El "chip copero" de Atlético Tucumán: por qué el equipo de Falcioni muestra su versión más letal en los mano a mano
Tras volver a los cuartos de final de la Copa Argentina luego de nueve años, el "Decano" expone las razones de su transformación. La urgencia del "matar o morir", las confesiones de Laméndola y Nicola, y las claves de un plantel que sube una marcha en los duelos de eliminación directa.

Resumen para apurados
Nueve años. Ese es el tiempo que pasó desde la última vez que Atlético Tucumán jugó unos cuartos de final de la Copa Argentina. Para llegar ahí necesitó dos actuaciones que, miradas en conjunto, dejan una lectura interesante: contra Talleres de Córdoba goleó 3-0 y ahora, ante Independiente, redondeó un 4-0 categórico. Dos golpes de nocaut en la misma competencia. Y la pregunta que surge no es si Atlético mejoró bajo el mando de Julio César Falcioni —eso ya es un hecho, visible también en el torneo local—, sino por qué en la Copa aparece una versión todavía más filosa del mismo equipo.
El progreso futbolístico viene de antes y por fuera de la Copa. Antes del traspié frente a Sarmiento, el "Decano" ya había mostrado señales sólidas: buenos partidos de visitante contra Huracán y Central Córdoba, y un debut de Clausura en el que igualó de local frente a Independiente Rivadavia, hoy puntero de la tabla anual. Lo ocurrido frente al "Verde" de Junín fue, más que una muestra de flaqueza generalizada, un partido puntual mal resuelto: el rival planteó un esquema de contragolpe y a Atlético le costó específicamente hacerse cargo de la responsabilidad de ir a buscar el resultado. "Fue un partido raro", reconoció Nicolás Laméndola. "Nos faltó eso, la actitud de querer ir a ganar el partido", agregó Franco Nicola.
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Ahí está la clave de lo que distingue a la Copa: no es un cambio de funcionamiento, es un cambio de actitud. El propio Nicola lo explicó sin vueltas: "Obviamente influye, porque son partidos de eliminación directa y puede pasar cualquier cosa, entonces sabemos que hay que dejar la vida en estos partidos y los tomamos como lo que son". Y fue todavía más contundente sobre lo que hay en juego: "En la Copa Argentina venimos a dejar el alma. Sabemos que es muy importante para nosotros porque nos clasifica a una copa, eso genera dinero al club". No es un tecnicismo lo que cambia; es que el equipo entiende que ahí no hay revancha posible, y esa urgencia parece sacarle una marcha extra.
Ese temple quedó a la vista en el momento bisagra del partido ante el conjunto de Avellaneda. A los 25 minutos, con el marcador todavía en cero, el VAR sancionó un penal a favor del "Rojo" que Santiago Montiel estrelló en el poste. Atlético no se descontroló ni se replegó: al contrario, salió de esa jugada con más convicción y, segundos después, llegó el primer gol.
En el medio de los dos partidos de Copa hay un nombre que resume ese salto: Nicolás Laméndola. Contra Talleres fue una pieza importante, si bien no la figura excluyente. Ante Independiente fue el dueño de la cancha: dos goles, dos asistencias y una corrida de más de 30 metros para abrir el marcador. Entre uno y otro, el mediocampista atravesó la negociación que estuvo cerca de llevarlo a Newell's y que lo dejó afuera de un partido mientras se definía.
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Pero la novela quedó atrás y el propio Laméndola la cerró en la zona mixta: "Eso ya es parte del pasado. Estoy en Atlético, que es mi casa, como siempre digo, y de aquí vamos para adelante".
En la cancha, además, quedó claro que esa cabeza volvió a estar ciento por ciento puesta en el club: pese al 4-0 en el marcador, siguió tirándose al piso y peleando cada pelota como si el resultado estuviera en duda. Consultado por esa actitud, no dudó: "Es compromiso, creo. No sé, también la euforia, qué sé yo, no sé qué decirte de eso, pero nada, estoy contento. Estamos atentos".
Algo parecido, aunque con otro origen, le pasó a Nicola. El autor del tercer gol venía de algunos rendimientos bajos en el equipo y ante el "Rojo" se redimió totalmente: pidió la pelota, gambeteó, acompañó cada ataque y convirtió. Dos historias distintas —una de mercado, otra de nivel futbolístico— que terminaron confluyendo en la misma noche y en la misma idea: la Copa parece devolverle certezas a quien las había perdido.
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Incluso puertas adentro se deja ver el valor que el plantel le da a la Copa Argentina. Falcioni contó que a Leonel Vega lo había preservado en la fecha anterior del torneo justamente para que llegara en mejores condiciones a este cruce. Un gesto que, sin decirlo con esas palabras, marca la prioridad que se le da al certamen de eliminación directa.
Falta que se termine de jugar el resto de los octavos y todavía no hay fecha para los cuartos de final. Mientras tanto, el desafío para Atlético es otro: sostener en el día a día del campeonato el mismo hambre y responsabilidad que mostró esas dos noches coperas. El propio "Chueco" Laméndola pareció buscar ese convencimiento en la zona mixta, ante la consulta de si los ilusionaba estar a dos partidos de jugar por un título: "Vamos paso a paso, amigo… Vamos paso a paso... Hay una final el lunes y vamos por eso".
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