Saltar al contenido

La avaricia: El pozo sin fondo de la pantalla y el valor de recuperar el control

6/9 Serie. La avaricia de esta era no va por tus cospeles; va por tu tiempo. Los nuevos avaros no juntan monedas en un cofre; secuestran tu atención en un pozo sin fondo diseñado para no saciarse jamás.

Por Federico Lix Klett5 min
Compartir
La avaricia: El pozo sin fondo de la pantalla y el valor de recuperar el control
La avaricia: El pozo sin fondo de la pantalla y el valor de recuperar el control

Por Federico Lix Klett - Fundador de FALK Academy, FALK AI, FALK Impellers y FALK Advertising Matters, Socio de Pieper AI y Selected Power User por Google DeepMind. Es pensador, comunicador, formador e impulsor de innovación y transformación.

El escritor ruso León Tolstói escribió en 1886 un cuento corto y brutal que explica nuestro insomnio contemporáneo: ¿Cuánta tierra necesita un hombre?

El protagonista, un campesino ambicioso llamado Pajóm, recibe una propuesta insólita de un grupo de terratenientes en las lejanas estepas: por solo mil rublos, puede quedarse con toda la tierra que sea capaz de recorrer a pie en un solo día.

También te puede interesar: Final de locos: Austria lo empató en la última jugada ante Argelia y clasificaron los dos

La única condición es que debe empezar al amanecer, marcar su ruta con una pala y regresar exactamente al punto de partida antes de que el sol se oculte. Si se pasa un solo segundo del ocaso, siamo fuori, pierde todo.

Pajóm sale al amanecer. Empieza a caminar y ve colinas, tierras negras, húmedas y fértiles. En lugar de trazar un círculo prudente, la avaricia lo empuja a estirar el camino. "Un poquito más de este valle", piensa. "Ese prado de allá sería un gran viñedo".

Al mediodía advierte que se alejó demasiado, pero la codicia de tener un mapa más grande lo sigue tirando del cogote. El sol empieza a caer y tiene que emprender la vuelta corriendo desesperadamente, con el corazón golpeándole el pecho, la garganta seca de polvo y las piernas acalambradas por la fatiga.

También te puede interesar: Argentina ganó sin brillar, pero Scaloni se llevó lo que fue a buscar

Llega al punto de partida exhausto, con las últimas fuerzas, justo cuando el último rayo de sol toca la colina. Lo logró. Pero al detenerse, ¡kaput! Palma inmediatamente. Su sirviente agarra la pala, cava una fosa para enterrarlo y el cuento cierra con una frase demoledora: "Dos metros de tierra, de la cabeza a los pies, era todo lo que necesitaba".

Hoy hacemos exactamente lo mismo frente a la pantalla de nuestros celulares. Corremos de forma invisible en una carrera frenética, acumulando notificaciones, pestañas abiertas, correos respondidos y horas de scroll infinito, cansados y con el bocho recalentado, creyendo que estamos "ganando tiempo" en un pozo sin fondo que no tiene salida.

Para entender por qué corremos como Pajóm, hay que desarmar el modelo de negocios de quienes diseñan las aplicaciones que usamos todos los días. En Silicon Valley están obsesionados con un término en inglés: "engagement" que significa "compromiso", pero en el mundo de la tecnología es, sencillamente, el índice de enganche o secuestro de tu atención.

También te puede interesar: Las certezas que se lleva Scaloni: Lo Celso levantó la mano y Argentina amplió sus variantes antes del mata-mata

No les alcanza con que abras la aplicación; necesitan medir qué tan "novio" sos de esa pantalla. Miden cuántos clics hacés, qué compartís y cuánto tiempo logran mantener tus ojos fijos. El engagement es la métrica con la que facturan los grandes "mercaderes de la atención" como Meta, Google, Instagram o TikTok, etc.

Ellos no te venden un software; te cobran peaje por tu tiempo de vida. Su avaricia es por cada minuto de tu conciencia que logran meter presa para luego facturar con publicidad.

Y el algoritmo —un objeto inerte de matemática pura— está programado para maximizar ese enganche a cualquier precio. ¿Cómo lo hace? Hackeando tu cerebro a través de dos emociones básicas. El amor y el odio.

