Drogas y salud mental en Tucumán: "Si abandonamos las políticas sociales en los barrios, regalamos el campo al narcotráfico"
Emilio Mustafá advirtió sobre el impacto de la falta de oportunidades. Contó que en Los Vázquez hubo 10 intentos de suicidio en dos meses, nueve de ellos entre adolescentes de 14 a 16 años.

Resumen para apurados
Diez intentos de suicidio en apenas dos meses. Nueve de ellos protagonizados por adolescentes de entre 14 y 16 años. El dato fue uno de los que llevó a los vecinos de Los Vázquez y de otros barrios del sur de San Miguel de Tucumán a reunirse para hablar de una problemática que dejó de ser silenciosa. Y es, nada menos, la salud mental de los jóvenes y el avance del narcomenudeo en zonas atravesadas por la vulnerabilidad social.
La asamblea se realizó en el Club Social y Cultural Deportivo de Los Vázquez y reunió a vecinos, referentes barriales y representantes de distintas áreas del Estado. Allí se habló de urgencias, de prevención, de acompañamiento a las familias y de la necesidad de recuperar espacios comunitarios frente a una realidad que, según advierten los especialistas, puede dejar cada vez más terreno libre al narcotráfico.
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"Si nosotros abandonamos las políticas sociales en los barrios, regalamos el campo al narcotráfico", advirtió a LA GACETA Emilio Mustafá, psicólogo social y director de Asistencia y Prevención de Adicciones. Para el especialista, la discusión no puede reducirse al combate contra la venta de drogas: también implica disputar los sentidos que el narcomenudeo construye entre los adolescentes y ofrecerles alternativas concretas para imaginar un futuro.
Mustafá explicó que el fenómeno de los suicidios es "policausal" y que no puede vincularse exclusivamente con el consumo de sustancias. En las conductas suicidas también intervienen factores sociales, culturales y psicológicos. Sin embargo, sostuvo que existe una relación que debe ser observada con especial atención, sobre todo cuando las situaciones aparecen a edades cada vez más tempranas.
"Ser joven en Argentina es muy angustiante. El futuro aparece como amenazante", dijo.
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La preocupación adquiere una dimensión concreta en los barrios del sur. Según explicó Mustafá, los equipos que trabajan en territorio registraron 10 intentos de suicidio durante los últimos dos meses en el cuadrante que comprende Costanera, Piedritas, la zona de la Autopista Sur, Los Vázquez, Heredia, San Cayetano y Villa Angelina. Nueve de esos casos corresponden a chicos de entre 14 y 16 años.
"Que en una edad tan chica haya sido tan fuerte en este período de dos meses haber tenido 10 intentos, y más que nada de 14 a 16 la mayoría, ha angustiado mucho a los papás", explicó.
La situación llevó a los vecinos a organizarse. Para Mustafá, esa reacción comunitaria es en sí misma una herramienta de prevención: permite poner en común las angustias, romper el aislamiento y construir respuestas antes de que las situaciones se vuelvan irreversibles.
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Durante la asamblea también apareció otra preocupación: la naturalización de la venta de drogas en los barrios y el discurso que, según Mustafá, el narcomenudeo intenta instalar entre los jóvenes.
El especialista habló de "estrategias ideológicas" que exceden la venta de sustancias. El narcotráfico, sostuvo, también disputa valores y formas de pensar el futuro.
"¿Para qué vas a trabajar? ¿Para qué vas a estudiar? Tenés que vender droga", ejemplificó sobre los mensajes que reciben algunos adolescentes.
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La lógica, explicó, es sencilla y peligrosa: mientras estudiar o trabajar supone esperar y proyectar, el narcomenudeo promete dinero y consumo inmediato. La moto que se puede comprar en pocos meses aparece así como una recompensa concreta frente a un futuro laboral que parece demasiado lejano.
"Hay una instalación de una narrativa donde la estética se instala sobre la ética", resumió Mustafá.


Para el psicólogo social, esa transformación también erosiona los vínculos comunitarios y los códigos que históricamente funcionaron como mecanismos de protección en los barrios. "Una cosa que hace el narcotráfico es romper los vínculos comunitarios, los vínculos de solidaridad", afirmó.
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Por eso, planteó que la respuesta no puede limitarse a la seguridad. También debe recuperar los espacios donde los adolescentes puedan encontrar pertenencia, acompañamiento y oportunidades.
"Es muy necesario tener una red articulada para cuidar a los chicos y dar oportunidades también. Creo que esa es la gran batalla".
En la asamblea participaron equipos del Ministerio de Salud, la Dirección de Salud Mental, el Ministerio de Educación y la Secretaría de Adicciones. Uno de los objetivos fue definir respuestas concretas para las situaciones de urgencia y mejorar la articulación entre las instituciones que trabajan en la zona.
Entre las propuestas mencionadas aparece el fortalecimiento de centros y guardias de salud para atender situaciones de crisis, además de la creación de una mesa intersectorial que reúna a vecinos, escuelas, equipos sanitarios y organismos vinculados con las adicciones.
También se planteó reforzar el trabajo de los clubes barriales, merenderos y escuelas, además de establecer mecanismos de seguimiento para los adolescentes que atraviesan situaciones de riesgo.
Para Mustafá, la prevención empieza mucho antes de una crisis. Y en ese punto vuelve a aparecer el papel del Estado. "Si nosotros abandonamos las políticas sociales en los barrios, regalamos el campo al narcotráfico", insistió.
La frase resume su diagnóstico: cuando desaparecen los espacios comunitarios, las oportunidades educativas, el acompañamiento y las redes de contención, otros actores ocupan ese lugar.
Mustafá también cuestionó la idea de que el consumo problemático y los suicidios sean fenómenos exclusivos de los barrios pobres. Según explicó, atraviesan distintos sectores sociales. "Confluye el vacío de no tener nada con el vacío de tenerlo todo", sintetizó.
En los sectores vulnerables, ese vacío puede estar asociado a la falta de oportunidades y de perspectivas. En otros sectores, puede aparecer aun cuando las necesidades materiales estén cubiertas. El punto en común, sostuvo, es una profunda sensación de deshumanización y falta de horizonte.
Por eso, consideró necesario evitar que estas situaciones se naturalicen. "Un rasgo de salud mental es que la gente se pueda volver a encontrar y organizar".
La asamblea de Los Vázquez buscó precisamente eso: que los vecinos pudieran hablar de lo que ocurre, que las instituciones escucharan y que la preocupación por los adolescentes se transformara en acciones concretas.
"El rol, cuando se habla de un Estado presente, no es solamente estar, sino también escuchar, acompañar, proponer e intentar modificar posibilidades", concluyó Mustafá
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