¿Es un mito la Tormenta de Santa Rosa? Lo que revelan 118 años de datos
Un informe del Servicio Meteorológico Nacional desmitifica la supuesta furia del temporal de finales de agosto. Cuál es la explicación científica detrás del fenómeno.

Hay eventos climáticos que parecieran tener días establecidos y que pocas veces faltan a su cita. La Tormenta de Santa Rosa no ocurrió en 51 oportunidades en 118 años de observaciones del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), una cifra que demuestra su recurrencia y que pronto se asocia con una tradición religiosa surgida en Lima, Perú, que la considera el peor temporal del año. Pero los datos refutan esta última idea, a la vez que sostienen que estas jornadas son propicias para su aparición.
Las observaciones realizadas en el período entre 1906 y 2023 por el Observatorio Central Buenos Aires y el posterior análisis revelaron que en la provincia de Buenos Aires la ocurrencia de tormentas aumenta durante las jornadas cercanas a las del 30 de agosto, una fecha en el calendario que se imagina como la más adversa del año producto de las plegarias de Isabel Flores de Oliva y de las poderosas mujeres que rezaron ante la invasión neerlandesa en Perú.
El relato popular que dio vida al mito se remonta al año 1615. Según la tradición, una flota de corsarios neerlandeses amenazaba con desembarcar y saquear la ciudad de Lima. Ante el inminente ataque, Isabel Flores de Oliva —quien más tarde sería canonizada como Santa Rosa de Lima— encabezó a un grupo de mujeres en una ferviente cadena de oraciones. En medio de los rezos, un desatado e inesperado temporal azotó las costas, impidiendo el avance de las embarcaciones enemigas y forzando su retirada. Desde entonces, la imaginería religiosa vinculó cualquier descarga acontecida a finales de agosto a la intercesión milagrosa de la santa patrona de América.
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Sin embargo, la ciencia desvincula cualquier factor místico o extraordinario de este evento y ofrece una explicación puramente atmosférica. Desde el Servicio Meteorológico Nacional detallan que la "Tormenta de Santa Rosa" no constituye una categoría meteorológica especial ni se trata necesariamente del choque climático más feroz del año. Su aparición responde al choque térmico propio del fin del invierno: a medida que agosto concluye, el Polo Sur se mantiene frío mientras que el continente comienza a calentarse por el aumento de la radiación solar. Esta combinación genera el ingreso de aire cálido y húmedo desde el norte que, al colisionar con las perturbaciones frías del oeste, desencadena la brusca inestabilidad eléctrica.


El minucioso estudio del SMN sobre los 118 años de datos registrados entre 1906 y 2023 en el Observatorio Central Buenos Aires corrobora la periodicidad del fenómeno en el centro del país: en 67 ocasiones —equivalentes al 57% de los casos evaluados— se registraron tormentas en la ventana de días que va del 25 de agosto al 4 de septiembre. El informe destaca además que desde la década del 90 se observó un marcado incremento en su asiduidad, siendo los años 1995, 2005, 2006, 2007 y 2013 las únicas excepciones donde el agua no se hizo presente en las fechas estimadas.
Asimismo, los registros aclaran dos aspectos clave para desacreditar el mito de la tormenta perfecta: en muchos de los años analizados las precipitaciones no fueron abundantes ni devastadoras, y el proceso no se manifiesta por igual en todo el territorio argentino. Mientras que el centro y el este del país resultan propicios para estas descargas eléctricas, en regiones como el Noroeste Argentino (NOA) la sequedad extrema del aire durante esta época del año vuelve casi imposible la formación de precipitaciones, confirmando que Santa Rosa es, ante todo, un choque de masas de aire atado al cambio de estación.
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