El oscuro final de la astróloga Lily Süllos y su hermano Luis: el mail que anunció su muerte, el influjo de la Luna llena y un pacto de sangre letal
El domingo 15 de septiembre de 2013 amaneció frío y lluvioso en Buenos Aires. La artista plástica Anikó Szabó…
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El domingo 15 de septiembre de 2013 amaneció frío y lluvioso en Buenos Aires. La artista plástica Anikó Szabó planeaba tomar el té con Lily Süllos cuando, antes de dirigirse a la casa de la astróloga, a quien quería como a una madre, encontró en su casilla de mails un mensaje escrito en húngaro:
Anikó: Me parece que Lenke tuvo un derrame cerebral serio. Se cayó en la bañera y ya no pudo pararse ni hablar. Eso pasó alrededor de las 23.30. Ahora estoy esperando que vuelva en sí. En caso contrario voy a cumplir con su deseo, que no sufra con un cerebro maltrecho, paralítica y con dolores, impotente. La solución es rápida y ruidosa. Llamé al médico; la sacaron de la bañera y la pusieron en la cama; dijo que había que llevarla a un geriátrico, donde mantienen con vida y torturan. Son pasadas las 9 de la mañana. La presión es normal, el pulso también, pero no puede caminar, no puede hablar, no puede ir al baño, no puede beber ni comer. Nos despedimos. Les deseamos mucha suerte; Luis.
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Lenke era Lily, la famosa astróloga, y quien firmaba era su hermano menor (llamado Ludwig al nacer, rebautizado Luis al llegar a la Argentina), inseparables el uno del otro desde que llegaron de Hungría en 1948, después de la Segunda Guerra, cuando ella tenía 15 y él apenas 5.
Desesperada, Aniko llamó a su amiga y, al no recibir respuesta, fue con su marido y la Policía al chalet oscuro de la calle Díaz Vélez al 1300, ubicado en el tranquilo barrio de La Lucila, Vicente López, donde Süllos se había mudado con su hermano al morir sus padres.
Todo estaba herméticamente cerrado y los bomberos tuvieron que forzar la puerta del garage. El aire se respiraba denso y cargado; el silencio era total. Metros más allá, en la primera planta, se encontraron con una escena siniestra. La célebre astróloga estaba muerta, sentada en un sillón en su dormitorio, con la cabeza ladeada y reventada de un tiro a la altura de la oreja, en un charco de sangre. En la habitación contigua estaba su hermano, también sin vida, tendido sobre la cama y con un disparo certero en la sien. Tenía restos de pólvora en su mano y, todavía aferrada, un arma casera que él mismo había fabricado, similar a un revólver calibre 32, con el que ejecutó a su hermana y luego se suicidó.
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Como había anunciado Luis, la solución había sido rápida y ruidosa. Dos disparos a corta distancia, uno para cada uno. Nadie en el barrio alertó al 911.
La noticia de la muerte de Süllos causó conmoción. Era una astróloga muy famosa en la Argentina, una pionera en su estudio y en su divulgación desde los 70, cuando la interpretación de los astros era conocimiento de unos pocos. Sus horóscopos llevaban años saliendo en revistas como Vosotras, Mía y Semanario; había publicado bestsellers y aparecía en los noticieros.
Lily era, para la época, la cara de la predicción astrológica, arte que había aprendido, según contaba, en la Escuela Mundial de Investigaciones Astrológicas (cuya única sede estaba, curiosamente, en Buenos Aires). Había estudiado medicina y luego fue fotógrafa de eventos sociales. Además, escribía cuentos de ciencia ficción y en los 90 se convirtió en un personaje mediático, número fijo de los programas de la tarde.
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Con su tonada húngara, Lily lanzaba predicciones y contaba los datos más insólitos sobre su vida cuando era invitada a los almuerzos de Mirtha Legrand. Empezando por su nacimiento, en 1928 en Budapest, cuando fue la única bebé en sobrevivir entre todos los recién nacidos del hospital. O cuando recordó, a sus 6 años, rastros de una vida pasada en Egipto, al ver Cleopatra en el cine y llorar porque las pirámides no eran como ella las había conocido. Tenía poderes de videncia, decía. Y ancestros que se remontaban al mismísimo conde Drácula. También aseguraba que se conectaba con extraterrestres y que habían sido ellos, en Chapadmalal, quienes la habían "curado" de una ceguera.
Detrás de esta mujer reconocida y amada por las cámaras, estaba su hermano. Luis era su mano derecha, su asistente, su compañero en todo. También, se sospecha, su escritor fantasma, quien presuntamente se ocupaba de la tediosa labor de redactar los kilómetros de horóscopos que le encargaban a Süllos en las revistas de actualidad.
Cada tanto Luis aparecía en entrevistas junto a su hermana, quien siempre le daba un lugar central. "Él es físico, sabe mucho de ingeniería, de mecánica, de música... ¡No sé de qué cosas no sabe!", decía Lily, con devoción total. ¿Uno de sus proyectos científicos? "Me ocupo de hacer control eléctrico de la gravedad para que algo deje de pesar mediante la utilización de dispositivos electrónicos", contó su hermano, en una nota radial. Así, como lo leen.
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Para muchos, los Süllos eran una suerte de matrimonio de hermanos como los del cuento Casa tomada, de Julio Cortázar. "Simbiosis mortal", tituló en su tapa la revista Noticias poco después de sus muertes, para intentar explicar esta inclasificable relación. Ninguno formó pareja ni tuvo familia. Él decía que estaba "casado con la Física"; ella, que su carta astral solo deparaba desgracias en el amor. Juntos editaron los discos Melodías del más allá, que presentaban como "recuerdos de otras vidas y otros mundos". Lily y Luis aseguraban que se comunicaban telepáticamente, y estuvieron unidos y juntos hasta el último respiro.
