Alconada Mon y la vida secreta de los espías rusos
El periodista presenta "Topos", una investigación sobre dos agentes del Kremlin que construyeron durante años una identidad argentina para poder moverse por el mundo.

Vivieron más de una década en Argentina, construyeron una familia, tuvieron hijos argentinos, votaron y hasta compraron un Volkswagen Gol. Para algunos eran una pareja más. En realidad, eran espías rusos que habían construido una identidad falsa para moverse por el mundo. Hugo Alconada Mon reconstruyó esa historia en "Topos", un libro en el que, asegura, la realidad vuelve a superar a la ficción y se presentará mañana a las 20 en Libro de Oro (Cariola y Belgrano, Yerba Buena).
- ¿Qué te llevó a investigar la historia de estos dos espías rusos y qué fue lo que descubriste?
- Lo más lindo de esto, y el motivo que me llevó a ahondar primero para investigar y luego para escribir el libro, es que es uno de esos casos donde la realidad supera la ficción. Son esas historias en las que decís: "Gracias". Estamos hablando de dos espías rusos que vivieron entre nosotros, acá en la Argentina, entre 2009 y 2022. Se movieron con cuatro identidades distintas cada uno, es decir, con pasaportes, con todo. Y acá formaron una familia, tuvieron chicos que tienen documentos y pasaportes argentinos porque son argentinos nativos, pero sus propios hijos no sabían la verdadera historia.
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- Entonces, ¿había un plan orquestado con mucha antelación?
- Es que el cálculo que se hace es que cada uno de estos espías le cuesta al Kremlin un millón de dólares como piso. Para entenderlo, supongamos que vos sos israelí y querés ir a Irán. No podés entrar. Y viceversa: si sos iraní, no podés entrar a Israel. Entonces lo que tenés que hacer es irte a un tercer país donde armás la fachada, la leyenda. Eso es lo que ellos intentaron hacer. Venir a la Argentina, convertirse en argentinos. Llegaron a votar aquí como argentinos para después, ya como argentinos y con pasaporte argentino, ir a Europa y empezar a moverse por debajo de los radares.
- ¿Cuando estuvieron en Argentina espiaron al país o simplemente construyeron la fachada?
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- Hicieron las dos cosas. Construyeron la leyenda y, mientras la construían, también se pusieron a espiar. Eran un hombre y una mujer que acá simularon que se conocieron en la Argentina, que se enamoraron, se casaron y formaron una familia. Pero mientras hacían eso, se pusieron a espiar. En el caso de ella, obtuvo información sobre Vaca Muerta, a través de las mamás del colegio. Imaginate el chat de "mamis". Cuando esto salió a la luz, voló todo en pedazos.
- ¿Por qué Argentina es un lugar atractivo para construir una identidad falsa de este tipo?
- Hay varios factores que son valiosos. Primero, el pasaporte te permite entrar a más de 180 países alrededor del mundo. El otro factor es que, para construir una fachada, también te permite vivir en un país que está entre los 20 o 25 países de mayor poder adquisitivo del mundo. Además, te permite moverte en el espacio de Sudamérica, que está por lejos de los radares más inquietantes de los servicios de inteligencia.
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- Lo más inquietante de la historia es que podían convivir con cualquiera sin levantar sospechas. ¿Cómo lograban pasar tan desapercibidos?
- Ahí está lo clave. Porque me pasa que yo voy ahora a Yerba Buena y puede haber gente que me diga: "Alconada, ¿vos sabés que en mi edificio hay rusos?". Y yo les digo: "Mirá, si sabés que son rusos, estos no son".
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