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El hombre que esperó más de 40 años para disfrutar un Mundial y volvió a un paraje tucumano que el agua casi hizo desaparecer

Francisco Jerez nació en Sol de Mayo en 1954 y tuvo que mudarse a Barrancas por las inundaciones. Durante los primeros títulos de Argentina el trabajo siempre estuvo por delante del fútbol. Recién en Qatar 2022 pudo vivir un Mundial con tranquilidad y ahora espera volver a gritar…

Por Benjamín Papaterra3 min
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El hombre que esperó más de 40 años para disfrutar un Mundial y volvió a un paraje tucumano que el agua casi hizo desaparecer
El hombre que esperó más de 40 años para disfrutar un Mundial y volvió a un paraje tucumano que el agua casi hizo desaparecer

Resumen para apurados

Francisco Jerez nunca pudo vivir los primeros títulos mundiales de la Selección como la mayoría de los argentinos. En 1978, mientras Mario Kempes levantaba la primera Copa del Mundo para el país, él trabajaba en el Ingenio Marapa. Los partidos quedaban en un segundo plano. Si había tiempo, veía alguna imagen en un televisor donde se reunían sus compañeros o escuchaba algún relato por radio. Lo importante era cumplir con la jornada laboral. Ocho años después, cuando Diego Maradona llevó a Argentina a la gloria en México, la historia volvió a repetirse. El trabajo seguía ocupando el primer lugar y, además, debía ayudar a su madre y a sus hermanos. "Yo trabajaba para ayudar a mi madre y mantener a mis hermanos", recuerda. Recién durante el Mundial de Qatar 2022 sintió que podía disfrutar realmente una Copa del Mundo.

Ahora espera cada partido de la Selección con otra tranquilidad. "Hoy voy a estar esperando que llegue el momento en que juegue nuestro equipo", dice con una sonrisa. A Francisco le alcanza con seguir a Argentina por televisión a través de la señal abierta. Como ocurre en muchos parajes de la zona, acceder a todos los encuentros del Mundial implica pagar servicios que no siempre están disponibles. Por eso, cuando juega la Selección, el televisor se convierte en el centro de la casa.

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La ilusión también pasa por Lionel Messi. Como tantos argentinos, espera que el capitán vuelva a conducir al equipo hacia otro título. Pero cada Mundial también despierta otros recuerdos. Francisco nació en Sol de Mayo en 1954. Vivió allí hasta 1980, cuando las inundaciones comenzaron a transformar definitivamente la vida del paraje y decidió mudarse a Barrancas. Sin embargo, nunca dejó de volver.

"Lo único que me da satisfacción es volver a ver mi pago. Nunca lo voy a olvidar", asegura. En cada regreso aparecen imágenes de un pueblo completamente distinto al actual. Recuerda que había muchas familias viviendo en la zona y que la mayoría se dedicaba a la cría de ovejas y ganado. También recuerda que los caminos eran parte de la vida cotidiana. Por allí transitaban carros, caballos y jardineras. Los carboneros cruzaban para vender su producción y los trabajadores de la caña utilizaban esos mismos senderos para llegar a los ingenios.

Todo comenzó a cambiar cuando las inundaciones empezaron a repetirse. "Empezó a molestar el agua y la gente tuvo que irse", dice. Por eso él también tomó la decisión de mudarse. Aunque cambió de domicilio, nunca perdió el vínculo con el lugar donde nació. Cada vez que vuelve, aprovecha para recorrer los sitios que marcaron su infancia.

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Uno de ellos es la Escuela N° 151 de Sol de Mayo. Allí aprendió a leer y escribir. "Me he educado en esa escuela", cuenta con orgullo. Hoy lamenta el estado en que quedó el edificio, convertido en un símbolo de todo lo que fue perdiendo la zona con el paso de los años. En su memoria también sobreviven nombres de parajes que prácticamente desaparecieron. Menciona San Antonio de Quisca, Lazarte, La Grama y otros poblados que, según recuerda, estaban conectados por los caminos que atravesaban Sol de Mayo. "Por aquí pasaba mucha gente", dice.

Francisco también sigue con preocupación la situación de la zona. Explica que el agua que baja desde Catamarca termina desbordando el Marapa y provoca nuevas inundaciones. "Tenemos que estar pensando que el agua nos va a llegar otra vez", advierte. Por eso considera que hacen falta obras para evitar que el agua continúe avanzando sobre los poblados.

Mientras tanto, el Mundial ofrece un momento distinto. Ya no es aquel joven que dejaba el fútbol de lado porque debía trabajar. Ahora puede esperar los partidos de Argentina con calma y disfrutar de cada presentación de Messi. Después de más de cuatro décadas, siente que por fin tiene el tiempo para vivir un Mundial como siempre hubiera querido. Y cada vez que la Selección sale a la cancha, también vuelve, aunque sea por un instante, al pueblo donde nació y donde todavía siente que permanece una parte de su historia.

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