Estar con uno y estar bien
Noticias de Jujuy, Argentina y el Mundo. El Tribuno de Jujuy ofrece noticias de último momento, actualidad, deportes, policial, económico, social, política e información de interés general. Informate

Vivimos en un tiempo donde parecería que siempre hay que estar haciendo algo. Las agendas se llenan, los teléfonos no dejan de sonar, las redes sociales nos muestran vidas aparentemente perfectas y, casi sin darnos cuenta, comenzamos a creer que el valor de una persona depende de cuánto produce, de cuántos vínculos sostiene o de cuán ocupada está. En medio de tanto ruido, estar con uno mismo puede llegar a sentirse extraño. Incluso, para algunas personas, incómodo.
Sin embargo, existe una diferencia enorme entre sentirse solo y saber estar con uno mismo. La soledad que duele nace del vacío, del abandono o de la sensación de no ser visto. En cambio, estar con uno mismo y estar bien es un encuentro. Es un espacio donde dejamos de huir de nosotros para comenzar a conocernos de verdad. Muchas personas pasan años evitando ese encuentro. Buscan constantemente compañía, actividades, compromisos o distracciones porque el silencio les devuelve preguntas que no quieren escuchar. ¿Quién soy cuando nadie me mira? ¿Qué deseo realmente? ¿Qué necesito? ¿Estoy viviendo la vida que elegí o la que fui aprendiendo a aceptar? No siempre es fácil responder. A veces descubrimos heridas que todavía duelen, pero también descubrimos fortalezas que ignorábamos, recursos que siempre estuvieron allí y una capacidad inmensa para reconstruirnos.
Quien logra sentirse bien consigo mismo suele relacionarse mejor con los demás. Ya no necesita que otro complete lo que siente incompleto dentro suyo. Comparte, acompaña, ama y recibe amor desde un lugar mucho más libre. Muchas veces confundimos necesidad con amor. Permanecemos en relaciones porque creemos que sin la otra persona no podremos seguir adelante. Tememos al vacío, al silencio o a enfrentarnos con nosotros mismos. Pero el amor sano no nace de la dependencia. Nace de dos personas que pueden caminar juntas sin dejar de sostenerse a sí mismas.
También te puede interesar: El cerrajero y la unión de lo artesanal con lo moderno
Estar bien con uno mismo tampoco significa sentirse feliz todos los días. Habrá jornadas de tristeza, de incertidumbre, de enojo o de cansancio. La diferencia está en que dejamos de pelearnos con esas emociones. Cada una trae un mensaje. La tristeza puede hablarnos de una pérdida. El enojo quizás señala un límite que no fue respetado. El miedo puede estar intentando protegernos. Cuando comenzamos a comprenderlas, descubrimos que también forman parte de nuestro crecimiento.
Hay personas que recién descubren el valor de estar consigo mismas después de una separación, de la partida de un ser querido, cuando los hijos forman su propio camino o al llegar la jubilación. Lo que al principio parece un vacío termina convirtiéndose, con el tiempo, en una oportunidad para reencontrarse. Es en esos momentos cuando aparecen pequeños placeres que durante años habían quedado olvidados. Leer un libro sin apuro. Caminar observando los árboles. Escuchar música. Escribir unas líneas en un cuaderno. Tomar un café disfrutando simplemente del momento. Mirar el cielo al atardecer. Son gestos sencillos, pero profundamente reparadores.
Estar con uno mismo implica reconocer cuándo necesitamos descansar, pedir ayuda, poner un límite o cuándo es momento de animarnos a dar un paso nuevo. También implica aprender a tratarnos con amabilidad, porque crecer no significa exigirnos sin descanso. Significa acompañarnos con paciencia mientras seguimos aprendiendo.
También te puede interesar: Quedó conformada la Junta Electoral del PJ jujeño
El encuentro con uno mismo ocurre en el aquí y ahora. No en el pasado que ya no podemos cambiar ni en el futuro que todavía no llegó. Ocurre cuando somos capaces de habitar este instante, de reconocer lo que sentimos, pensamos y necesitamos sin negarlo ni disfrazarlo. Cuanto más auténticos somos con nosotros, más auténticos podemos ser con los demás. Dejamos de usar máscaras para agradar, de decir siempre que sí por miedo al rechazo o de ocultar partes de nuestra historia para ser aceptados. Descubrimos que la verdadera tranquilidad nace cuando ya no necesitamos demostrar quiénes somos.


Estar bien con uno mismo también significa aceptar que estamos en permanente construcción. Nadie llega a una versión definitiva de sí mismo. Cambiamos con las experiencias, con los vínculos, con las pérdidas, con los aprendizajes y con el paso del tiempo. Y eso no debería asustarnos. Al contrario. Es una muestra de que seguimos vivos. Hay una serenidad especial que aparece cuando dejamos de correr detrás de la aprobación de todos. Comprendemos que habrá personas que nos entiendan y otras que no. Que algunas permanecerán y otras seguirán su camino. Y aun así, podemos sentirnos completos.
Quizás uno de los mayores regalos de la madurez sea justamente ese: descubrir que nuestra mejor compañía, nosotros mismos, siempre estará disponible. Esa voz interior que antes criticaba puede aprender a alentar. Ese corazón que tantas veces se sintió herido puede volver a confiar. Esa persona que vemos cada mañana frente al espejo puede convertirse en alguien a quien abrazamos con respeto y cariño.
También te puede interesar: "Un hecho histórico de enorme complejidad"
No se trata de elegir la soledad. Se trata de dejar de tenerle miedo. Porque cuando aprendemos a estar con nosotros mismos, ya no buscamos personas que llenen nuestros vacíos, sino personas con quienes compartir lo que somos. Y entonces los encuentros cambian. Las conversaciones son más sinceras. Los afectos más libres. Las decisiones más conscientes. La vida deja de ser una carrera para convertirse en un camino que también podemos disfrutar mientras lo recorremos.
Tal vez hoy sea un buen momento para regalarnos unos minutos de silencio. Para apagar por un rato el ruido exterior y escuchar lo que nuestro mundo interior tiene para decirnos. Quizás descubramos que allí, donde antes imaginábamos un vacío, existe un espacio lleno de posibilidades. Porque cuando aprendemos a estar con nosotros mismos sin miedo, sin exigencias y sin disfraces, dejamos de sentirnos incompletos. Descubrimos que la paz no depende de todo lo que sucede afuera, sino de la relación que construimos con quien nos acompañará toda la vida: nosotros mismos. Y cuando ese encuentro finalmente ocurre, comprendemos que estar con uno mismo no es resignarse a la soledad. Es aprender a habitar la propia vida con presencia, con ternura y con gratitud. Es descubrir que el hogar más importante que construiremos jamás, no tiene paredes: está dentro de nosotros. Namaste. Mariposa Luna Mágica. (gotasygotitasjujuy@gmail.com).
Temas de la nota
- #provinciales
- #2026
- #estar
- #con
- #uno
- #bien
- #jujuy


