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Los errores más frecuentes en la dietas bajas en carbohidratos para perder peso

Expetos han identificado los hábitos y decisiones que suelen impedir que este tipo de plan funcione o se sostenga con el tiempo

Por Bautista Salaverri6 min
Los errores más frecuentes en la dietas bajas en carbohidratos para perder peso
Los errores más frecuentes en la dietas bajas en carbohidratos para perder peso

Por Bautista Salaverri

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Las dietas bajas en carbohidratos se han posicionado en los últimos años como una de las estrategias más populares para la pérdida de peso y la mejora de la salud metabólica. Estos planes alimentarios proponen una reducción significativa en el consumo de los macronutrientes, con el objetivo de modificar la manera en que el cuerpo obtiene energía, favoreciendo la utilización de grasas y proteínas como fuentes principales. Muchos planes limitan la ingesta diaria a menos de 130 gramos, una cifra notablemente inferior a la recomendada en la dieta occidental promedio, que suele oscilar entre 225 y 325 gramos por día.

Representan uno de los tres macronutrientes esenciales en la alimentación humana, junto con las grasas y las proteínas. Su función principal es suministrar energía al organismo, ya que durante la digestión se transforman en glucosa, el combustible preferido por las células. Esta glucosa es indispensable para mantener niveles óptimos de energía tanto en actividades cotidianas como en el funcionamiento cerebral y muscular.

Sin embargo, no todos los carbohidratos son iguales: existen los simples, como los azúcares, y complejos, como los almidones y la fibra. Los cereales integrales, las frutas, las legumbres y ciertas verduras son fuentes destacadas saludables que, además de proveer energía, aportan fibra, vitaminas y minerales.

Las recomendaciones dietéticas internacionales sugieren que los adultos consuman alrededor de130 gramos de carbohidratos al día, cifra que asegura el aporte energético suficiente y el correcto funcionamiento del sistema nervioso central. A pesar de esto, algunas personas optan por reducir este macronutriente en su dieta para alcanzar objetivos específicos. Las dietas bajas suelen emplearse para perder peso, controlar mejor la glucosa en sangre, reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 o síndrome metabólico, e incluso mejorar algunos marcadores cardiovasculares.

Las dietas bajas en carbohidratos suelen asociarse con pérdida de peso y mejor control de la glucosa, pero varias fuentes coinciden en que los resultados pueden frustrarse por errores frecuentes de ejecución. Según Healthline y Mayo Clinic, no basta con reducirlos para sostener el plan ni para mejorar los resultados

A la hora de adoptar los planes, muchas personas se enfrentan a obstáculos que pueden afectar los resultados y la adherencia a largo plazo. Identificar los problemas más frecuentes es clave para evitarlos y optimizar los beneficios de este tipo de alimentación.

Reducir los macronutrientes en la dieta no siempre es tan sencillo como eliminar el pan o el arroz. Muchos alimentos procesados, productos lácteos y hasta algunas verduras contienen más carbohidratos de los que se percibe inicialmente. Según Healthline, una ingesta inferior a 100 o 150 gramos diarios puede considerarse baja, pero para entrar en cetosis suele ser necesario consumir menos de 50 gramos al día. Superar este límite, incluso de forma inadvertida, puede impedir alcanzar los objetivos y limitar los beneficios metabólicos esperados.

Al disminuir los carbohidratos, es común aumentar el consumo de proteínas. Sin embargo, el exceso puede resultar contraproducente. Healthline explica que un exceso puede activar la gluconeogénesis, proceso mediante el cual el cuerpo convierte aminoácidos en glucosa, lo que puede dificultar el ingreso a la cetosis.

La recomendación es mantener una ingesta moderada de proteína, entre 1,5 y 2 gramos por kilogramo de peso corporal, privilegiando una mayor proporción de grasas saludables para obtener energía.

La persistente idea de que la grasa es perjudicial aún lleva a muchos a restringir este macronutriente en dietas bajas. Sin embargo, al reducirlos, es esencial compensar la energía con grasas saludables.

