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María Belén Alemán: "Publicar poesía hoy es casi un acto de coraje"

La poeta y escritora salteña presenta Memorias del instante, un libro que convierte lo fugaz en memoria y explora los vínculos entre el cuerpo, el paisaje, el silencio y la palabra. En esta entrevista habla de poesía, literatura infantil, injusticia, naturaleza y del trabajo detrás de cada verso.

Por Daniel Medina13 min
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María Belén Alemán: “Publicar poesía hoy es casi un acto de coraje”
María Belén Alemán: “Publicar poesía hoy es casi un acto de coraje”

Resumen para apurados

Hay una idea que atraviesa Memorias del instante, el nuevo libro de María Belén Alemán: aquello que parece destinado a desaparecer puede encontrar otra forma de permanencia en la palabra. Un abrazo, un paisaje, una pérdida, una injusticia, una escena cotidiana. El poema aparece allí como refugio, pero también como una manera de mirar y de escuchar aquello que la velocidad de la vida suele dejar fuera de foco.

Nacida en Buenos Aires en 1960 y radicada en Salta desde los trece años, Alemán construyó una extensa trayectoria como poeta, narradora y promotora de la lectura. Profesora en Letras, publicó poesía, narrativa y literatura infantil, y recibió numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Accésit de Pro Cultura Salta por Poemas para leer sin voz/s, el Primer Premio de Poesía para Autores Editos de la Dirección General de Cultura de la Provincia por Detrás de los silencios y distinciones por su literatura destinada a niños y jóvenes.

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Sus textos integraron diversas antologías y publicaciones colectivas, y junto a otras escritoras participó de la edición de las "Hojas de poesía", de distribución gratuita.

En Memorias del instante, la escritora vuelve sobre algunas de las preguntas que acompañan su obra: qué hacemos con aquello que se pierde, cómo se transforma una experiencia en escritura y qué lugar conserva la poesía en una época dominada por la velocidad y las pantallas. "Estamos hechos de instantes", dice. Y en esa frase parece condensarse una de las claves de su libro: la escritura como una forma de detener lo fugaz sin quitarle su naturaleza de instante.

Alemán también reivindica el silencio como parte esencial del poema y entiende la poesía como una forma de resistencia frente a la indiferencia. Para ella, escribir no significa ofrecer respuestas definitivas, sino abrir preguntas. "La literatura genera preguntas", sostiene, porque la vida misma es una interrogación permanente.

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En esta conversación, María Belén Alemán habla sobre Memorias del instante, la relación entre paisaje y condición humana, el oficio de corregir un poema, la literatura para niños, sus lecturas y esa necesidad de seguir escribiendo incluso cuando publicar poesía puede parecer, como ella misma afirma, "casi un acto de coraje".

El libro se titula Memorias del instante. ¿Cómo se transforma un instante, que por definición es fugaz, en memoria y en poema?

Parece una contradicción, pero no. Muchas veces quisiéramos que ciertos instantes, ciertas vivencias fueran eternas. Al nombrarlas, al cobijarlas en nuestro interior y hacerlas poema se vuelven memoria y viceversa.  Estamos hechos de instantes. Lo fugaz también se habita como ciertos abrazos, un atardecer, un viaje, una anécdota entre amigos, familia, un dolor, una palabra, una injusticia y todo se vuelve memoria viva en la escritura y el recuerdo. Esos instantes dejan de ser ajenos para volverse experiencia íntima. La memoria rescata la emoción, le da refugio y cuando es propicio le da voz, en mi caso, a través del poema. Fugacidad que se eterniza en la escritura y la memoria. Desde la paradoja poética, se intenta resguardar lo que ya fue, pero sigue siendo en cada uno.En la contratapa aparece una idea muy potente: "el cuerpo es territorio y la palabra es ofrenda". ¿Cómo dialogan esas dos imágenes dentro del libro?

