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Dos ciudades, dos formas de pensar lo popular, qué cambia de verdad en un barrio cuando llega una obra

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Por Marcelo Alejandro Cabero4 min
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Dos ciudades, dos formas de pensar lo popular, qué cambia de verdad en un barrio cuando llega una obra
Dos ciudades, dos formas de pensar lo popular, qué cambia de verdad en un barrio cuando llega una obra

Hay una foto que circula bastante de la Biblioteca España, la de Santo Domingo Savio en Medellín, esas tres moles negras que de noche se iluminan como piedras. Ganó premios de arquitectura en Lisboa, la visitaron los reyes de España en 2007. Y la pregunta que a mí me interesa no es tanto qué tan lindo quedó el edificio sino qué pasaba antes en ese lugar. Santo Domingo Savio era, para el resto de Medellín, sinónimo de barrio violento, de territorio que se evitaba nombrar salvo para hablar de sicariato. Cuando Fajardo llegó a la intendencia en 2004 y encontró una ciudad con 294 barrios de los cuales apenas diez tenían biblioteca. Ahí arrancó el plan, construyeron cinco parques biblioteca al principio, hoy son once. Los pusieron justo en las zonas que la ciudad formal daba por perdidas.

Ellos lo llamaron urbanismo social, aquí los llaman núcleos de inclusión y desarrollo de oportunidades

En Jujuy no tenemos esa épica ni ese presupuesto, pero el gesto de fondo se parece más de lo que uno pensaría a primera vista. Los NIDOS —Núcleo de Inclusión y Desarrollo de Oportunidades— aparecieron acá ligados a obras de infraestructura a fines de la década pasada. En Cuyaya, por ejemplo, el NIDO llegó junto con la red de agua potable, cloacas y alumbrado del barrio. No vino solo. Vino atado de servicios públicos, como si alguien hubiera entendido, que un barrio también se ordena y necesita estructura sanitaria.

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El caso que más conozco es el de Alto Comedero. Ese barrio nació de una toma de tierras en 1.986 y hoy junta a un tercio de la población de la capital, unas setenta mil personas viviendo en lo que en su momento decían que era zona no apta para habitar. Ahí funciona desde 2018 el NIDO Parque General Belgrano: talleres de oficios, apoyo escolar, colonias para los niños en invierno y en verano, actividades para adultos mayores, propuestas de inclusión para personas con discapacidad y un amplio parque de juegos para que puedan disfrutarlo las familias del barrio. Hoy son cuatro los NIDOS que funcionan en la ciudad: este, el Ara San Juan de las 150 Hectáreas —también en Alto Comedero—, el de barrio Cuyaya y el de Campo Verde.

No quiero quedarme en la comparación bonita. Medellín convirtió sus parques biblioteca en marca de ciudad. Fue, además de política social, una estrategia clarísima de márketing urbano para una ciudad que necesitaba desesperadamente cambiar de imagen ante el mundo después de años de estar asociada a Pablo Escobar y al narcotráfico. Eso no quiere decir que se terminaron las desigualdades, pero generó mucha inclusión y avances en los servicios públicos y urbanización en los barrios donde se construyeron los parques bibliotecas.

Los NIDOS de Jujuy no tienen esa ambición de vidriera internacional, son de gestión municipal, más chicos, dependientes de la secretaría de Desarrollo Humano de turno, sin arquitecto de renombre ni premios internacionales de arquitectura. Y quizás por eso mismo valga la pena preguntarse lo mismo que habría que preguntarle a Medellín: ¿qué pasa con un espacio como este cuando no viene acompañado de una ley de hábitat digno que lo sostenga más allá de qué intendente esté gobernando? Alto Comedero tiene su NIDO hace siete años. Sigue esperando, como la mayoría de los barrios populares de la provincia, que la legislatura le dé un marco legal serio al derecho a la vivienda.

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Porque un NIDO sin agua potable atrás, sin cloacas, sin regularización dominial, es un edificio lindo en medio de un barrio que sigue esperando lo básico. La Ley de Hábitat Digno que impulsamos desde el Foro no viene a competir con los NIDOS ni a reemplazarlos: viene a garantizar que los servicios que hoy llegan como excepción —como pasó en Cuyaya, atados a una obra puntual— lleguen como derecho a todos los barrios, este de acuerdo o no con ellos la gestión de turno. Que cada barrio popular de Jujuy tenga un NIDO como el de Alto Comedero, y además tenga la calle pavimentada, la cloaca conectada, el título de propiedad en regla.

Un edificio bien pensado en el medio de un populoso barrio puede ser una conquista social para los vecinos. Pero también puede ser, si no hay política de fondo detrás, solo una foto linda que tapa todo lo que falta.

Números a tener en cuenta:

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Medellín cuenta con 3,8% de librerías cada 100.000 habitantes.

San Salvador de Jujuy cuenta con 4,7% de librerías cada 100.00 habitantes.

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