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Cómo ayudar a la Selección desde WhatsApp

Cartas al pie es un intercambio epistolar entre Federico van Mameren y Guillermo Monti. Dos periodistas que llevan años discutiendo de fútbol, periodismo y de todo aquello que aparece cuando rueda una…

Por Federico Diego van Mameren4 min
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Cómo ayudar a la Selección desde WhatsApp

Resumen para apurados

Cartas al pie es un intercambio epistolar entre Federico van Mameren y Guillermo Monti. Dos periodistas que llevan años discutiendo de fútbol, periodismo y de todo aquello que aparece cuando rueda una pelota. Durante este Mundial decidieron hacerlo por carta. Nosotros solo abrimos el sobre.

Querido Guillo:

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¡Qué lindo es el fútbol! Tiene todo. Es capaz de crear emociones que ni el diccionario sabe que existen. Y, te hace sentir poderoso. Si me permitís y me prometés que no le vas a decir a nadie, te voy a contar un secreto. Ganamos gracias a mi. Bueno, pará también a Bruno. Pero, por favor, Guillo no se lo cuentes a nadie. Es "off the record". La satisfacción es nuestra y lo importante es vivirla. Sentirla por dentro. No hace falta andar presumiendo.

Te cuento: Ya estaba resignado. Le veía la carita a Scaloni y estaba seguro que no había solución. Veía sus cambios y les encontraba lógica, pero sabía que no servirían para nada. La cara del DT lo decía todo. ¿Dónde estaba la tranquilidad, que nos calma a todos? No estaba. A Messi lo veía escupiendo más de la cuenta. ¿Te diste cuenta que cuando peor está, más escupe? Sólo Paredes me transmitía buena vibra. Pero solo no podía hacer nada. Ya estaba desesperado. ¿Cómo íbamos a contar todo esto en LA GACETA? ¿Cómo le levantamos el ánimo a todos para seguir trabajando? Las ilusiones estaban todas desparramadas en el piso. Algo había que hacer.

Y, me acordé. ¡Cómo no me di cuenta antes! Es que en el apuro llegué hasta tarde a estar frente al televisor, el tránsito estaba más loco que nunca y los volantes, más aún. Me acordé que en todos los partidos anteriores lo había llamado a Bruno. Habíamos conversado de la sala de prensa. De cómo era el estadio. Y, cómo él además sabe de fútbol no es como yo que pienso con las vísceras, también intercambiábamos impresiones. Entonces, hice el último intento. Faltaban sólo 10 minutos y había que hacer todo lo posible. Había que ayudarlos a los chicos que ya nos habían regalado tanto en los últimos años. No me quedaba otra salida. Así que agarré el celular y le mandé un mensaje a Bruno, como si fuera el principio del partido.

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"Decime algo", le escribí. Y no me contestó. Malos augurios, estábamos en el horno. MIraba más el chat de whatsapp con Bruno que el partido. Fueron dos minutos que parecieron una década. Y, de pronto, dos minutos después, entró la respuesta. No me dio aliciente, pero se había producido el diálogo mágico: "Chau", me dijo. "Pero bueno…", agregó. Me explicó que ellos "siempre llegan primero a las pelotas". "Tiene que meter ya un gol para intentar meterse en partido", me indicó. E, inmediatamente, me puso: "Bueno, estamos en partido". Se hizo la magia. Lo habíamos logrado. A partir de ahí no paramos de chatear hasta que el árbitro dio por finalizado el partido. No se lo dije ni a Bruno, te ruego que no se lo cuentes, pero él en el fondo de su corazón debe saber que ayudamos a ganar el partido.

Qué linda son las cábalas. Cuánta fuerza escondida detrás de ellas. Pienso en Borges. Me encantaría tener sabiduría para tirarte frases o conceptos de nuestro gran Jorge Luis, pero no me van a salir, pero no quiero dejar de recordarlo porque fue él quien me enseñó que las cábalas eran algo más que ponerme la misma ropa para ir a rendir examen o repetir escenas en las que nos fue bien. Te acordás, en la Selección Nacional campeona del mundo del 78, Menotti y sus muchachos iban al estadio sentados en el mismo lugar.

Te imaginás si chateábamos antes con Bruno, Messi no erraba el penal. Capaz que esta carta es parte de ese mundo ordenado que queremos que nos ayude a ganar.

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Me quedé pensando en tu carta. No sabía de esa pelea que me contás de Víctor Hugo con el Menotti. Me reí mucho con la aparición de tu amigo que se acordó de las cartas que se escribían  grandes próceres. Ojalá nuestros escritos tuvieran esa potencia. A veces pienso que sólo sirven para que un puñado de lectores hagan catarsis y disfruten criticándonos.

En tu carta también me decías de lo lindo que debe ser tener un equipo en el que juegue Haaland. Impresionante el tipo. Un tanque.

Guillo yo sé de tu enojo con el mundial de los negocios y no quiero imaginarme lo que sentiste cuando apareció Trump e hizo cambiar las decisiones de la Fifa. Escuché de todo contra Trump. Pero seamos sinceros: la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer. Me hubiera encantado que Pochettino no lo hubiera puesto en el equipo porque estaba expulsado. Ya sé, no me digás. Soy un iluso por no decir otra cosa.

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Guillo, te dejo, estoy muy tapado de trabajo y ya tengo que estar para el programa de esta noche.

Te mando un fuerte abrazo

Federico.

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El cartero ya salió. La respuesta de Guillermo llegará el viernes.

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