También te puede interesar: La curiosa participación de Emiliano Martínez en el golazo de tiro libre de Lo Celso ante Jordania

Primero, el amor: entendido como la complacencia adulatoria. Mostrarte sólo el contenido que valida tus sesgos para que te sientas cómodo, ese espejo de feria que adula tu ego y que ya analizamos en nuestra columna sobre La Envidia de hace 2 domingos atrás.

Pero como la comodidad aburre rápido, activa el motor con la Infinia Premium: el odio. La indignación, la grieta, el todólogo furioso. Los avaros de Silicon Valley descubrieron que mantenerte indignado rinde el triple que mantenerte en paz. Tu enojo es su moneda de cambio.

Esta avaricia sistémica y silenciosa está deformando nuestra relación con el tiempo. Vivimos obsesionados con la velocidad y la inmediatez. Le exigimos a la realidad la misma instantaneidad que al buscador de Google.

También te puede interesar: Mundial 2026: así quedaron definidos los cruces de los 16avos de final y el camino rumbo al título

Queremos que el tráfico fluya sin fricciones, que la comida llegue en diez minutos, que nuestros hijos aprendan sin frustrarse. Pero la vida real es lenta, tiene baches -¡muchos!-, tiene tierra y exige esperas. Al intentar eliminar la fricción del camino, terminamos eliminando la experiencia misma del viaje.

El verdadero peligro de la "fricción cero" es que nos tienta con la comodidad de no tener que esforzarnos. Nos ofrece soluciones masticadas, nos redacta las respuestas difíciles y nos ahorra el trabajo de dudar.

Pero cuando le entregamos a la máquina la incomodidad de pensar, no estamos ganando tiempo; estamos entregando nuestro criterio. El avaro de 2026 no junta monedas; junta tu criterio para que dejes de ser el protagonista de tu propia historia y pases a ser un dócil engranaje de su máquina de retención.

¿Entonces la salida es hacernos los puristas, quejarnos de que nos roban los datos y desconectarnos de todo? Al contrario. Seamos pragmáticos: Google, Apple o Meta ya tienen nuestros datos hace años. Se los entregamos voluntariamente cada vez que nos registramos en un servicio gratis para que nos manden publicidad hiperpersonalizada.

A todos nos pasó alguna vez estar charlando con un amigo sobre un viaje o una marca de ropa de la que nunca hablamos, y que al minuto en Instagram nos aparezca una publicidad de eso. El sistema funciona así.

Pero en esta Era de la Humanidad Aumentada (EHA), el paradigma está cambiando. Esa montaña de datos ya no tiene por qué usarse solo de forma extractiva para que un tercero te encaje publicidad. La verdadera rebelión del Homo Augmentus es exigir que esos datos se integren en sus propias herramientas de IA.

El paso fundamental es pasar de ser un blanco publicitario a tener un copiloto cognitivo. Que la tecnología haga el procesamiento bruto de la información para que vos, y nadie más que vos, recuperes tu tiempo y el control. Es usar la inteligencia artificial para dejar de ser el producto y pasar a ser los dueños de la herramienta.

Pajóm corrió hasta morir para poseer una tierra que nunca iba a poder disfrutar. No caigas en la misma trampa. La máquina tiene una capacidad de procesamiento infinita, pero carece de propósito. Nosotros somos seres biológicos y finitos.

Nuestra única riqueza real e innegociable no es acumular datos ni tareas terminadas. Es la soberanía de nuestra propia cabeza y el derecho de elegir cuándo apagar la pantalla para recuperar el control de nuestra vida.

Nos vemos la semana que viene con el último pecado de nuestra serie: La Pereza. Te leo en el foro. No seas avaro con tus ideas y compartilas.

  • #sociedad
  • #avaricia
  • #pozo
  • #sin
  • #fondo
  • #pantalla
  • #valor
  • #recuperar
  • #control
  • #tucumán

SEGUÍ LEYENDO

SORTEO MENSUAL

GANATE ELECTRODOMÉSTICOS
TODOS LOS MESES

Heladeras, smart TVs, lavarropas y mucho más. Cargás tus datos una sola vez y participás todos los meses, sin costo.

QUIERO PARTICIPAR →

Mayores de 18 años · Residentes en Argentina