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Es que nuestro cuerpo no es solo una entidad biológica. Es un "territorio" donde lo físico, lo espiritual, lo emocional se conjugan para tejer un tapiz que va más allá de la corporidad. Nos atraviesan angustias, heridas, alegrías, experiencias que dejan huellas en la piel, en la mirada, en los gestos, pero también profundas huellas internas y a través de la palabra damos cuenta de esas señales, decimos la condición humana. La palabra es ofrenda porque el poeta la entrega al lector sin concesiones. Cada lector se apropia del poema y lo transforma desde la intimidad de su lectura. Poesía de cuerpo a cuerpo, de alma a alma. En todo poema hay una relación de reciprocidad, hay algo de sagrado, de donación y entrega.

Hay una presencia muy fuerte de la naturaleza —el viento de agosto, el picaflor, la siesta, el molle, la lluvia—. ¿Es un paisaje contemplado o un paisaje que habla de la condición humana?

Diría que ambos tipos de paisajes están presentes. Si mirás la naturaleza o el paisaje (que no son lo mismo) con ojos de asombro, si te dejás envolver por ella lejos de los apuros cotidianos, podrás disfrutar esta tierra hermosa como el gozante de Manuel J. Castilla. Vivimos en una vorágine tal, el mundo virtual y cibernético es tan invasivo y dominante que pocas veces nos damos el tiempo para entablar una relación más empática con la naturaleza. En Salta la naturaleza está ahícito nomás, no hace falta irse lejos para disfrutar de cerros y quebradas, de ríos y tarcos en flor. Un jardín o las calles del barrio, son un micromundo grandioso por descubrir. Pero también la naturaleza o el paisaje son en mi poesía metáfora y símbolo de la condición humana. La furia de un temporal, la serenidad de un atardecer, la semilla que crece, la enredadera que sobrevive gracias al árbol, el río que encuentra o pierde su cauce, el viento de agosto, entre otros muchos ejemplos, son imágenes que permiten un paralelismo con la vida humana. Suelo ir de trekking con un grupo que guía mi hija, y en ese andar – a veces cuesta arriba – descubrís tu fortaleza para seguir más allá del cansancio, aceptar los desafíos, vencer miedos, momentos incómodos, aventurarte y seguir. Un meterse en las profundidades del ser humano también. Naturaleza y paisaje se contemplan, se admiran, pero también son herramientas para hablar de la condición humana.

En tus palabras decís que estos poemas son "voz serena, a veces, grito y denuncia". ¿Qué puede hacer hoy la poesía frente a la injusticia? ¿Alcanza con nombrarla?

Seguramente que nombrarla no es suficiente, pero permite despertar conciencia. No podemos quedarnos callados ante la injusticia. La poesía, la literatura, el arte colaboran a sacudir la indiferencia. Pero para que siga siendo poesía, no debe descuidarse el lenguaje poético y su inteción, sino se tornaría en algo panfletario y ya la misión sería otra. El artista nombra, grita o denuncia porque es sensibilidad que se compromete con su tiempo, con su gente y consigo mismo. Callar no está en la naturaleza del artista.

La memoria suele asociarse a los grandes acontecimientos, pero en este libro parece construirse a partir de gestos mínimos. ¿Hay una decisión de rescatar aquello que normalmente pasa desapercibido?

No siempre la decisión de decir está antes que el poema. A veces surge la escritura por una necesidad y al releer el poema te das cuenta qué tenías atragantado y necesitaba salir. Otras veces, sí, hay una decisión más consciente. En lo simple, en ciertas rutinas y objetos está también la historia personal y colectiva, no sólo en los grandes acontecimientos históricos. Valorar lo pequeño y cercano se ha tornado ya necesario, poner el foco en lo que tenemos, no en lo que nos falta y saber agradecer. Es una filosofía de vida. Pero también, en el apartado Intemperies denuncio acontecimientos tan desvastadores y crueles como las guerras. Aunque se libren muy lejos, son un cataclismo inhumano que no podemos avalar ni silenciar. Se construye memoria desde ese dolor inmenso y desde los gestos mínimos que constituyen nuestra cotidianeidad.

Vivís en Salta desde la adolescencia y gran parte de tu obra dialoga con este territorio. ¿Qué tiene el paisaje salteño que sigue apareciendo, una y otra vez, en tu escritura?