No hacerlo puede causar hambre, fatiga y dificultar la adherencia al plan. Expertos de Healthline y Verywell Fit destacan que un consumo de grasa adecuado, alrededor del 70% de las calorías, es habitual en dietas cetogénicas, siempre priorizando fuentes como el aceite de oliva, aguacate y frutos secos, y evitando las grasas trans.

Al eliminar fuentes tradicionales de carbohidratos, muchas personas reducen también el consumo de frutas, verduras y legumbres, lo que puede provocar déficit de fibra y micronutrientes esenciales. Verywell Fit señala que la falta de fibra favorece el estreñimiento y otros problemas digestivos. Para evitarlo, se recomienda incluir abundantes verduras bajas en almidón, semillas y frutos secos, así como frutas bajas en azúcar, que aportan fibra, vitaminas y minerales necesarios para el correcto funcionamiento del organismo.

Durante los primeros días de una dieta baja en carbohidratos, el cuerpo experimenta un proceso de adaptación que puede provocar malestar, conocido como "gripe cetogénica". Los síntomas incluyen fatiga, dolor de cabeza y cambios en el estado de ánimo. Healthline advierte que abandonar la dieta en esta etapa, sin dar tiempo al organismo para ajustarse, es uno de los errores más habituales.

Este período de transición suele durar entre tres y cuatro días, aunque la adaptación completa puede demorar varias semanas. La paciencia y el acompañamiento profesional son fundamentales para superar este obstáculo.

Otros errores más comunes al seguir una dieta baja en carbohidratos incluye no definir cuánta restricción se busca, comer demasiados o demasiado pocos carbohidratos, reemplazarlos de forma desequilibrada con proteínas o grasas, depender de productos envasados y prescindir del ejercicio. Mayo Clinic explica que estos planes limitan carbohidratos y suelen centrarse en proteínas, grasas y verduras sin almidón, mientras un estudio de StatPearls de 2023 remarca que no existe una definición única.

Esa falta de consenso aparece también en los umbrales. Los autores de la investigación definen como bajo en carbohidratos menos del 26% de las calorías o menos de 130 gramos al día, y como muy bajo en carbohidratos entre 20 y 50 gramos diarios o menos del 10% de la energía.

Las principales ventajas de este tipo de alimentación incluyen la pérdida de peso inicial más rápida, el mejor control de la glucosa en sangre y una mayor saciedad a lo largo del día. Tanto Mayo Clinic como Harvard coinciden en que limitar los carbohidratos puede ser especialmente útil para personas con obesidad, prediabetes o diabetes tipo 2. La reducción en la ingesta obliga al cuerpo a usar las reservas de grasa como fuente de energía, lo que facilita la disminución del peso corporal.

En cuanto a la diabetes tipo 2, el estudio publicado en Stat Pearls señala que la restricción de carbohidratos puede reducir la necesidad de medicación y facilitar la remisión de la enfermedad en algunos casos. Los autores han demostrado una reducción significativa de la hemoglobina A1c y de los medicamentos hipoglucemiantes tras la adopción de dietas muy bajas en carbohidratos, con una alta tasa de adherencia a los 12 meses. Además, se han observado mejoras en factores de riesgo cardiometabólico, lo que refuerza el rol de estas dietas como una opción válida en el arsenal terapéutico para la diabetes tipo 2.

No obstante, existen riesgos y preocupaciones que deben considerarse antes de adoptar este enfoque. Una de las advertencias más frecuentes es el posible descenso en la ingesta de fibra, vitaminas y minerales, lo que puede provocar problemas digestivos como el estreñimiento y aumentar el riesgo de deficiencias nutricionales. Harvard advierte que, al eliminar alimentos ricos en carbohidratos, también se puede reducir la variedad y calidad de la dieta si no se planifica adecuadamente, lo que pone en peligro la salud digestiva y general.

Adicionalmente, se ha observado que algunas personas pueden experimentar un leve aumento del colesterol LDL con este tipo de planes, aunque, en general, los triglicéridos disminuyen y el HDL aumenta. En personas con función renal normal, la evidencia no demuestra un daño asociado a una mayor ingesta de proteínas, pero quienes padecen enfermedad renal crónica deben consultar con un especialista antes de iniciar una dieta baja en carbohidratos.

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