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El infortunio que la condenó, una carrera arruinada de golpe y una vida que se apagó de a poco: la tragedia de María Amuchástegui, la mujer que no escapó del mito

A mediados de 1986, mientras el país seguía de festejo por la consagración de la Selección Argentina en el Mu…

Por Florencia Zielinski10 min
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El infortunio que la condenó, una carrera arruinada de golpe y una vida que se apagó de a poco: la tragedia de María Amuchástegui, la mujer que no escapó del mito
El infortunio que la condenó, una carrera arruinada de golpe y una vida que se apagó de a poco: la tragedia de María Amuchástegui, la mujer que no escapó del mito

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A mediados de 1986, mientras el país seguía de festejo por la consagración de la Selección Argentina en el Mundial de México con Diego Maradona, en el Congreso se debatía el divorcio vincular y la moneda vigente era el austral, un chimento escatológico sobre María Amuchástegui corrió como la pólvora, se multiplicó por el boca a boca y se instaló en la memoria colectiva, llevándose puesta la carrera de la pionera del fitness.

María estaba en la cima del éxito y era famosísima. Le daba clases particulares a Susana Giménez y otras celebridades. Mucho antes de los tutoriales de YouTube, era ella quien se metía en las casas de las personas para ponerlas en movimiento con su programa Buen día, María. "Uno, dos, tres… ¡ocho más!", arengaba sonriente y a los gritos desde la colchoneta, con sus polainas, calzas metalizadas y vincha, motivando a la audiencia a seguir sudando frente a la tele para tonificar el cuerpo.

Hasta que un día, alguien dijo que a la conductora se le había escapado un gas mientras enseñaba un ejercicio. Según contó, aquella mañana María estaba haciendo un "combinado", un movimiento abdominal bastante traicionero y comprometido, con las piernas en alto, que la dejó expuesta en una mala pasada gastrointestinal. Fue un escándalo, nadie lo pudo parar, y Amuchástegui quedó marcada.

"Se lo tiró y, muerta de vergüenza, se fue corriendo del estudio, rota en llanto y tapándose el rostro", cuchicheaban entre risas mujeres y hombres, niños y niñas, abuelas y empleados de comercio, bancarios, perros y gatos. "El doctor Borocotó enseguida salió del paso y habló de los gases matinales, tan normales", completaban el chisme en verdulerías, almacenes, escuelas, oficinas, por teléfono de línea, desde Ushuaia hasta La Quiaca, sobre la presunta reacción del compañero de la gimnasta.

La flatulencia que le adjudicaron a María fue tomando dimensiones épicas y cada vez más datos agrandaban lo que supuestamente había ocurrido en ATC, donde Amuchástegui tenía su exitoso programa de gimnasia y salud. 

Eran tiempos de rumores largos que se amasaban de a poco y, una vez instalados, se amalgamaban con la realidad. La versión del gas de María fue leudando hasta que llegó a las portadas de las revistas y a la tele. Y cuando alguien quiso indagar e ir a las fuentes, no aparecieron pruebas. No había ni un solo registro en video del accidente del que nadie tenía ni una sola duda de que había ocurrido. Incluso había quienes aseguraban haberlo visto en pantalla. Pero ni los archivistas más concienzudos lograron encontrarlo. Había nacido el mito urbano más potente (y destructor) de la historia de la televisión argentina.

El 28 de agosto de 1986, la gimnasta apareció en la tapa de la revista La Semana, con un tapado de piel y cubriéndose la cara. "El increíble caso de lo que dicen que hizo María Amuchástegui", decía el titular. En sus páginas, la palabra más buscada. "Me enteré hace más o menos un mes. Mis amigas comenzaron a llamarme. Al principio, no entendía lo que me decían. Ellas mismas se sentían avergonzadas", dijo.

"Después me contaron que La noticia rebelde levantó el malentendido y el asunto creció. No sé por qué lo habrán hecho y quién habrá sido… Podrían haber inventado algo más veraz", avanzó María, sobre el segundo rumor que quedó establecido. Y que había sido el legendario programa humorístico de Jorge Guinzburg, Adolfo Castelo, Carlos Abrebaya, Nicolás Repetto y Raúl Becerra el culpable en amplificar el asunto, al aparecer al aire portando máscaras antigases y bromeando al respecto. Cosa que, insólitamente, tampoco ocurrió.