No sé si este territorio aparece tanto en mi obra. En la novela Hasta volvernos a encontrar, sí, sin embargo, los cuentos sobre inmigrantes y refugiados de El mar de las libélulas, salvo uno, no transcurren en Salta. Casi ninguno de mis cuentos infantiles transcurre en escenarios salteños. Alguien me ha dicho que mi poesía es existencialista y universal, por ponerle algún calificativo. Si hay pinceladas de Salta en mis libros es porque, lógicamente, el lugar donde uno vive se mete hasta en los poros. Yo aprendí a querer esta tierra a la que me trajeron mis padres en plena adolescencia con todos los duelos que eso implicó en su momento, pero amo esta provincia. Aquí vivo desde mis casi catorce años, entonces, sus olores, colores, texturas, su idiosincrasia, su gente no pueden serme ajenos.

Después de varios libros de poesía, novelas y literatura infantil, ¿sentís que cada nuevo libro responde preguntas anteriores o que abre otras completamente nuevas?

Creo que cada libro surge de una necesidad y un deseo de decir algo que puede ser nuevo o repetir obsesiones y constantes del escritor. Pero yo no escribo para dar respuestas. La literatura genera preguntas. Pueden ser preguntas antiguas, que cada tanto me rondan o nuevas porque la vida es una interrogación permanente donde hay pocas certezas y mucho por descubrir.

Muchos de tus poemas parecen escritos desde la escucha más que desde la afirmación. ¿La poesía comienza observando el mundo o escuchándose a uno mismo?

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Interesante pregunta. Para mí la conjunción "o" no correspondería, sería la "y". Es decir: la poesía observa el mundo y permite escucharse a uno mismo. No son acciones excluyentes. Escribir desde la pura afirmación sería escribir desde la verdad plena, desde la autoridad y yo no tengo tantas certezas ni la última verdad. Prefiero el verbo "escuchar" que implica empatía, oídos dispuestos, conexión con uno mismo y el otro y lo más difícil: capacidad para silenciarse. El poeta es un gran observador tanto del afuera como de su interior y ambos se funden, son reverberancia en el poema.Trabajás desde hace años promoviendo la lectura entre niños y jóvenes. ¿Esa experiencia modifica tu propia escritura o conseguís mantener separados esos dos mundos?

La literatura es una sola, sea para adultos o para niños. Como dice Ma. Teresa Andruetto: "literatura sin adjetivos". La única diferencia es tu público lector, pero se escribe desde el mismo lugar de respeto y compromiso, de pasión y urgencia.  Cuando empiezo a escribir es porque algo está luchando por salir, luego veo si salió un poema, un cuento, si será para niños o adultos. Promover la lectura entre niños y jóvenes más que modificar mi escritura me ha modificado a mí en el sentido de valorizar la literatura en la infancia, la necesidad de contribuir a lograr una sociedad más lectora. Yo empecé escribiendo poesía para adultos y siempre di clases a adolescentes y mayores, en el devenir, casi fortuitamente me acerqué a la escuela primaria y me di cuenta de lo importancia de fomentar la lectura entre docentes y niños. En su momento hubo quien me dijo que eso era una tarea menor, ¡qué ignorancia! Los niños tienen derecho a que se les lea, a viajar por mundos extraños y vivir mil aventuras a través de las historias, a cantar y jugar con rimas, a zambullirse en el maravilloso mundo de la literatura que lo ayuda a poner en orden "su casa interior" y a entender un poco más el mundo y a todo lo que les pasa mientras van creciendo. Libros que son refugio, cobijo, arrullo. Formar niños y jóvenes lectores contribuye a lograr una sociedad más creativa y crítica. Disfruto mucho escribiendo para niños, se respira otros aires, aunque el tema que se aborde sea complejo. No son mundos separados para mí, son complementarios y enriquecedores.

Vivimos en una época de velocidad, pantallas y consumo inmediato. Publicar un libro que invita a detenerse en un instante parece ir a contramano. ¿La poesía sigue siendo una forma de resistencia?

