que aceptarlo", dijo. No habla solamente de fútbol. Habla alguien que escuchó el Mundial de 1978 trabajando en una finca, que vivió el de Maradona y que ahora, desde una casilla escondida al final de un camino de tierra en Laguna de Robles, sigue creyendo que una radio alcanza para viajar hasta cualquier estadio del mundo.

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