La revolución del calzado barefoot: la tendencia que imita caminar descalzo y ya es una moda en otros países
Una nueva forma de vestir los pies prioriza la maquinaria natural de los pies, diseño que beneficia la salud de diversas maneras.

Resumen para apurados
La forma en que los humanos visten sus pies pasó por muchas modificaciones, en las que el calzado cumplió una función fundamental de herramienta de supervivencia por miles de años, llegando a ser incluso un arma de guerra si se le agregaba un taco, adición que servía a los guerreros persas a mantenerse en los estribos de los caballos. Luego se modificó su uso y este tipo de prendas llegó a la aristocracia como un accesorio que pronto se alejó del cuidado de las extremidades. Tras 400 años de zapatos impropios para la forma del pie, se prioriza una nueva tendencia donde la salud manda las directrices indumentarias.
El tacón fue ese símbolo indistinto entre hombres y mujeres; las plataformas masculinas pasaron a ser femeninas con la reina Isabel I, quien también quería "elevarse" como otros monarcas europeos. Pero el salto del siglo XVII al SXXI radica en los avances de salud, el "boom" del fitness y el crecimiento de la industria de la moda que trae nuevas tendencias, poniendo en las vidrieras un nuevo tipo de "calzado minimalista" o "barefoot" en inglés, un intento por imitar la sensación de ir descalzo con las zapatillas.
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Suelas ultrafinas, mayor flexibilidad, "zero-drop" y puntera ancha: esa es la nueva premisa del diseño esenciarista con su aspecto inusual y plano que dista bastante del zanco elevador de otros siglos. Algunos teorizan que pueda deberse a una creciente necesidad de los humanos de desconectar de la tecnología y enraizarse con la tierra, mientras que otros adhieren que se trata de un trabajo de entrenamiento para nuestras extremidades inferiores. El calzado minimalista buscaría fortalecer las estructuras anatómicas que pueden debilitarse con el tiempo al ser protegidas por capas de amortiguación. Quienes defienden el estilo de vida descalzo también creen que usar zapatos de suela fina puede ayudar a corregir la postura, mejorar la técnica de carrera y reducir el dolor lumbar y de rodillas.
Pocas veces pensamos en nuestros pies, esas extremidades de 26 huesos y 33 articulaciones con más de 100 músculos, tendones y ligamentos. Nuestra biología tiene el propósito de moverse, adaptarse al terreno y proporcionar información sensorial con cada paso, pero décadas de tacones elevados y suelas gruesas se saltaron la maquinaria natural. El calzado barefoot regresa a ese diseño primitivo: permitir que nuestro pie camine con la libertad con la que fue diseñado.
El calzado barefoot se caracteriza por tener bases muy finas y flexibles, de apenas unos 3 a 6 milímetros; una puntera ancha que permite que los dedos se extiendan y materiales ligeros sin refuerzos rígidos como los que se encuentran en zapatos tradicionales. Otra característica clave es su suela de caída cero, lo que significa que no hay variación en la altura del zapato desde el talón hasta la punta.
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Desde el punto de vista biomecánico, los estudios apuntan a que este tipo de calzado favorece una pisada más natural, activa la musculatura intrínseca del pie, mejora el equilibrio propioceptivo y contribuye a una mejor alineación postural de toda la cadena: tobillo, rodilla, cadera y columna.
"Cuando caminamos descalzos o con calzado muy flexible o minimalista, el pie funciona de forma más natural: los dedos se se paran mejor, el antepié se mueve con mayor libertad y los músculos del pie se activan más", explica Pablo García, fisioterapeuta del Hospital Universitario de Torrejón, en declaraciones al medio CuídatePlus.
El calzado convencional, con su amortiguación y soporte, reduce la carga de trabajo de los tejidos intrínsecos del miembro inferior: las pequeñas fibras responsables de la estabilización y la propulsión. Al eliminar el soporte externo, el apoyo se ve obligado a activar más grupos musculares, incluidos el tibial posterior, el sóleo y los peroneos. Una estructura anatómica más fuerte es más estable y más resistente a las lesiones, según explicaron los fisioterapeutas del grupo sanitario Ribera.
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Al estar más cerca del suelo, los receptores de las plantas de los pies reciben más estímulos, lo que mejora la capacidad del cuerpo para percibir su posición en el espacio. Esto se traduce en una mayor estabilidad postural y un mejor control del movimiento, lo cual es especialmente útil para prevenir caídas y lesiones.
La puntera ancha permite que los dedos descansen en su posición anatómica, reduciendo el riesgo de juanetes y otras deformidades asociadas con las hormas estrechas. Además, la caída cero favorece una alineación más equilibrada del tobillo, la rodilla y la columna vertebral.
Sin embargo, existe una advertencia más allá de los beneficios prometidos: el cuerpo no puede adaptarse tan rápido a caminar por la vida casi descalzo. "Para quienes no están acostumbrados a caminar descalzos y suelen usar calzado con buen soporte, es preferible empezar sobre superficies lisas, al menos al principio", aconsejaron los profesionales del equipo mencionado. Además, se debe evitar el uso durante periodos prolongados hasta que el pie se haya adaptado y fortalecido. Una transición rápida puede provocar fascitis plantar, tendinitis de Aquiles, distensión muscular en la pantorrilla o dolor lumbar.
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