"Quiero dar mi último adiós a Lily Süllos, que estuvo muchísimas veces en este estudio. Era una relación fraternal muy extraña con su hermano, Luis. Ella llegaba y él la maquillaba, le ponía las pestañas postizas, la cuidaba. Se amaban. Era una relación extraña", los describió Mirtha en su programa, todavía impactada por sus muertes.
El misterio y la sensación de secreto espeso quedó instalado desde que se supo el horroroso final. Quienes llevaron adelante la investigación no indagaron demasiado: "Pacto suicida", afirmaron. "No querían separarse. Ya lo habían hablado. Habían hecho un pacto en el que si a alguno de los dos le pasaba algo, el otro lo iba a resolver de esta manera", aseguró Fabián Perroni, entonces jefe de la Departamental Conurbano norte, en declaraciones televisivas. "No podían vivir el uno sin el otro", contaría la artista Anikó, también de la comunidad húngara, a quien los Süllos querían como a una hija.
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Pero la explicación no convenció a varios de sus más cercanos. Como a Liliana Chelli (quien se presenta como duendóloga en el programa de Moria Casán y era ahijada de Lily), para quien no había existido ni un pacto ni "nada raro" entre ellos. A Chelli le hacía ruido, y mucho, ese final planificado.
"Sabiendo lo creyente que era Lily en Dios, no sé. Entiendo lo del mail, ¿pero viste cuando las cosas no cierran...? Hablamos muchas veces con ella del respeto al Creador, de que Dios es el que te da la vida y el que te la quita", dijo Chelli a Canal 26, en shock por la tragedia. "Hablé con ella la semana pasada y, si bien era una mujer grande que tenía sus cosas, estaba todo más que bien", destacó. Puertas adentro, Luis veía otra película.
En agosto, semanas antes del tiro que su hermano le descerrajó en la cabeza, Lily había tenido un leve ACV mientras ambos hacían un trámite en el banco. Las manos y las piernas dejaron de responderle y se quedó sin habla durante unos minutos, aunque no le quedaron secuelas. Sin embargo, el miedo se acomodó en el hogar de La Lucila como un tercer integrante.
¿Estaba tan mal Lily como aseguraba Luis en ese mail de despedida? Esto decía Chelli: "Pudo haber estado enferma, pero no sé si para tanto. Tenía todo muy claro: dejó pasar su vejez bien, no era una persona que los años le pesaban". Otro dato inquietante, y que no se develó en la investigación, tiene que ver con el médico que supuestamente atendió a Lily esa mañana de la caída en el baño. La información que trascendió sobre la causa no permite corroborar que esa visita médica haya existido.
Y hay más.
Para contrastar con esa versión de una Lily incapacitada del terrible mensaje de Luis, hubo testigos que juraban otra cosa. "Se peinó y se maquilló ella sola", declaró el fotógrafo que le había hecho las fotos a Süllos, apenas seis días antes del crimen, para el anuario astrológico que publicarían los hermanos.
Lo cierto es que Lily, que en 1999 había dicho que no creía en la muerte, parecía que se preparaba para el final. "No voy a llegar", le venía diciendo a sus amigas en las últimas semanas, con seguridad y sin drama, cuando empezaron a preguntarle sobre cómo festejaría su cumpleaños de 85, el 27 de septiembre.
Pero había un detalle del que casi nadie hablaba al momento de la investigación: Luis Süllos también estaba enfermo. Según contó Chelli, el hombre tenía cáncer de próstata desde 2012 y muy pocos lo sabían. Las preguntas que se abren son muchas. ¿Habían realmente acordado ese final sangriento? ¿El pacto nació del sufrimiento de Lily o del miedo de Luis a quedarse sin ella? Quienes los conocieron coincidían: la dependencia era total.
"Luis era muy introvertido, estaba siempre con sus experimentos. Eran muy estudiosos los dos. Todo lo que estaba en la casa lo había hecho Luis", contó la duendóloga sobre el hermano de Lily, el epítome del "científico loco" del que no se conocen fotos de él solo. Por lo pronto, el hombre tenía un laboratorio montado en su casa el cual: Chelli reconoció que sí, "daba como miedo". Ella, una de las pocas que pudo ver de cerca la dinámica de los hermanos, recuerda aquella mirada perspicaz que más de una vez la intimidó. Lily celebraba, divertida, esa incomodidad que su hermano (a quien llamaba Cocodrilo, por la voracidad con la que devoraba las comidas que le preparaba) le generaba. "Se reía tanto cuando se lo decía… La relación entre ellos era muy linda, eran como una mamá y un nene".
Sin herederos ni familiares, los Süllos partieron juntos de este plano con dos estrepitosos disparos y dejando atrás una vivienda cargada, que con los meses generó todo tipo de miedos y rumores paranormales entre los vecinos. "La casa quedó con una energía extraña, muy pesada e invasora desde que ellos se fueron a otra dimensión", fue una de las últimas declaraciones de Anikó Szabó sobre ese chalet donde alguno de los dos escribió el último horóscopo que, bajo la firma de Lily Süllos, publicó la revista Semanario:
Según las estadísticas policiales, la mayor cantidad de accidentes y crímenes ocurren bajo el influjo de la Luna llena. Debemos ser más prudentes. La Luna llena nunca es buena.
Cuatro días después de la muerte de los hermanos Süllos, el 19 de septiembre de 2013, se perfeccionó la Luna llena.
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