Sí, totalmente de acuerdo, la poesía es una forma de resistencia, da voz a muchos olvidados. La palabra y el arte permiten trascender tiempos y espacios para testimoniar injusticias, la textura de una época, dolores individuales y colectivos...En una época de velocidad y pantallas, la poesía llama a una lectura pausada, meditada, al silencio, a adentrarse en uno mismo. Sabemos que los lectores de poesía son pocos, pero un poeta no busca ser éxito de ventas ni responder al mercado, por eso su palabra crece libre, no responde a autoridades externas. Publicar poesía hoy, es casi un acto de coraje, pero hay que seguir intentando el encuentro entre almas sensibles o de sensibilizar al ser humano a través de la poesía y el arte.

En el libro aparecen las raíces, los afectos y también la pérdida. ¿La escritura sirve para conservar aquello que el tiempo inevitablemente transforma?

Obviamente. Como lo dice el título del libro, la escritura permite guardar en la memoria los instantes fugaces, permite conservar recuerdos de tiempos ya idos, permite que esos recuerdos sean un refugio al que acudir cuando llega la nostalgia.

¿Qué lugar ocupa el silencio en tu proceso creativo? Muchas veces un poema parece decir tanto por lo que calla como por lo que enuncia.

El silencio es fundamental en un poema. Como vos decís, es tan importante lo que se dice como lo que no se dice, lo que está latente en lo profundo y se sugiere. Por eso, los espacios en blanco y la ubicación del verso en el poema son tan significativos, dicen mucho, son pistas de lectura. Hay que saber renunciar a las palabras y saber escuchar el silencio.Desde otro punto de vista, necesito el silencio para escribir. El silencio me permite escuchar la voz de los personajes, identificar sus tonos, cada registro si es narrativa. Y si escribo poesía, el silencio me permite una introspección más honda, un encuentro íntimo y profundo con mi ser, con mi decir.Hay lectores que buscan entender un poema y otros que prefieren dejarse atravesar por él. ¿Cómo imaginás el encuentro entre tus textos y quien los lee?

Que cada lector lea con total libertad, no hay que imponer reglas lectoras. Si quiere empezar de atrás para adelante, saltearse poemas, todo es válido. Cada uno lee desde su experiencia, sus vivencias, su momento. Sólo anhelo que quien lea alguno de mis libros encuentre alguna frase, algún verso que lo conmueva. Como dijo Roberto Juarroz, "todos tenemos algo que decir que merece la pena ser celebrado o perdonado."

Después de escribir Memorias del instante, ¿sentís que quedó algo importante sin decir o todo libro necesita dejar zonas abiertas para el próximo?

Mejor que deje zonas abiertas para el próximo libro y para los lectores.

¿Qué poetas te acompañaron durante la escritura de este libro, aunque no estén visibles en los poemas?

Siempre me acompañan muchos poetas. Leo y releo poesía constantemente. Últimamente estuve releyendo a Idea Vilariño, Pizarnik, Juan Gelman, Gioconda Belli, Thenon, Lispector, May Sarton, Orozco, por nombrar algunos.

¿Reescribís mucho o confiás en la primera intuición del poema?

Corrijo mucho, muchísimo. Dejo reposar el poema o el cuento un tiempo y releeo buscando el ritmo justo, la palabra que se adecue más a lo que quiero expresar. Dejo que la primera escritura fluya, no le pongo prohibiciónes, pero para mí, siempre un borrador. El trabajo de corrección es largo.

¿Cuándo sabés que un poema está terminado?

¡¡¡No sé si alguna vez está terminado!!! A veces releo algo mío ya publicado y me doy cuenta de que podría haber cambiado una palabra, un signo de puntuación, una ubicación del verso. Pero bueno, llega un momento que ahí sí, la intuición te dice que ya está, que lo soltés y, entonces, lo dejo ir.

¿Qué diferencias encontrás entre escribir poesía y narrativa? ¿Qué cosas puede decir un poema que una novela no?

En la poesía está el poeta casi al desnudo, diciéndose desde lo más profundo y descarnado. Hay un "estado de poesía", un estar en la poesía desde las honduras del ser. Por otro lado, la escritura de un poema es rápida, se escribe en pocos minutos, aunque su revisión lleve muchos días. En cambio, la narrativa tiene otros tiempos de escritura. Si es una novela, es de largo aliento y hay que planificar la trama, darle identidad a cada personaje, elegir escenarios, tiempos, etc. Son dos modos de escribir diferentes, dos disposiciones distintas.

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