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Invaluable legado del doctor Carlos Alberto Alvarado

Brillante como profesional y reconocido por sus condiciones es un orgullo para los jujeños que no debe olvidarse.

Por El Tribuno de Jujuy5 min
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Invaluable legado del doctor Carlos Alberto Alvarado
Invaluable legado del doctor Carlos Alberto Alvarado

"El doctor Carlos Alberto Alvarado no solo sobresalió en Jujuy, sino que logró ser reconocido a nivel internacional por su lucha para erradicar el paludismo siendo un académico de primer nivel, realizó una valiosa y silenciosa contribución a la salud pública, trabajando junto a destacados profesionales como fueran los doctores Oscar Orías y Bernardo Houssay compartiendo trabajos y sueños que fueron concretados en el tiempo. Y lo que se pretende hoy que los jujeños sigan reconociéndolo por sus logros y trabajos que dejaron beneficios enormes a nivel internacional".

Los conceptos pertenecen a nuestro columnista destacado Fernando Zurueta que en esta oportunidad se centra en la vida y obra de tan destacado profesional jujeño.

"Carlos Alberto Alvarado, nació en San Salvador de Jujuy, donde se formó desde sus primeros años en la Escuela Normal y luego en el Colegio Nacional, y al terminar el secundario se fue a vivir a Buenos Aires ingresando a la Facultad de Medicina egresando con el título de doctor en Medicina.

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Con su título de médico, ingresó al Hospital de Clínicas en Buenos Aires mediante un examen que obtuvo un puntaje elevado entre los diez primeros alumnos. Fue nominado para trabajar junto al profesor Gregorio Araoz Alfaro y ante su eficiencia fue convocado en diferentes áreas demostrando su espíritu investigativo al servicio de la salud.

Al volver a su tierra jujeña, a ejercer la profesión en el año 1928 no dudó en aceptar un cargo en Tilcara siendo uno de los fundadores del hospital de Beneficencia "Plácida Cari".

Su espíritu, inquieto y superador, lo llevó a ser becado por la Universidad de Buenos Aires en un acuerdo que se hizo con el Gobierno de la Provincia de Jujuy y fue enviado a trabajar en Roma investigando la manera de combatir el paludismo.

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Su inclinación por la histología lo llevó a trabajar con otro destacado jujeño como fue el doctor Oscar Orías colaborando con el Premio Nobel en Medicina, el doctor Bernardo Houssay.

A su regreso de Europa fue director regional de la Fundación Rockefeller para la Región Andina y del Río de la Plata, continuando sus actividades en epidemiología, específicamente en el paludismo.

El ministro de Salud de la Nación, doctor Ramón Carrillo, lo estimula para fijar estrategias innovadoras en el control y erradicación del paludismo en el noroeste argentino y con esta idea en el año 1931, regresa a San Salvador de Jujuy, donde instala su consultorio, sin abandonar sus estudios en la defensa antipalúdica siendo designado en el Departamento Nacional de Higiene.

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Al año siguiente, ante una epidemia de fiebre amarilla en Santa Cruz de la Sierra -Bolivia-, otro prestigioso médico como el doctor Miguel Sussini le encomendó la misión de organizar en la zona de frontera para controlar la epidemia producida por el mosquito. Al ser director general de Paludismo logra concluir con esa enfermedad en todo el norte del país por lo que se pasa a ser jefe de la división de erradicación - manager en la Organización Mundial de la Salud.

Al crearse la Dirección General del Paludismo y Endemias Regionales en abril del año 1937 con sede en Tucumán fue designado el director para organizar la lucha contra el mosquito. Su trabajo fue llamado "Plan Alvarado, el apellido de su descubridor o Plan Policía de focos".

Llegó a ser cofundador de la Sociedad Argentina de Patología Infecciosa y Epidemiología integrando la Academia Nacional de Medicina.

Por su extensa experiencia es convocado para ser secretario general del Departamento Nacional de Higiene, manteniendo el cargo en la Dirección General del Paludismo con asiento en San Miguel de Tucumán.

En el año 1940, es miembro de la Comisión Panamericana de la Malaria de la Oficina Sanitaria Panamericana en la Organización Mundial de la Salud, incorporándose definitivamente en oficinas instaladas en México en que su fin fue lograr la erradicación de la malaria en América

En el año 1941 se le otorga el título de doctor en su conocida tesis como "Tratamiento del paludismo" calificado su trabajo como sobresaliente.

Al regresar de la Organización Mundial de la Salud en el año 1966 fue designado ministro de Salud en Jujuy, donde puso en marcha el plan de salud rural creando la figura del agente sanitario. Logró que la Dirección General del Paludismo realice a nivel nacional la lucha antipalúdica con el ataque al mosquito trasmisor, protegiendo la endemia en el noroeste argentino. Se beneficiaron las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán y Catamarca gracias a la creación del conocido Plan de Salud Rural.

Fue un defensor de la cobertura sanitaria en hospitales. Con este criterio siempre mantuvo el pensamiento que un organismo no puede estar enquistado en un sistema burocrático sosteniendo que "el brazo largo del hospital debe lograr la penetración de sus beneficios hasta el último rincón de su influencia".

Es innumerable la cantidad de cargos que ejerció siendo distinguido en diferentes ámbitos. Fue secretario de la "Royal Society of Tropical Medicine and Hygiene de Londres"; miembro honorario de la "American Society Of tropical Medicine and Higiene, de los Estados Unidos; "Doctor Honoris causa en Leyes", de la Universidad de Portland, Oregon, Estados Unidos: por el Gobierno cubano, con la "Orden de Carlos Finlay"; en Argentina, el Ministerio de Cultura y Educación con el "Premio Consagración Nacional"; el club Kiwanis de Buenos Aires, con la "Orden del Quebracho para la región noroeste"; la Academia Nacional de Medicina, "Miembro Nacional Honorario"; y la Academia de Ciencias Médicas de Córdoba, "Académico honorario"; y la Universidad Nacional de Tucumán, "Doctor Honoris Causa".

Muere en Jujuy a los 82 años en diciembre de 1986. Conociendo su fallecimiento los organismos internacionales y nacionales lamentaron la pérdida de un hombre que dio todo para la salud.

No hay duda, brillante como profesional y reconocido por sus condiciones es un orgullo para los jujeños que no debe olvidarse. (Autoría Fernando Zurueta).

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