"Nada de esto ha sido cierto. Nada de esto ha pertenecido a la realidad. Y todo, absolutamente todo, configura un extrañísimo caso de creencia colectiva a partir de un hecho inexistente", aclaraba incluso aquella crónica que detectó el origen de esta bola de nieve en un chisme entre empleados de otra emisora, Canal 11: "Me dijeron que se escuchó un ruido rarísimo en el programa de Amuchástegui mientras hacía gimnasia. ¿Habrá sido un…?". Eso fue todo. 

Lo que no fue chiste fue el drama que en carne propia sufrió la conductora, hasta ese entonces, la cara de primerísimas marcas de la época. Para hacerse una idea, María era la Messi del gym. Con su sonrisa de dientes brillantes vendía leches, quesos, dulces diet, videos, fascículos, zapatillas, mallas para aerobics, todo lo imaginable dentro del mundo de lo saludable en los 80. Pero los contratos se cayeron, las marcas se retiraron. Nadie quería quedarse pegado.

La estrella de María se apagó luego del evento desafortunado. "El blooper le perjudicó la carrera. Después de eso, presenté su programa en el 7, en el 9, en América, y me dijeron que no. En los canales, nunca me lo comentaron en forma directa, pero uno tiene amigos y te das cuenta por qué bochan un programa si usás la sensibilidad", dijo su productor Adrián Amenábar, que insistió durante años con el producto hasta que se rindió.

De esa flatulencia que nunca existió tampoco logró escapar el único hijo de Amuchástegui. Juan José Alberdi, quenació en 1988 (dos años después del supuesto hecho), sufrió un infierno de burlas y bromas pesadas, especialmente en la secundaria. "El bullying, el acoso y el hostigamiento eran el pan de cada día. Era la ley de la selva. Fue muy duro", dijo sobre ese martirio que su mamá no pudo frenar y que intentaba ayudarlo a minimizar. "No le des bola, si te reís les sacás el poder", le decía. Ella, que nunca expresó públicamente ni adelante de su hijo su bronca por el derrumbe, puertas adentro y cuando él no la veía, se descargaba. Años más tarde, enfermó de cáncer. "Si hay alguien que conocía su cuerpo era mamá", dijo su hijo.

El presunto accidente se convirtió en el elefante en la habitación cada vez que a Amuchástegui le hacían una nota. Una y otra vez, la misma pregunta: "¿Es verdad que…?". Y María no se cansaba de explicar, con toda la paciencia del mundo, que cómo iba a ser cierto, si todos los programas salían al aire ya grabados. "Y claro, si el accidente hubiese ocurrido, no hubiera salido al aire —razonaba—. Figurate que cuando en la grabación se filtra algún ruido, se hace todo de nuevo. Lo mismo cuando hay una falla en la parte musical. Si hubiera sucedido, hubiéramos hecho lo mismo que hacemos cuando hay algo que no nos gusta: lo borramos y volvemos a grabar".

¿Hubo boicot? Así lo sostiene su hijo, hoy al frente de un espacio terapéutico que contiene a adolescentes víctimas de bullying. "¿Por qué lo hicieron? Es un misterio". Alberdi piensa que su madre, una figura importante en un medio difícil, pagó caro el hecho de ser mujer en los 80. También señala que había cierto prejuicio o molestia con la clase social de Amuchástegui, cuya abuela era nieta de Justo José de Urquiza. ¿Alguien se la tenía jurada? María, que también tenía gimnasios en Buenos Aires, siempre se la recordó como a una mujer súper exigente con su trabajo, que no se callaba nada, que ganaba mucha plata y era influyente. Y eso, en ese entonces, caía mal. 

¿Y qué dijeron quienes estaban cerca de la conductora cuando todo estalló? Juan Carlos López, su maquillador de aquella época, le aseguró al periodista Cicco que "las tarimas hacían más ruido que otra cosa". "Nunca salió. Para mí fue un invento. Nadie se refiere a María hoy como la precursora del fitness sino por el gas, y eso es lamentable. Fue tapado por un chiste que, en dos minutos, tiró todo al diablo", lamentó.

