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Inercia festiva: los feriados de la hipocresía

Cada calendario anual ha sido un juego de mesa para políticos que mueven fichas conforme a intereses bien ajenos a las creencias religiosas o a los hechos gloriosos de nuestra historia

Por Redacción6 min
Inercia festiva: los feriados de la hipocresía
Inercia festiva: los feriados de la hipocresía

En tiempos de tata y mama, los feriados se celebraban con recogimiento religioso, unción patriótica o festejo familiar. Con el cambio de época, se convirtieron en instrumentos de la política para tapar entuertos o ganar simpatías, como tantas otras falsas gratuidades que el populismo utiliza, ocultando sus costos.

La Argentina está en el podio de los días sin trabajar, con un total de 19 este año. Supera a todos los vecinos latinoamericanos, se ubica lejos de Japón (16), Corea del Sur (15), los europeos (con un máximo de 14), China (13) o Singapur (11). Entre nosotros, los días no laborables incluyen 12 feriados inamovibles, 4 trasladables y 3 turísticos o puentes. Todo ello redondea 12 fines de semana largos. Sin duda, nadie la vio antes, ni los chinos que ganan a todos en todas, pero no conocen a los argentinos.

Mientras nos lucimos en lo más alto del podio de la holgazanería, hace apenas dos años exhibíamos el mayor galardón en inflación, riesgo país, ausencia de crédito y aun de pobreza muy superior al promedio regional. Todavía ahora, caminando sobre una cuerda en el vacío y sin la vara estabilizadora de una moneda nacional, debemos evitar que cualquier soplido nos arroje al precipicio por el peso de una mochila bamboleante que cuesta desempacar.

La Argentina no debe liderar el ranking de holgazanería como si fuese un país próspero y productivo, que vive de rentas gracias a algún fondo soberano acumulado durante décadas de esfuerzos y sacrificios

Allí están, bien acomodados dentro de ella, un sistema previsional quebrado, una carga de subsidios irreductibles y la multitud de empleados públicos redundantes que devoran los recursos provinciales. Como si fuera poco, a los equilibristas se les recrimina la endeble situación de las Pyme cuya actividad no repunta y que configuran, sin dudas, el tejido productivo más importante del país, las grandes dadoras de empleo y las mayores dinamizadoras de los centros urbanos.

Un clamor crítico reclama una transición más humana que morigere la “destrucción creativa” de las Pyme no competitivas hasta que aparezca el crédito, se reduzca la presión fiscal y disminuyan los costos laborales. La “cancha nivelada” que pide la Unión Industrial Argentina (UIA) para que puedan competir con las importaciones baratas de otras procedencias. Sin embargo y a pesar de tantos plañidos, todos están contentos con los feriados y, cuantos más haya, mejor.

Y aquí surge una hipocresía argentina. Como casi la mitad de la economía es informal y nueve millones de personas trabajan “en negro”, solo deben pagarlas según la ley las grandes empresas y las Pyme, además del Estado. La proliferación de días festivos las perjudica al aumentar el “costo argentino” debiendo abonar salarios y cargas sociales, sin producir ni vender. En la otra mitad, muchos informales viven al día (changarines, cuentapropistas, empleados en negro, vendedores ambulantes) y no cobran cuando no trabajan: los feriados son duros para ellos, salvo en destinos de esparcimiento.

Otra hipocresía nacional y popular: durante 35 años el Carnaval dejó de ser feriado nacional y se limitó –como corresponde– a las provincias con celebraciones destacadas o a los corsos barriales. Sin embargo, cuando Cristina Kirchner advirtió que la economía comenzaba a decaer (y decayó luego 15 años) lo reimplantó en 2011, con cornetas y papel picado.

Se sostiene que los asuetos nacionales impulsan la economía al favorecer la hotelería, la gastronomía y los comercios en las zonas turísticas. ¿Se genera del aire esa riqueza? ¿Cuánto menos se trabaje más prósperos seremos? ¿Es una verdadera redistribución de ingresos entre lo que pierden algunos (industria/comercio) frente a lo que ganan otros (turismo y consumo) o hay otra explicación detrás?

