Mendoza regula el cannabis medicinal para animales y se transformó en la primera del país en autorizar su uso terapéutico
Aabre un nuevo escenario para veterinarios que ejercen clínica diaria. En Tucumán especialistas analizan cómo se utiliza en la actualidad y qué falta para avanzar con un marco legal.

Pacientes con dolor crónico de origen degenerativo articular, incluso dolor neuropático y oncológico, con epilepsia refractaria, disfunción cognitiva, fin de vida, secuelas neurológicas entre otras dolencias, ya reciben tratamientos con extractos completos de la planta de marihuana, Cannabis sativa L, en distintas partes del mundo, incluso en la Argentina desde hace más de 20 años.
Esa realidad dio un paso inédito a principios de junio, cuando Mendoza se convirtió en la primera provincia del país en crear un régimen específico para regular su utilización en medicina veterinaria. La medida, que quedó plasmada en una resolución ministerial -no en una ley-, abrió un debate que también comienza a instalarse en Tucumán.
"Queremos igualdad de condiciones, derechos y accesos. El humano en todo el país puede tener acceso a cannabis; queremos lo mismo en lo veterinario, basándonos en el concepto de una sola salud y sujetos de derechos", resume Guillermo Genta, médico veterinario mendocino y socio fundador de la Asociación Civil Veterinarios Cannábicos Argentinos (VCA), una organización que desde hace cinco años impulsa la regulación del uso terapéutico del cannabis en animales y fue pieza fundamental para que esa provincia logre ese avance.
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El sistema establece un doble registro: uno para veterinarios prescriptores (Remvep) y otro para cultivadores o entidades productivas (Reprovet), que regula la prescripción, el cultivo, la elaboración y el acceso a preparados con fines terapéuticos. También establece registros específicos para veterinarios y cultivadores, exige capacitación en medicina cannabinoide veterinaria, incorpora mecanismos de trazabilidad para seguir cada producto desde su origen hasta el paciente y crea un comité consultivo con participación de universidades, organismos científicos y entidades profesionales. Sin embargo, Genta aclara que el objetivo todavía no está del todo cumplido.
La resolución no surgió de un día para otro. Detrás hubo cinco años de trabajo de Veterinarios Cannábicos Argentinos, una asociación que nació para impulsar un marco legal que permitiera estudiar, capacitar y acompañar a los profesionales interesados en esta herramienta terapéutica. "Pasamos de ser una agrupación de médicos veterinarios a una Asociación Civil justamente buscando tener una personería jurídica para articular con entes del Estado, universidades y otros organismos", explica.
El veterinario sostiene que el principal obstáculo nunca fue científico, sino legal. Durante años, asegura, muchos colegas evitaron hablar públicamente del tema por temor a quedar expuestos a la Ley de Estupefacientes. "Somos los únicos que visibilizamos el uso de la planta entera porque con la ausencia de marco legal nadie habla por miedo a tener una infracción sobre la ley de estupefacientes", afirma.
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Esa situación, agrega, no significa que la práctica no existiera. "Yo sé que en Tucumán hay colegas que usan la planta, pero no lo exponen libremente por tener miedo. Y así pasa en toda la Argentina", sostiene.
Para el especialista, el régimen mendocino no habilita una práctica inexistente, sino que busca ordenar una realidad que ya estaba presente. De hecho, después de la aprobación de la resolución comenzaron a comunicarse con la asociación profesionales de Buenos Aires, Córdoba, San Juan, San Luis, Neuquén y Río Negro interesados en impulsar iniciativas similares.
Mientras Mendoza avanzó con un régimen específico, Tucumán todavía no cuenta con una normativa provincial para el uso veterinario del cannabis. Sin embargo, investigadores y docentes universitarios coinciden en que la evidencia científica comenzó a crecer en determinadas patologías y que el desafío pasa por generar más investigación, protocolos y reglas claras.
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El doctor en Biología FedericoBonilla, docente de la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia de la UNT y diplomado en cannabis medicinal, explica que la base de estas investigaciones está en un sistema biológico compartido por todos los vertebrados. "Tenemos un sistema endocannabinoide que lamentablemente no se lo enseña en las facultades. Lo tiene un perro, un gato, un caballo, una vaca y también nosotros", señala. Ese sistema participa en funciones como el sueño, el apetito, el humor y el mantenimiento del equilibrio del organismo, lo que abrió la puerta al estudio de los cannabinoides tanto en medicina humana como veterinaria.
Bonilla considera que uno de los principales desafíos sigue siendo la regulación. "El problema con los animales es que ellos no pueden cultivar su propia medicina. Por ahora existe un Reprocann para pacientes humanos, pero lo muy bueno de Mendoza es que van a poder cultivar para hacer tratamientos en animales", explica. A su entender, esa decisión también puede impulsar el desarrollo científico. "Hace falta legislación para investigar un poco más", resume.
Esa mirada es compartida por la decana de la Facultad de Agronomía, Zootecnia y Veterinaria de la UNT, Susana del Valle Monserrat, y por la directora ejecutiva del Hospital Escuela de Veterinaria, Laura Rivero. Ambas remarcan que el cannabis debe abordarse como cualquier otro medicamento. "Es un medicamento fitoterápico y, como tal, su prescripción debe ser indicada por un veterinario capacitado para realizar un correcto tratamiento y seguimiento", explican. También aclaran que, en la práctica, suele utilizarse como complemento de otras terapias y no como reemplazo de los tratamientos convencionales. Su seguridad, agregan, depende de la capacitación profesional, del estado clínico del paciente y de la calidad del producto utilizado.
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Las especialistas confirman que en Tucumán ya existen veterinarios que recurren a esta alternativa en perros y gatos. Además, revelan que el Hospital Escuela de Veterinaria trabaja en un convenio con una empresa privada para desarrollar investigaciones sobre medicina cannabinoide en perros de distintos tamaños.
Para ambas, la experiencia cuyana puede transformarse en un modelo para otras provincias. "Consideramos que lo que hizo Mendoza con la creación del Reprovet es histórico y debería replicarse en Tucumán y en todo el país", sostienen. A su entender, una regulación permitiría proteger a los profesionales, garantizar productos controlados y facilitar el desarrollo de investigaciones con protocolos estandarizados.
El camino, sin embargo, apenas empieza. Mientras Mendoza intenta transformar su resolución en una ley, en el resto del país el debate comienza a instalarse entre investigadores, veterinarios y universidades. Como resume Giunta, el objetivo ahora es otro: "Queremos que el cannabis sea federal, que tengan acceso a todo el país".
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