Cita del día, de Emily Dickinson: "Que nunca vuelva es lo que hace que la vida sea tan dulce"
Estas palabras de la poeta estadounidense invitan a reflexionar sobre el presente y la fugacidad de la existencia.

Según la numeración que Dickinson le ponía a sus poemas, el que contiene la frase es el 1741 y dice así:
Que nunca volverá a ocurrir es lo que hace la vida tan dulce. Creer aquello en lo que no creemos no produce entusiasmo. Que, si existe algo después, sea a lo sumo una condición transitoria, eso despierta un deseo exactamente opuesto.
La frase suele interpretarse como una reflexión sobre el carácter irrepetible de los momentos. Desde esta perspectiva, el valor de una experiencia no radica en su permanencia sino en el hecho de que ocurre una sola vez.
La idea aparece de manera recurrente en la literatura, la filosofía y la psicología. La conciencia de que ciertos instantes son pasajeros puede intensificar la forma en que las personas los viven y recuerdan.
En el caso de Dickinson, el paso del tiempo fue uno de los temas centrales de su producción poética. Muchos de sus textos exploran cómo la memoria conserva experiencias que ya no pueden recuperarse de forma exacta.
La frase también puede leerse desde distintos ángulos:
De acuerdo con la Poetry Foundation - Emily Dickinson, gran parte de la obra de la poeta gira en torno a cuestiones existenciales y a la observación detallada de experiencias cotidianas que adquieren significados más amplios.
Esa combinación entre simplicidad aparente y profundidad conceptual explica por qué muchas de sus frases continúan circulando en libros, artículos y espacios académicos. Su capacidad para expresar ideas complejas con pocas palabras convirtió a Dickinson en una de las voces más influyentes de la literatura estadounidense y en una autora que sigue siendo leída y estudiada en todo el mundo.
Emily Dickinson (1830-1886) nació en Amherst, Massachusetts, y recibió una buena educación en la Academia de Amherst. Estudió literatura, historia, religión, geografía, matemáticas, biología, griego y latín. Además, daba clases de piano, tenía canto los domingos y aprendió floricultura, horticultura y jardinería. Plasmaría gran parte de este enorme conocimiento en sus poemas.
Luego de intentar y abandonar la vida religiosa, regresó a Amherst. Durante años mantuvo una enorme correspondencia con su amiga Susan Gilbert, quien habría sido su amante. A ella, Dickinson le escribió unos 300 poemas de amor, como Una hermana tengo en nuestra casa y Poseer una Susan mía / es de por sí una dicha.
Solo unas cuantas personas tenían acceso a los poemas de Emily, además de Susan. Por eso, solo llegó a publicar seis. Los cuatro primeros aparecieron en un periódico que dirigía su amigo Samuel Bowles. El quinto, titulado The Snake apareció en The Springfield Republican, en contra de la voluntad de la autora.
El último forma parte de la antología Una mascarada de poetas, publicada en 1878, sin la firma de Dickinson.
Desde los 50 años, Dickinson dejó de frecuentar a sus amigos, empezó a vestirse únicamente de blanco, y, un día, se encerró en su casa, donde reunía sus poemas en cuadernos hechos a mano. En 1884, la muerte de su sobrino la dejó devastada. Dos años más tarde, escribió su última carta en la que decía "me llaman".
Tras su muerte, ocurrida en 1886, familiares y especialistas descubrieron cientos de textos inéditos que ampliaron de forma notable el alcance de su obra.
Según la información de la Emily Dickinson Museum, la autora escribió cerca de 1.800 poemas, muchos de los cuales exploran la fugacidad de la existencia y la percepción del tiempo.
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