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Dejó el periodismo, se recibió de sommelier y ahora defiende el carácter del vino tucumano

La Ruta del Vino de Altura conecta paisajes, historia y sabores. Ana Nores explica por qué se debe valorar el terroir de los Valles.

Por Edu Ruiz11 min
Dejó el periodismo, se recibió de sommelier y ahora defiende el carácter del vino tucumano
Dejó el periodismo, se recibió de sommelier y ahora defiende el carácter del vino tucumano

Resumen para apurados

Aunque parezca casi insólito, todavía quedan tucumanos que no saben que en la provincia se produce vino. Cambiar eso es, en parte, la misión de Ana Cristina Nores, quien hizo una pausa a su carrera como periodista para ponerse al frente de la Ruta del Vino de Altura y terminó enamorándose del mundo que había venido a promocionar. Ese desafío profesional se convirtió en una decisión de vida: se formó como sommelier para entender desde adentro el trabajo de quienes llevan generaciones cultivando la vid en el Valle Calchaquí, convencida de que no era posible pensar en turismo sin conocer primero qué pasa en los viñedos y en las bodegas a lo largo de todo el año.

La técnica en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) construyó un puente entre la producción vitivinícola y el visitante que llega buscando algo que no va a encontrar en cuyo: vinos intensos, con carácter y estructura, forjados por el contraste extremo entre el calor del día y el frío de la noche a más de 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Una identidad que, según ella, refleja algo propio de los tucumanos y que vale la pena defender frente a la uniformidad que avanza en el mercado.

-Tuviste que formarte para encarar este desafío. ¿Qué impresión tenías antes del mundo del vino y qué cambió desde que te recibiste de sommelier?

Tomar a cargo el desarrollo de la Ruta del Vino de Altura fue un desafío y me sentí muy agradecida cuando el equipo que encabezan el contador Domingo Amaya e Inés Frías Silva confió en mí para realizar esta tarea, a la que consideré siempre una gran responsabilidad. Desde un primer momento busqué sumar conocimiento del mundo del vino porque, si bien contaba con herramientas de Comunicación y Turismo, el Enoturismo precisa también conocer acerca de la producción. Este compromiso fue una forma también de decirles a los productores, desde el Ente de Turismo, que  queríamos ponernos a trabajar a la par en este producto que posee muchas especificidades. En la Ruta hay bodegas con largas tradiciones comunitarias y familiares que sentía que debía honrar conociendo desde adentro la tarea que realizan durante todo el año, desde hace mucho tiempo, para recién desde ahí proponer objetivos alcanzables vinculados al Enoturismo. No es posible pensar en un desarrollo turístico de la Ruta sin conocer qué está pasando en los viñedos, en las bodegas y en toda la cadena de comercialización durante el año.

-¿En qué momento dirías que la Ruta del Vino de Tucumán hizo el "clic" para dejar de ser un proyecto y volverse un atractivo turístico de peso propio?

Hay una decisión política de potenciar al Valle Calchaquí, así como también de incentivar las actividades productivas de la Provincia para generar empleo y arraigo. En la Ruta del Vino de Altura las bodegas abren las puertas para recibir a los visitantes pero, para que eso suceda, primero hay que trabajar en la infraestructura y fortalecer los servicios. En cuanto a lo primero, la reconstrucción de la Ruta 307 desde Tafí del Valle hasta Colalao del Valle fue clave para que hoy podamos conectar atractivos. Incluso, la misma ruta es un atractivo en sí mismo ya que ofrece uno de los paisajes más hermosos de la Provincia. Lo que queremos es que el vino se vincule también con los quesos -pronto se lanzará el programa Queso&Vino Sabores con Altura, a propósito de la Identificación Geográfica que logró el Queso Tafí-; con el Turismo Arqueológico -con la Ciudad Sagrada de los Quilmes-; con el Turismo Astronómico, en el Observatorio Astronómico de Ampimpa y en las bodegas; con el Turismo Rural Comunitario, en Talapazo, El Pichao y Tiu Punco; y con eventos puntuales como la Vendimia, el Inti Raymi, las ceremonias en honor de la Pachamama, entre otras festividades vinculadas al legado precolombino.

-El enoturismo cambió mucho post pandemia. ¿Qué exige hoy el visitante que llega a las bodegas tucumanas que antes no pedía?

