Dos tucumanos en el fenómeno "Moria" cuentan sus experiencias: del escenario local al éxito de Netflix
Los artistas se conocieron en Tucumán y años después coincidieron en la producción biográfica de Moria Casán. La serie los encontró en distintos momentos de sus carreras en Buenos Aires.

Resumen para apurados
"Lo siento como una caricia a todo el esfuerzo que hice para poder crecer", dice Paula Pastrana cuando intenta explicar qué significa para ella formar parte de la serie biográfica sobre Moria Casán. Germán Haro lo resume desde otro lugar: "Fue una alegría muy grande participar de una serie con tanta producción". Los dos son tucumanos, se formaron en disciplinas distintas y construyeron sus carreras en Buenos Aires. Ahora comparten también un lugar dentro de uno de los éxitos de Netflix.
La serie, "Moria", de ocho episodios inspirada en la vida, la carrera y la construcción pública de la vedette ocupa el primer puesto entre las producciones más vistas de la plataforma en la Argentina y Uruguay y logró ingresar al Top 10 global de series de habla no inglesa.
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La ficción recorre distintas etapas de la vida de la artista, desde sus primeros años como Ana María Casanova hasta su transformación en vedette, actriz y conductora. Griselda Siciliani, Cecilia Roth y Sofía Gala Castiglione interpretan diferentes versiones de Moria en un relato que combina hechos reales, humor, drama y una puesta visual ligada al mundo de la revista y la televisión.
Dentro de ese universo aparecen Pastrana y Haro. Ella interpreta a Ale, una de las empleadas de Moria. Él participa como bailarín en el primer capítulo y también tiene una breve intervención actoral. Detrás de esas apariciones hay años de formación, castings, trabajos y una amistad que comenzó en Tucumán mucho antes de que los dos coincidieran frente a las cámaras.
Paula estudió la Licenciatura en Artes Dramáticas en la UNT. Fueron seis años de formación, a los que sumó estudios de canto y danza desde chica. "Mi fuerte y mi pasión siempre fue la actuación", cuenta.
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Hace 10 años que vive en Buenos Aires. En los últimos dos o tres comenzó a trabajar con mayor frecuencia en producciones audiovisuales y uno de sus primeros papeles importantes llegó con la nueva versión de "Soy Luna", de Disney. Luego participó en "El Marginal" y "En el barro", experiencias que le permitieron entrar en contacto con directores y responsables de casting.
Esos vínculos fueron decisivos cuando apareció "Moria". Los responsables de selección ya conocían su trabajo y la convocaron a una prueba. En un principio hizo el casting para interpretar a Frida, una de las empleadas más conocidas de Casán, pero el director, Javier Van de Couter consideró que el personaje debía tener más edad y le ofreció otro papel.
"Me ofreció interpretar a Ale, otra de sus tres empleadas", cuenta Pastrana. Las tres trabajadoras que aparecen en la ficción existieron realmente y conservan sus nombres.
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Ale aparece desde el tercer episodio hasta el penúltimo y la actriz completó 12 jornadas de rodaje. Gran parte de sus escenas las compartió con Siciliani. Para construir el personaje también tuvieron acceso a recuerdos aportados directamente por Moria. "Moria le enviaba audios a Javier y después él nos los hacía escuchar. Nos contaba cómo eran realmente sus empleadas, cómo se manejaban en la casa y cuál era el nivel de confianza que tenía con ellas", relata.
El trabajo previo incluyó ensayos con una coach actoral y el acompañamiento permanente del director. La búsqueda consistía en sostener una construcción particular de los personajes sin convertirlos en caricaturas.
Las jornadas podían superar las ocho horas y, en algunos casos, incluían más de una escena por día. Parte del rodaje se realizó en una mansión que Pastrana recuerda por sus pavos reales, una zona de bosque y distintos animales. Sin embargo, lo que más la impactó fue encontrarse trabajando junto a figuras que hasta entonces había visto desde afuera.
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"Había muchos profesionales y gente que yo veía en televisión y admiraba. De repente estar trabajando al lado de ellos es muy fuerte", dice. Para ella, ese momento también obligó a poner en práctica todo lo aprendido: "En ese momento entran en juego los años de estudio, cómo te manejás en un set, la responsabilidad y el profesionalismo para cuidar el lugar que conseguiste".