Elena Cánepa, una de las chicas que hacían gimnasia en Buen día María y que estaba de viaje en ese momento, contó que al volver la enloquecieron a preguntas. "Yo decía que era imposible. Pero me decían: 'Una amiga lo vio'. Cuando iba a ver a la amiga me decía que otra lo había visto. Nunca encontré a nadie que lo hubiese visto. Seguramente, María creaba envidias. Siempre la gente que se destaca es envidiada".

El director del programa también habló, muchos años más tarde. Además de recordar a María como "una mina muy pero muy fina" y "cuidadosa de todos esos detalles", aseguró que se trabajaba con un micrófono solapero, no con uno de aire. "Si un ruido retumba en el suelo, lo escuchás. Cuando algo salía mal, parábamos y grabábamos de nuevo", precisó. Técnicamente, el asunto era imposible. Y sin embargo…

Durante 30 años, todos negaron esa famosa flatulencia que condenó a una mujer que lo tenía todo: talento, carisma, fama, dinero, belleza, fama, familia y amor. Todos lo negaron menos una persona, que juró haber sido testigo: uno de los gimnastas que la acompañaban en las coreos, al fondo. Lo contó dos veces: en la tele, en una entrevista para El Rayo, a Dolores Barreiro, y a Cicco, quien durante años vivió obsesionado con escribir un libro sobre María Amuchástegui. 

"El pedo se lo tiró. Yo estaba atrás. Y es tal cual como se dijo. Estábamos haciendo repeticiones de abdominales y se escuchó el ruido. Tal vez, si nadie hacía referencia a eso, hubiese pasado. Pero ella se puso de pie, y salió corriendo del estudio. Estaba escandalizada. ¿Qué rumor ni qué rumor? ¡Si yo lo vi con mis propios ojos!". Eso contó Aníbal Silveyra, cuando ya era un actor de musicales en ascenso.

Paradojas del destino: años más tarde el propio Silveyra padeció el convertirse en meme y en hazmerreír tras protagonizar Un buen día, considerada la "mejor peor película argentina".

"Nunca se me escapó. Vos lo sabés mejor que nadie. Ni frente a la cámara ni afuera. Tengo control absoluto", fue una de las últimas explicaciones que dio María —ya con la sonrisa cansada— al propio Guinzburg allá por 1999, en La Biblia y el Calefón. 

Había sido la Jane Fonda argentina y ya no hacía tele. Ahora se limitaba aparecer, cada tanto y cuando la llamaban, en programas como Sábado bus, CQC, Cuestión de peso y, más tarde, la ficción Graduados, donde interpretó a una profesora de danzas. Pero antes, había intentado un nuevo resurgir en el terreno de la música: en 2005 lanzó un disco de canciones de amor llamado Camino de espejos, que en la radio ni lo pasaron porque el pasado no la soltaba.

Años más tarde, Guinzburg, ya enfermo y hastiado de explicar que La noticia rebelde no había tenido nada que ver, contó que todavía había gente que le recordaba lo que le habían hecho a María con sus compañeros. "Le cagaron la carrera", le reprochaban. "Y sí...", respondía él. Tiempo después aclararía por qué: "Ya no quiero explicar más que no tuvimos nada que ver. Que la gente se haga la película que quiera".

Recién en 2016 María reapareció y se mostró radiante en el casamiento de su hijo. Un año más tarde, quedó internada en el Sanatorio de La Trinidad por un ACV. Poco antes le habían encontrado un tumor maligno en un brazo. Aunque se lo amputaron, ya era tarde: el cáncer había hecho metástasis en un pulmón. Tras dos meses internada, murió el 19 de julio de 2017, a los 64 años.

Para entonces, aquel supuesto accidente llevaba más de 30 años instalado en la memoria colectiva. Las máscaras de gas de La noticia rebelde, el estruendoso ruido del gas: detalles de una misma historia que, con el tiempo, se fundieron en un único recuerdo.

¿Cómo se llama cuando varias personas recuerdan de la misma manera algo que nunca ocurrió? Efecto Mandela. Y quizá no haya mejor ejemplo en nuestro país que el de María Amuchástegui, la primera cancelada del medio por algo que nunca pasó.

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