Si se hiciera una encuesta en los peajes al comienzo de las celebraciones, la mayoría de los encuestados no tendría ni la menor idea del motivo por el cual tienen franco

La hay, y es otra hipocresía. Para quienes viven al día, los feriados significan perder ingresos y ser más pobres. Pero para las clases medias que “no llegan a fin de mes”, los consumos durante los feriados se financian, en gran parte, con los famosos “dólares del colchón”. Casi, casi, se podría decir que son un mecanismo más para exteriorizar activos externos como los que alienta a declarar la ley de inocencia fiscal.

Así como la Argentina ha tenido una inercia de desajustes fiscales, emisión monetaria, devaluaciones e incumplimientos contractuales. También ha mantenido una rutina de ampliar feriados totalmente disociada de nuestros dramas colectivos. Cuanto peor fuimos, más feriados tuvimos. Cada calendario anual ha sido un juego de mesa para políticos que mueven fichas conforme a intereses bien ajenos a las creencias religiosas o a los hechos gloriosos de la historia argentina.

Un buen ejemplo es la Ley 27.399 de “establecimiento de feriados y fines de semana largos” (2017) que sistematiza definiciones, fechas y alcances de los ocios colectivos. Esta norma, del tiempo gradualista de Cambiemos, mantuvo la misma inercia festiva del pasado, sin el cambio de ceño que era esperable para enfrentar la herencia kirchnerista. A su vez, el decreto 614/25 de la actual gestión amplió sus desaciertos al permitir trasladar a días hábiles las fechas festivas que caen durante fines de semana. “Cosa de abogados”, dirán algunos, pensando en los leguleyos de “Legal y Técnica” de la Presidencia de la Nación, quienes, al descubrir un “vacío legal” en la ley macrista, en lugar de llenarlo con un jarrón chino o una enciclopedia británica, lo completaron con más días ociosos, sin advertir que el verdadero vacío no era normativo, sino institucional. Debieron pensarlo dos veces en lugar de llevar a la firma del Presidente un decreto con más “viva la Pepa" que con giros de motosierra.

Ni qué hablar de los nuevos feriados, todos oportunistas. Con el debido respeto que merecen el general Lucio N. Mansilla y su heroica gesta en la Vuelta de Obligado o Martín Miguel de Güemes, quien defendió con sus gauchos el norte argentino durante la Campaña de los Andes, ningún feriado reconoce la consolidación de la república plasmada por Julio A. Roca. El Día de la Memoria, siempre incompleta, fue impulsado por Eduardo Duhalde en 2002 en pleno desquicio económico. No es cuestión ahora de incorporar más feriados, pero subsiste la impronta populista de privilegiar guerras que evocan formas de “liberación” frente a lo extranjero (Independencia, Malvinas, bloqueo anglo francés) sobre la construcción de la Nación luego de la Organización Nacional.

¿Quién evoca el sentido patriótico o religioso de los feriados? Son pocas las banderas en los balcones o la asistencia a templos religiosos. Ni qué hablar de los etéreos “trasladables”, cuyas razones siempre serán un pasado ya “pisado” el día anterior o un futuro por olvidar al día siguiente. Si se hiciera una encuesta en los peajes al comienzo de las celebraciones, la mayoría de los encuestados no tendría ni la menor idea del motivo por el cual tienen franco.

Si el objetivo no declarado de los feriados es monetizar la economía sacando dólares del colchón, sería más honesto mantener solamente el nombre de los inamovibles y designar los trasladables de acuerdo a su función real, el turismo

Aunque suene antipático, la Argentina no debe liderar el ranking de holgazanería como si fuese un país próspero y productivo, que vive de rentas gracias a algún fondo soberano acumulado durante décadas de esfuerzos y sacrificios. Sin embargo, si el objetivo no declarado de los feriados es monetizar la economía sacando dólares del colchón, sería más honesto mantener solamente el nombre de los inamovibles y designar los trasladables de acuerdo a su función real, el turismo. Ello evitaría manosear nombres y eventos patrios para que los argentinos vayan a la costa, a las sierras o a la montaña a disfrutar del tiempo libre, sin saber el porqué.

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