Espejos de la incomunicación urbana: Andrés Bazzalo indaga en las grietas de las relaciones humanas con Caric...
El director adaptó el texto del autor catalán Sergi Belbel que explora, a través de una estructura fragmentada, la compleja y muchas veces violenta superficie de los vínculos afectivos. Aquí traza un paralelo con el mundo de pantallas incomunicadas de hoy.

En una gran urbe hiperconectada, donde las pantallas parecen unirlo todo, la soledad y el aislamiento paradójicamente se profundizan. Sobre ese diagnóstico de época se erige Caricias, la pieza del autor catalán Sergi Belbel que llegó a la cartelera porteña bajo la versión y dirección general del prestigioso Andrés Bazzalo. La obra explora, a través de una estructura fragmentada y no lineal, la compleja y muchas veces violenta superficie de los vínculos afectivos.
Para Bazzalo, quien cuenta con una trayectoria de más de 40 años en la enseñanza de la dirección escénica universitaria y terciaria, abordar este texto estrenado originalmente en 1991 supuso el desafío de actualizarlo para interpelar al espectador de hoy: "Esta sociedad está muy rota y quebrada; todos arrastramos muchas dificultades para relacionarnos -expresa el director-. Pero la reflexión final de la obra no es juzgar a los personajes, sino entender que, en el fondo, todos queremos ser amados, todos pedimos amor, pero no sabemos cómo hacerlo. Nos defendemos, nos peleamos y generamos una violencia involuntaria porque estamos desconcertados ante la vida".
Uno de los aportes más significativos de esta versión de Caricias es la fuerte irrupción de la tecnología cotidiana. Bazzalo reescribió pasajes para introducir a la telefonía celular y a las computadoras de mano, elementos que operan como distractores permanentes en la comunicación real. "La comunicación actual es complejísima. Hoy estamos todo el tiempo pendientes del teléfono celular, de los mensajes de WhatsApp o de los mails de trabajo, pero la realidad es que no estamos leyendo ni escuchando al otro. Estamos perdiendo la capacidad de comprender porque sufrimos una dispersión de la atención permanente, y esa dispersión nos deja cada vez más solos. La obra expone precisamente ese quiebre del diálogo", analiza. Aquí la entrevista completa:
Ese crudo reflejo genera un fuerte impacto en el público. Según relata el propio director, el sabor amargo de la puesta se transforma en debate apenas se encienden las luces de la sala: "Mucha gente sale muy entusiasmada y me dice: 'Bueno, ahora nos vamos a comer para hablar, hablar y hablar de lo que vimos'. El teatro te muestra un espejo que duele, pero que activa la necesidad de conectarse".
Frente a una abrumadora cartelera porteña que ofrece centenares de propuestas simultáneas, Andrés observa el fenómeno con una mezcla de sorpresa y simpatía, interpretándolo como un síntoma de época y un canal indispensable de supervivencia. "El teatro es la presencialidad, es un cuerpo en escena interpelando en vivo al espectador a través de una ceremonia irrepetible. Por eso nunca va a dejar de existir; funciona como una barricada, como los hombres-libro en Fahrenheit 451", destaca con pasión. Y concluye trazando un paralelo histórico: "Me sorprende el vigor artístico de Buenos Aires. Esta cantidad de estrenos es una forma de resistencia cultural. Recuerdo que durante la dictadura también había muchísimo teatro porque los canales políticos no existían. Hoy, esta explosión de salas y proyectos colectivos es un recurso de búsqueda de oxígeno, una necesidad imperiosa de unirse con el otro y salir del aislamiento individual".
Con un sólido elenco integrado por Julián Chertkoff, Poppy Murray, Adriana Dicaprio, Paula Rubinsztein, Jorge Prado, Joaquín Sequeira Vega, Martín Dodera, Mariana Cinat, Daniel Alvaredo, Felipe Mariuzzi y Silvia Kalfaian, Caricias se consolida en la escena independiente como una invitación urgente a deponer las defensas y mirarnos de frente.
Además la puesta cuenta con el diseño de luces de Soledad Ianni, el de vestuario de Adriana Dicaprio, de escenografía de Alejandro Mateo y producción ejecutiva de Poppy Murray. Las funciones son los domingos a las 20 en el Portón de Sánchez (Sánchez de Bustamante 1034, CABA). Encontrá acá más info sobre las entradas.
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