Los gatos no agravan el asma infantil ni aumentan las crisis respiratorias, afirma una investigación realizada en 30.000 niños
El estudio no ha encontrado diferencias relevantes en la gravedad o el control del asma entre quienes compartían casa con gatos y quienes no lo hacían

Un estudio realizado por el Instituto Karolinska de Suecia ha descartado que la convivencia con gatos agrave el asma en la infancia, según una investigación realizada en 30.000 niños y publicada en la revista Frontiers in Allergy.
La conclusión rompe con la percepción extendida de que los animales domésticos, en particular los felinos, podrían aumentar las crisis asmáticas entre los más pequeños.
En este estudio, los investigadores siguieron durante dos años a menores diagnosticados con asma o alergia respiratoria, analizando su evolución clínica y la relación con la presencia de gatos en el hogar.
No se hallaron diferencias relevantes en la gravedad o el control del asma entre quienes compartían casa con gatos y quienes no lo hacían.
La principal conclusión del trabajo es que la exposición a gatos domésticos no modificó ni la frecuencia ni la severidad de las crisis asmáticas.
Tampoco se detectaron variaciones en los parámetros pulmonares evaluados mediante espirometría.
En otras palabras, convivir con estos animales no incrementó el riesgo de episodios graves de asma, según los datos recogidos en la cohorte nacional sueca.
“En este estudio, realizado en una cohorte nacional de niños suecos con asma y alergias, demostramos que los niños que conviven con un gato presentan una gravedad del asma, una exacerbación, un control del asma y una función pulmonar similares a los de los niños que no viven con gatos a corto plazo”, señala el doctor Resthie R.
Los datos de la investigación La investigación incluyó a 30.277 menores nacidos entre 2006 y 2020, con edades de cuatro a 17 años en el momento del seguimiento, y se apoyó en registros sanitarios nacionales de Suecia que recopilan diagnósticos, tratamientos y pruebas médicas.
Al analizar el grupo, los científicos observaron que el asma moderada a grave afectó al 9,6% de los expuestos a gatos, frente al 10,1% de los no expuestos.
Las exacerbaciones —o crisis asmáticas— se presentaron en el 3,3% de los niños con gatos y en el 3,5% de quienes no compartían vivienda con estos animales.
Putri ha ofrecido una interpretación de este resultado, aunque admite que todavía está por confirmar: “Una posible explicación es que la exposición a los alérgenos de los gatos es muy común, incluso fuera del hogar.
Los niños que no tienen gatos en casa aún pueden estar expuestos en entornos compartidos como escuelas o transporte público, lo que podría explicar por qué no vimos ninguna diferencia”.
A pesar del tamaño de la muestra y el seguimiento durante dos años, los autores reconocen algunas restricciones: “Si bien estos hallazgos a gran escala brindan información valiosa, carecíamos de datos sobre a qué alérgenos estaban sensibilizados los niños, y debido a que el Registro Nacional de Gatos es relativamente nuevo, algunos niños que viven con gatos pueden haber sido clasificados erróneamente como no expuestos”.
Así, la investigación sueca sugiere que la convivencia con gatos no representa un factor de riesgo adicional para las crisis de asma infantil, desafiando una creencia muy extendida entre familias y profesionales de la salud.
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