Germán tiene 33 años y vive en Buenos Aires desde hace 13. Su formación comenzó en Tucumán y el primer lenguaje que atravesó su carrera fue el folclore.
"Ante todo, siendo tucumano, si vas a bailar se inicia con el folclore", explica. Después se volcó al ballet, obtuvo una beca en la Fundación Julio Bocca y estudió durante dos años allí. Más tarde completó la Licenciatura en Artes con orientación en Danza en la Universidad Nacional de San Martín.
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Su trayectoria lo llevó a bailar en el Teatro Colón y en diferentes compañías. Con el tiempo, los vínculos profesionales comenzaron a abrir nuevas posibilidades y así llegó el llamado de Van de Couter.
El director no solo lo convocó como bailarín. También le pidió ayuda para encontrar otros artistas para algunas escenas. Haro contactó a alrededor de 12 personas, que luego pasaron por los respectivos castings. "Yo sabía que estaba convocado para bailar. Lo que no tenía idea era que iba a hablar, porque una cosa es ser bailarín y otra es entrar en el mundo actoral", reconoce con asombro.
Su aparición está en el primer episodio, cerca del minuto 20, durante una escena que recrea el ingreso de Moria al mundo de la revista. "Estoy bailando con un catsuit rosa furioso", cuenta y se ríe. Después vuelve a aparecer durante un ensayo, cuando la protagonista pregunta por una malla y su personaje se la presta.
Haro define esa intervención como "un bocadillo, una participación chiquita", aunque la experiencia fue mucho más extensa que los segundos que finalmente quedaron en pantalla. Para la secuencia de baile se preparó una coreografía de aproximadamente tres minutos, pero en el montaje final solo aparecen unos pocos segundos.
Tuvo tres jornadas de rodaje y cuatro ensayos. La dinámica resultó muy diferente a la que conoce del teatro. "Soy más del teatro, de ensayar un mes entero y después hacer funciones diarias. Acá, en cambio, ensayás dos o tres días y se graba", explica el artista.
También tuvo que acostumbrarse a los extensos tiempos entre toma y toma mientras el equipo modificaba cámaras, luces y lentes. "Le llaman 'el arte de la espera', porque esperás mucho tiempo para grabar muy poquito", resume.
Entre los recuerdos del rodaje destaca especialmente el trabajo con Sofía Gala. "Fue un honor trabajar con Sofía. Es una persona muy amable y súper sencilla", afirma. También elogia a Van de Couter: "La dirección de Javier es impecable, tanto desde lo artístico como desde lo personal".
Paula y Germán no se conocieron en el set. Su historia compartida empezó muchos años antes, en Tucumán, cuando coincidieron en una escuela de teatro musical.
El bailarín se instaló primero en Buenos Aires y, cuando la actriz también se mudó, volvieron a encontrarse. Durante dos meses incluso compartieron vivienda. Años después, sus caminos volvieron a cruzarse dentro de "Moria".
La participación en la serie llegó después de recorridos que ninguno describe como sencillos. Pastrana recuerda que durante años tuvo tres o cuatro trabajos por día para mantenerse. "También tuve suerte, pero la perseverancia es fundamental en esta profesión", sostiene.
Después del estreno, la repercusión empezó a devolverles otra dimensión de ese recorrido. Haro recibió mensajes de profesores de la primaria y la secundaria y de personas que hacía tiempo no veía. "Me escribieron diciendo: 'Grité cuando te vi'. Son cosas muy lindas y que se agradecen muchísimo", cuenta comntento.
A Pastrana le ocurre algo similar con amigos de Tucumán, antiguos compañeros de la facultad y del colegio. Al principio, admite, no siempre alcanza a dimensionarlo. "Después me pongo a pensar y digo asombrada: '¡Qué loco, esto es algo que siempre busqué!'".
Para los dos, el alcance internacional de "Moria" convirtió unas escenas de una producción audiovisual en algo más personal: la posibilidad de mirar hacia atrás y reconocer cuánto camino hubo antes de llegar a esa pantalla.
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