En términos generales, los turistas valoran las experiencias. Y cuánto más genuinas sean, mejor aún. He visto a mucha gente emocionarse profundamente en las ceremonias en honor de la Pachamama. O agradecer de manera muy cálida a los propietarios de las bodegas haberlos atendido para descorchar sus vinos, revelar sus secretos y rememorar anécdotas. La Ruta del Vino de Tucumán ofrece eso: conectar con la naturaleza; volver a las raíces de la producción vitivinícola; charlar en largas sobremesas con quienes están todo el año al lado de la planta; vivir en otro tiempo. Siempre recalcamos: es fundamental llamar antes de ir porque el anfitrión siempre es el dueño. No tenemos grandes establecimientos, pero sí una gran variedad, todos con diferentes historias para descubrir.

-¿Cuál es el principal cuello de botella que frena el desarrollo de la Ruta hoy?

La industria del vino no se encuentra actualmente en un buen momento y eso dificulta que se realicen las inversiones necesarias. Hay una fuerte caída del consumo del vino a causa de diferentes motivos, entre ellos, el cambio en las tendencias de consumo. Sin embargo, tratamos de ver la crisis como una oportunidad: frente a un mercado inundado de vino mendocino, nosotros hacemos hincapié en el diferencial del vino del Norte y, más aún, en el vino tucumano. El año pasado presentamos la Ruta del Vino de Altura en la Exposición Rural de Buenos Aires y fue un éxito total. A los tres días nos quedamos sin stock y tuvimos que reponer. Mucha gente nos decía "sabíamos que Tucumán tiene azúcar, limón, arándanos, frutilla, palta ...pero vino, no". E inmediatamente se llevaban alguna botella para probar. En Tucumán nos pasa lo mismo: muchos tucumanos no saben que aquí se producen vinos y eso nos obliga a realizar una fuerte tarea de promoción y hasta de educación. Muchas veces nosotros mismos no sabemos lo que tenemos y, por ese motivo, tampoco lo valoramos. Por lo pronto, nuestro esfuerzo está puesto en poner al vino tucumano en todas las vidrieras que tenemos a disposición. De hecho el 26 de junio estaremos presentes en Salta en el evento Calchaquí Wine Tasting. Será la primera vez que tendremos la posibilidad de promocionar nuestros vinos en Salta.

-¿Cuál es el objetivo número uno, innegociable, que se trazaron desde la Ruta del Vino para el futuro?

El objetivo es seguir potenciando la articulación público-privado para que cada vez más visitantes lleguen a la Ruta y, a través del Vino, a todo el Valle Calchaquí. Tucumán cuenta con un tramo de la Ruta 40 y, al mismo tiempo, está conectada con Salta y Catamarca, Provincia con la que firmamos un convenio para el desarrollo y promoción del "Corredor del Valle Místico", que une al Valle Calchaquí con el Valle de Yokavil. Frente a un panorama complejo, es  fundamental la cooperación y el asociativismo.

-¿El tucumano considera a la provincia como una zona productora de alta gama o todavía cuesta romper prejuicios?

Todavía cuesta mucho romper prejuicios. Mendoza lleva años posicionando a su vino en todo el país y en el mundo. El Malbec mendocino es un sello y un titán frente a los vinos y a los varietales de otras regiones del país. El público reconoce marcas y etiquetas rápidamente, y va a lo seguro. Además, producto de la caída de las ventas, las grandes bodegas tienen precios bajos y estrategias comerciales muy agresivas, con las cuales es muy difícil competir por una cuestión de volúmenes. Sin embargo, hay un público que busca lo nuevo, que disfruta de los vinos boutique, de esos que no se consiguen en los supermercados y tienen botellas numeradas. También saben valorar las historias detrás de cada vino y cómo se las narra. Comunicar los vinos hoy se ha vuelto fundamental para dar a conocer cómo funciona la industria y romper esas barreras.

-¿Cómo definirías el ADN del vino tucumano frente a la enorme sombra que a veces proyectan los gigantes vecinos como Salta?

Siempre digo que los vinos tucumanos son un fiel reflejo nuestro, de nuestra idiosincrasia, de nuestra historia. Vinos con mucho carácter, estructura y sabor. Nunca asociaría a un tucumano con un pinot noir, por ejemplo. El vino de nuestro Valle es intenso, producto de las condiciones en las que se desarrolla la vid: mucho sol durante el día, mucho frío durante la noche. Según la zona del Valle donde crezca el viñedo, también habrá diferencias. Es un vino que se desarrolla en el tiempo, para largas sobremesas. Y que siempre necesita servirse fresco y oxigenado previamente. Con el tiempo evoluciona y sorprende, pero hay que saberlo tratar y esperar. El año pasado en la Ronda de Saberes que reunió a especialistas del vino se habló mucho sobre "lo que el mercado pide" o lo que "Buenos Aires y el centro del país piden" que, en general, son vinos más ligeros. Fue unánime la voluntad de los tucumanos de defender las características de nuestro vino frente a la uniformidad que se empieza a advertir.

-Tuviste la oportunidad de estar en Brasil promocionando nuestros vinos, ¿con qué bandera se lo vende? ¿Es "vino argentino de altura" o ya pesa el nombre "Tucumán"?

El año pasado Tucumán estuvo presente en el stand de Visit Argentina en la Feria de Gramado, en el Sur de Brasil, y la recepción de la Ruta del Vino de Altura fue excepcional. Es una experiencia que atesoro especialmente porque nos recibieron con muchísimo cariño y el intercambio con cientos de personas que probaron los vinos que llevamos fue muy fructífero. En esta etapa es fundamental presentar el vino de altura como una alternativa al vino cuyano, ubicar al potencial visitante en otra región del mapa y, a partir de ahí, hacer hincapié en la Provincia. Sin embargo, nos sorprendió enormemente la cantidad de gente que ya había escuchado hablar de Tucumán -por ejemplo a partir de Mercedes Sosa- o incluso había visitado la Provincia por su relevancia histórica, cultural, educativa, industrial y económica en el Norte.

-Históricamente hablamos del Torrontés de altura. ¿Por qué se habla poco de nuestro Tannat?

El trabajo de posicionamiento exige establecer prioridades. Si bien el Tannat del Norte daría mucho para hablar, necesitamos en esta instancia enfocarnos en el Malbec de Altura, en el Torrontés como cepa emblema de nuestra región -tanto en su variedad seca, dulce natural o tardía- para que nos puedan identificar rápidamente. Asociaciones directas como "Torrontés y empanada", por ejemplo, nos ayudan. Incluso se está hablando mucho de la Criolla Chica, una variedad más liviana y ligera, ideal para picadas, en la que está trabajando mucho la Bodega Comunitaria Los Amaichas con asesoramiento de la Universidad Nacional de Tucumán, a través de especialistas de la Facultad de Agronomía y Zootecnia en dónde se dictará este año la Diplomatura en Enología y Viticultura con apoyo del Ente de Turismo. Sin dudas, los premios que obtuvieron las bodegas tucumanas en el último tiempo, están ayudando a lograr ese posicionamiento y a abrir el juego a otros varietales, entre ellos el Tannat.

-La provincia tiene una mezcla interesante de bodegas ya establecidas y proyectos artesanales muy pequeños. ¿Cómo se hace para que convivan y se potencien mutuamente?

Así es. La oferta enoturística de Tucumán es muy diversa. Conviven establecimientos familiares con organizaciones comunitarias; inversiones extranjeras con comunidades indígenas; diferentes generaciones de productores, en dónde se mezclan abuelos, padres e hijos. A partir de la Fiesta de la Vendimia de este año, por ejemplo, muchos pequeños productores expresaron su voluntad de sumarse a la Ruta del Vino. Para eso debemos hacer un trabajo en territorio para evaluar cuáles son los servicios que podrían prestar. No todos pueden prestar todos los servicios, por eso apelamos e insistimos en la necesidad de generar redes y fomentar el asociativismo, de manera que se puedan complementar los diferentes servicios, desde los más sencillos -como las catas y las degustaciones- a los más complejos -como alojamiento, visitas guiadas o actividades especiales.

- Cada vez hay más mujeres liderando fincas, áreas de enología y hospitalidad. ¿Qué rol tienen hoy en el ecosistema vitivinícola de Tucumán?

Es increíble la cantidad de mujeres en el mundo del vino. Realmente vale la pena destacar el gran trabajo que realizan y en condiciones que muchas veces son adversas. Aún así, en la mayoría de las bodegas, ellas son la columna vertebral que organizan la mayoría de las tareas, tanto las vinculadas a la producción, la comercialización y el turismo. También son las que, en la mayoría de los casos, mantienen vivo el legado de la comunidad o de la familia. Desde que me involucré en este nuevo rol, sentí un acompañamiento muy importante y una guía fundamental. Soy una agradecida por todo lo que aprendí -muchas de ellas también hacen docencia- y por lo que me enseñaron en este tiempo compartido.

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